EXPOSICIÓN / 'LOS SUEÑOS CAPRICHOSOS DE PANTAGRUEL', HASTA EL 20 DE AGOSTO
El MPG ‘une’ la sátira de Dalí, Rabelais y Desprez
Reúne las litografías que hizo el genio a partir del relato y las ilustraciones de los dos autores del XVI
La Sala Cero del Museo Patio Herreriano, donde se exponen las litografías de Los sueños caprichosos de Pantagruel, del genio Salvador Dalí.-ICAL
Espíritus provocadores que dinamitaron las barreras del tiempo para encontrarse en el arte. La sátira de la pluma de François Rabelais (1494-1553), el trazo grotesco de la gubia de François Desprez (1530-¿?) y el genio irrefrenable de Salvador Dalí (1904-1989) fundidas en unas obras que desde ayer y hasta el próximo 20 de agosto se pueden ver en la Sala Cero del Museo Patio Herreriano, con la muestra Los sueños caprichosos de Pantagruel.
Rabelais, punto de partida y destino. Escritor, médico y humanista, el francés comenzó en 1532 a publicar la serie de cinco libros en torno a los gigantes Gargantúa y Pantagruel. Pronto sus historias, inspiradas en personajes ideados en el medievo, fueron condenadas por las autoridades, que las consideraron inmorales y obscenas. Con su fantástica imaginación compuso una brutal sátira sobre la época, mostrando, por ejemplo, la lujuria y la avaricia de personajes como el Papa Julio II o el monarca francés Enrique II, el Pantagruel de su relato.
En 1565, el librero Richard Breton lanzó la edición de Les songes drolatiques de Pantagruel, con 120 ilustraciones del grabador Desprez, un artista que alimentó su mirada en las obras del Bosco y Bruegel, entre otros. Ideó seres deformes y sifilíticos, dotó a sus personajes de exagerados atributos sexuales, y dibujó monstruosas criaturas que aludían a instituciones tan temibles como la Inquisición, a la que no le faltaban devotos dispuestos a mamar de ella.
«Era una obra satírica muy cercana a la de Dalí», reconoció ayer durante la inauguración de la muestra la comisaria Gloria Patón, que recordó al genio de Figueras como «un lector empedernido», buen «conocedor de las grandes obras de la literatura universal». Cervantes y Ovidio, entre otros, cautivaron también al maestro del surrealismo.
«Dalí recogió toda aquella potencia y provocación», resumió la responsable. En el «juego de iconografías que estableció», combinando su propio imaginario con los símbolos empleados de soslayo en el siglo XVI para levantar la crítica, «Dalí desplegó toda su locura y obsesión por el detalle, replicando y magnificando» la obra de Rabelais y Desprez, en palabras de Patón.
Reforzó el mensaje satírico de los autores franceses sumando su trazo a las estampas originales en 25 ocasiones. Dalí añadió cuerpos femeninos desnudos para ser pisados por los lujuriosos ‘prohombres’, cajones abiertos que simbolizaban los secretos revelados, culos que expulsaban a las criaturas de Rabelais y Desprez en grandes ventosidades o nubes cargadas de vómitos que surgían de la trompeta de un charlatán.