Los exseminaristas exigen a la Iglesia que excomulgue a Ramos Gordón

Reclaman además la destitución de Juan Antonio Menéndez y condena para los encubridores

Los exseminaristas se concentran en la plaza Obispo DonMarcelo de Astorga para protestas contra la pederastia en la Iglesia.-ICAL

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Guillermo Sanz

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El tiempo no cura las heridas, es más, en ocasiones las hacen más dolorosas. Así lo demostraron ayer los exseminaristas de La Bañeza, que se reunieron en la plaza Obispo Don Marcelo de Astorga para levantar la voz, una vez más, en contra de la pederastia en la Iglesia.

El grito fue uno y transmitió un mensaje cristalino: ‘Todos somos víctimas’. Tras esta pancarta salieron tres peticiones: la destitución de Juan Antonio Menéndez, obispo de Astorga, la excomunión de José Manuel Ramos Gordón (cura que abusó de menores en el Seminario Menor de La Bañeza y en el colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria) y un castigo para todos aquellos que se mantuvieron sordos y mudos ante el horror.

«Seguimos pidiendo una condena real para Ramos Gordón. No nos valen unas vacaciones en un monasterio ni un año de ejercicios espirituales», relata el comunicado leído ayer, en el que se solicita «después de que todo siga igual, la excomunión de Ramos Gordón».

«Pedimos la dimisión de Juan Antonio Menéndez. Ha tapado todo este proceso y lo ha intentado diluir todo.Prometió hacer una investigación exhaustiva que no se ha llevado a cabo. Mandamos un burofax en el que nos mostrábamos 20 personas dispuestas a declarar, pero no nos han llamado y encima se ha atrevido a decir que no había tenido noticias nuestras», explica T. G. uno de los portavoces (porque «la voz de uno es la voz de todos», como recuerda) de los exseminaristas.

Sobre el obispo de Astorga, añade que es la «persona menos indicada para dirigir la Comisión Antipederastia. Se comprometió a hacer cumplir la sentencia y permitió que Ramos Gordón recibiera dos homenajes y dar una misa», asegura al tiempo que le acusa de saltarse el código canónico, primero no haciendo valer la sentencia de José Manuel Ramos Gordón y después por no apartar a Sánchez Cao (acusado de abusos en el Seminario Menor de La Bañeza por parte de Emiliano Álvarez) de los niños cuando se denunció su caso.

La opacidad del caso del cura pederasta de La Bañeza (en el que la víctima F. Javier nunca recibió la documentación del proceso a pesar de requerirlo incluso al Vaticano) ha levantado ampollas entre los exseminaristas como T. G., que explica cómo el párroco de Tábara abusó de un menor ya en su primer año en el seminario bañezano; un delito al que dio continuidad en el segundo curso y en el tercero, a pesar de que el hermano de Francisco Javier ya había avisado al rector y a un tutor de los abusos de Ramos Gordón, al que el exseminarista le pide que «si le queda un poco de dignidad tiene que ayudar a esclarecer lo ocurrido y a que la verdad salga a la luz. Menéndez dijo que Ramos Gordón era un hombre humillado y profundamente arrepentido. Lo que nosotros hemos visto ha sido un hombre envalentonado y nada arrepentido», sentencia.

«Hemos venido para quedarnos y haremos todo lo necesario hasta que la verdad salga a la luz», promete T.G. en nombre de los exseminaristas, que reclaman también que se abra una investigación liderada por alguien imparcial para condenar también a los encubridores. «Me parece importante tocar a los encubridores. En La Bañeza no habría víctimas si le hubieran parado en Juan XXIII. Los que eran conocedores también son culpables», asegura Francisco Javier, que no tiene fe en que la cumbre de Roma solucione algo:«Si no atienden a los niños de antes no lo van a hacer con los de ahora», sentencia.

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También alzó la voz públicamente Emiliano Álvarez: «Que tengamos que recordarles cada poco que hacen las cosas mal es muy triste. Esa gente no pinta nada en la Iglesia porque son delincuentes. Es humillación tras humillación y no hacen nada. Quiero que salga mi sentencia (por la que lleva más de dos años esperando) y seguir con mi vida», concluye.