CaixaBank mantendrá sus oficinas rurales y no abandonará «ni un solo pueblo»
Logra récord de resultados con 1.985 ME, un 17,8% más, pero decepciona a la Bolsa con una caída del 7,2% / Gual: «Prevemos mantener el liderazgo en unos años desafiantes repletos de oportunidades»
CaixaBank refuerza su apuesta por «la inclusión financiera» y por la «cercanía al territorio» como una de sus prioridades. «No queremos cerrar ninguna oficina rural en los próximos tres años, no queremos irnos de un solo pueblo de España», reiteró en varias ocasiones el consejero delegado, Guillermo Cortázar, durante la presentación de los resultados de 2018 de CaixaBank en la ciudad de Valencia.
Cortázar presumió de tener la mayor red financiera rural del país a través de Agrobank, al tiempo que condicionó esta presencia futura a la necesidad de una mayor «flexibilidad laboral» y con un menor número de empleados por sucursal.
Este compromiso supone, de confirmarse en la práctica, que CaixaBank no cerrará en el trienio 2019-2021 ni una de sus 1.100 sucursales rurales con menos de seis empleados que tiene en más de 2.000 municipios por debajo de los 10.000 habitantes.
Sin embargo, uno de los retos de la entidad que preside Jordi Gual es reforzar las llamadas oficinas urbanas store para pasar de las 300 actuales a 600 en 2021 con una inversión de 250 millones de euros. Estas sucursales son más especializadas, con mayor proximidad al cliente, horarios ampliados y con agendas planificadas mediante citas previas.
¿Es compatible reforzar la red urbana y mantener intactas las oficinas rurales? Gual y Cortázar así lo consideran y aseguran que la red rural «no supone un coste añadido» para CaixaBank.
La entidad financiera ganó el año pasado 1.985 millones de euros, todo un récord de resultados con un avance del 17,8% respecto a 2017. Unos beneficios netos que se asientan en el negocio bancario, con un aumento del 3,4% del margen de intereses, debido a la rentabilidad del crédito, y del 6,6% del margen bruto, así como por los resultados del portugués BPI que aporta 380 millones al beneficio, más del doble que en 2017. También por la reducción de las dotaciones. Todos los márgenes crecen en 2018, pero en el último trimestre el beneficio se desplomó un 54% con la caída de ambos márgenes: un 0,2% el de intereses y un 17% el bruto..
Los ingresos por comisiones aumentan un 3,4% (2.583 millones) y la rentabilidad avanza un 9%, la mejor desde 2014, pero lejos del 20% de los años anteriores a la crisis. Un indicador que permite a la entidad cubrir los costes de capital y asegurar así el negocio, «algo que pocas entidades europeas tienen».
Cortázar destacó ayer la reducción de los activos problemáticos, al desprenderse de activos dudosos por 3.110 millones y «adjudicados» por más de 5.000.
Su exposición se centró en la mejora de las cuotas de mercado en nóminas, fondos de inversión, planes de pensiones, seguros, créditos.
Los ejecutivos de CaixaBank destacaron ayer el recorte de la morosidad (del 6% al 4,7%), el aumento de la ratio de cobertura en cuatro puntos porcentuales (54%) y la mejora de la eficiencia (53,1%).
Esos resultados podrían haber sido mejores, pero la desinversión de una buena parte de su participación en Repsol (-453 millones), la recompra de ServiHabitat (-204), la reclasificación del 48% del Banco de Fomento de Angola (-139) y la venta de cartera inmobiliaria (-48) le han restado 844 millones a los beneficios.
No obstante, la Bolsa enfrió las bondades del resultado. Nada más conocerse, la acción inició una fuerte caída que acabó con un desplome del 7,22% al cierre de los mercados. El presidente de CaixaBank defendió, Jordi Gual, defendió el valor a largo plazo y no al corto. «El mercado es soberano», advirtió el consejero delegado, al tiempo que sentenció que él «tampoco» entendía una caída de la acción como la de ayer. «Los acontecimientos a muy corto plazo son relativos y obedecen a las expectativas de los inversores», añadió para interpretar el descenso por las previsiones de futuro.
Los dos directivos auguran un horizonte «muy difícil» en un entorno «complejo» caracterizado por el cambio de comportamiento de los clientes, mayor competencia, tipos bajos de interés y poco volumen de negocio. «Queremos seguir siendo líderes de la banca comercial».La entidad encara el futuro con «confianza y una visión muy clara», en palabras de Gual, quien augura unos años «desafiantes pero repletos de oportunidades» y con una convicción: «CaixaBank establecemos planes estratégicos y los cumplimos».