Diario de Valladolid

GONZALO DE CASTRO

«El dinero y el éxito terminan siendo un yugo»

Llega este sábado al teatro Carrión con ‘Idiota’, un thriller psicológico escrito por Jordi Casanovas que reflexiona sobre la condición humana

El actor Gonzalo de Castro.-EL MUNDO

El actor Gonzalo de Castro.-EL MUNDO

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Ana de la Fuente

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Gonzalo de Castro llega este sábado al teatro Carrión con Idiota, un inquietante thriller psicológico escrito por Jordi Casanovas y dirigido por Israel Elejalde. El actor interpreta a Carlos Varela, un hombre que pasa por dificultades económicas y que acepta someterse a las pruebas psicológicas de una importante fundación de investigación creyendo que va a ganar un dinero de manera fácil... Junto a él, la actriz Elisabet Gelabert, una psicóloga quien a través de preguntas y enigmas le obligará a dar lo mejor de sí mismo para evitar un trágico final. Una mezcla de comedia y drama «como la vida misma» que reflexiona sobre la condición humana. La cita mañana sábado a las 20,30 horas.

Pregunta.- La obra arranca con una proyección que hace referencia a una frase de Einstein: «El universo es infinito y la estupidez humana también. De lo primero no estoy seguro». ¿Comparte usted este pensamiento?

Respuesta.- Absolutamente. Lo dijo Einstein, pero también Shakespeare y muchos poetas hablan de la estupidez humana. La estulticia es gratuita. En el transcurso de esta función, gracias a un texto extraordinariamente escrito por Jordi Casanovas, el espectador se dará cuenta de que ese señor que está sobre el escenario puede ser uno de nosotros ya que comete los errores cotidianos y domésticos que podríamos cometer cualquiera con el objetivo de hacer de su vida algo mejor. Al final el público entiende que ‘idiota’ no es un insulto sino una reflexión en voz alta. Y es que hay veces que las decisiones que tomamos luego nos hacen padecer un calvario.

P.- ¿Cómo es Carlos Varela, su personaje?

R.- Carlos es un hombre de la calle -aunque también podría ser una mujer- atrapado por las deudas en una realidad que tiene mucho que ver con nuestro presente. Un hombre a la deriva intentando mantener la dignidad que cree que se ha ganado. Un tipo inquietante, hilarante, angustiado por las deudas y que un día se atreve a pedir un dinero para solucionar sus problemas. A partir de ese momento su vida comienza a correr una aventura muy particular que los espectadores tendrán que ver. Lo que comienza como una comedia divertida va tomando tintes dramáticos llegando a hacer que la sonrisa se congele. La gente va a ser testigo directo de un viaje alucinante hacia una pesadilla de un hombre que tiene la valentía de intentar realizar sus sueños a través de algo que no puedo desvelar. La obra reflexiona sobre cuáles son los límites de nuestra libertad y nos hace preguntarnos si realmente tenemos las riendas de nuestra vida, cuánto mandamos en ella, qué significa la obediencia, que significa el poder... Es una obra redonda, una maravilla, una reflexión profunda, una peripecia sobre la condición humana muy necesaria en la época en que vivimos.

P.- La psicóloga (Elisabet Gelabert) realiza una serie de pruebas para medir la capacidad de sufrimiento del ser humano. ¿Dónde están o dónde deberían estar los límites para sacrificar la dignidad?

R. Esa es la gran pregunta de la obra. La psicóloga es como ese poder no visto, esa mano negra de la vida que, a veces, nos mueve como si fuéramos marionetas. Y este hombre tras ser sometido a la humillación, a una presión insoportable, reacciona. Y esa es la función de esta función: saber hasta qué punto somos capaces de soportar y establecer dónde están los límites. Y es que no hay en este mundo una mejor tribuna que el teatro para conocernos. Obras y personajes como éstos que siempre aportan algo son los que me gusta interpretar. La risa además de ayudar a relajar el abdomen, también puede servir para hacer reflexionar.

P.- ¿Cree entonces que en la sociedad actual el dinero ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo y que todos tenemos un precio?

R.- Sí. Aunque a veces no lo pensemos o nos cueste reconocerlo. Tal y como nos hemos inventado este planeta, el dinero y el éxito son un yugo. El placebo de lo que está por venir, es un yugo. Yo puedo decir que no a ciertas cosas pero si te empiezan a poner fajos de pasta... ¡Me cago en la leche! ya te asalta la duda.

P.- «Riamos a carcajadas, sorprendámonos, angustiémonos, reflexionemos con El idiota». Son palabras del director de la obra, Israel Elejalde. Así, a priori, parece que Idiota es una montaña rusa de subidas y bajadas emocionales...

R. Y lo es. La promesa del título pervierte y trasviste lo que hay dentro ya que aunque podría parecer que es una obra de divertimento, hay una aventura extraordinaria que surfea y sortea todos los géneros: la comedia, la tragedia... Idiota es un teatro muy agarrado a la realidad y muy pegado a la vida. Y que todo el mundo debería ir a ver porque, afortundamente, el teatro es de las pocas cosas que todavía no se pueden bajar de internet.

P.- Cuando ve la situación de la cultura en España... ¿se le pone cara de idiota?

R.- Sí, aunque procuro que no se me note. Ahora el Gobierno nos quiere hacer creer que con la bajada del IVA todo está hecho. Pero sólo son parches, tiritas que van poniendo para tapar las heridas porque el momento sigue siendo difícil, muy difícil.

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