El color de los sueños
El vallisoletano Guillermo García Nieto se adentra en el mundo onírico
Guillermo García Nieto junto a dos de sus cuadros.-RAÚL OCHOA
El pincel del vallisoletano Guillermo García Nieto vuela sin atenerse a razones. Brujulea por el mundo de los sueños en busca de sensaciones. El resultado de esta aventura por los recovecos de la ensoñación es un conjunto de óleos sobre tabla y lienzo que destilan un intenso cromatismo y espolean la imaginación del espectador. Una colección que viste las paredes de la sala de exposiciones del Teatro Principal de Burgos hasta el 29 de abril.
Los cuadros se asoman como pequeñas ventanas a realidades imposibles: bodegones que aúnan la alegría de las majorettes de circo, la candidez de los barcos de papel o los arpones de un barco ballenero; bustos y retratos de hombres y mujeres que cambian su rostro por formas de fantasía; paisajes de cuento sin carreteras por las que llegar.
«Es una pintura de marcada tendencia surrealista en muchos de los casos, enmarcada por el onirismo y la ensoñación. Y su gran cromatismo hace de ella una obra muy vitalista», resume el autor, que recoge en esta muestra el trabajo de los últimos cuatro años, realizado por puro placer, sin pretensión ninguna de exhibirlo, una decisión que cambió animado por su entorno.
Completamente autodidacta, reconoce su admiración hacia Joaquín Sorolla y Salvador Dalí. Nunca ha pasado por una academia, es más, huye de ellas, aunque reconozca que una buena base es fundamental. «Pero a mí me gusta mucho más lo que sale espontáneamente, que no lo dirigido», se justifica.
Ese estallido de color se rompe con un puñado de grabados, aguafuertes en blanco y negro. Unos ahondan en ese universo onírico y otros se rinden a la Catedral de Burgos, abordada desde distintos puntos de vista.
Reconoce que el dibujo le atrajo desde pequeño. Empezó copiando las historietas de los tebeos y siguió haciendo réplicas de los óleos que le gustaban. El dibujo de trazos surrealistas y la incorporación del color llegarían más tarde.