Castilla y León tiene la cuarta tasa más alta de condenas de menores por maltrato
Las sentencias contra adolescentes por violencia de género se triplican con nueve casos en el primer semestre / Registra el 6% del total de penas impuestas en España / Todos los condenados eran españoles

-
La violencia física, verbal o psicológica no es exclusiva de las parejas adultas. Son adolescentes, ni siquiera han cumplido los 18 años, no pueden votar, tienen prohibido comprar alcohol, conducir un coche... pero sobre ellos ya recae una sentencia por maltrato a su pareja o ex pareja.
Son pocos en número, pero los datos que maneja el Consejo General del Poder Judicial alertan de un repunte del número de sentencias dictadas contra menores por este tipo de violencia en la Comunidad. La realidad vivida en Castilla y León es reflejo de lo que ocurre en el país, pero más acentuada incluso.
En lo que va de año, un total de nueve menores entre 14 y 17 años han sido condenados en Castilla y León por ejercer maltrato contra su novia o ex novia. Son seis más que en el primer semestre de 2018 y representa la cifra más elevada registrada, al menos, desde 2011. En porcentaje, supone que las sentencias condenatorias se habrían triplicado en un año.
De enero a junio de este año se ha superado incluso la cifra de las registradas en los años completos anteriores, salvo en 2017 cuando los jueces condenaron a doce menores por este motivo. Ese incremento en las sentencias contra menores contrasta con la rebaja en el número de condenas por violencia de género registradas en el caso de mayores de edad. Según la información del CGPJ, suben un 200% las sentencias a menores, mientras caen un 14% las condenas a mayores en relación al primer semestre de 2018.
Castilla y León experimentó en el primer semestre uno de los mayores incrementos del conjunto de España de sentencias condenatorias a menores nacidos entre 2002 y 2005 por maltrato a sus parejas, hasta el punto de que el 6% de las 152 sentencias condenatorias contra menores que se dictaron en España tenían a un castellano y leonés como protagonista. Solo Andalucía, Canarias, Cataluña y la Comunidad Valenciana concentraron un mayor volumen de penas.
Si ponemos en relación esas nueve condenas de la Comunidad con los 41.991 adolescentes masculinos que viven en Castilla y León se observa una tasa de incidencia de 2,1 por cada 10.000 chavales entre los 14 y los 17 años. La Comunidad, con este análisis, se auparía hasta la cuarta posición con una mayor tasa, por detrás de la alcanzada por Canarias, Cantabria o Islas Baleares; muy por encima de la tasa de 1,6 que representa la media del país.
Otro dato que aporta el análisis de la estadística judicial es que casi el 3% de las personas enjuiciadas por violencia de género en el primer semestre del año en la Comunidad tenía un DNI en el que su fecha de nacimiento era posterior a 2002.
No solo se produjeron más condenas, sino que se dictaron contra adolescentes de menor edad. La estadística del Consejo General del Poder Judicial incide en que cuatro de esos adolescentes tenía solo entre 14 y 15 años, frente a dos que ya habían cumplido los 16. En todos los casos, los condenados por violencia machista tenían nacionalidad española.
Destacaron Burgos y Salamanca, al contabilizar tres sentencias. Dos se produjeron en Valladolid por una en Zamora.
La jueza decana y juez de menores de Burgos, Blanca Subiñas.Subiñas, achaca este aumento en los casos de violencia entre menores a tres factores fundamentalmente. Por un lado a que que se «registran mejor». «Hasta principios de esta década, se era reticente a aplicar los tipos penales de la violencia de género en el caso de menores porque se negaba la existencia de una relación de afectividad análoga a la matrimonial, pero eso se ha relajado», subraya.
Por otro, a que el concepto de violencia de género a nivel internacional se está «ampliando» y también a que cada vez «se presentan más denuncias». Generalmente parten de los familiares de la víctima o de personas anónimas que observan los hechos, apostilla la fiscal jefe de Castilla y León, María Lourdes Rodríguez.
«Las campañas divulgativas van calando poco a poco», subraya Subiñas, si bien advierte de que los menores, tanto ellas como ellos, no identifican los comportamientos de control con la violencia de género. «No saben distinguir. Creen que los celos, que te controlen el móvil o tu forma de vestir, que te aparten de tus amigas, constituyen un acto de amor extremo, cuando es la anticipación de lo que luego puede devenir en conductas más graves», alerta.
Coincide con Rodríguez. «Los adolescentes no son conscientes de que la víctima es víctima, ni de que el agresor es agresor». No lo son porque «no perciben la gravedad que constituye dar un empujón a la novia», afirma la fiscal jefe.
«Tienen información suficiente sobre violencia de género, pero lejos de sensibilizarse, se están inmunizando; normalizan conductas», apunta el vocal-presidente del Colegio Oficial de Psicología por Soria y orientador en un centro escolar de Burgos, Luis Ángel Romero, para quien un factor que está influyendo es la existencia de leyes muy protectoras con la infancia que «limitan la capacidad de padres y educadores a la hora de reconducir determinadas conductas de los menores». Y eso redunda en que esas conductas anómalas «se queden sin consecuencias», manifiesta.
Pero también «el rápido acceso a las redes sociales, a la pornografía, la hipersexualización de la sociedad», juegan en su contra, sostiene Romero, quien, sin embargo, recuerda que «no es cuestión siempre de culpar a la sociedad; cada uno elige su conducta». La solución pasarían en su opinión, por seguir informado, pero sobre todo por enseñar empatía, asertividad e inteligencia emocional.