El futuro se juega a una carta
Andrés Turienzo recorrerá en bicicleta los 2.500 kilómetros que separan Villadangos del Páramo de Aarhus (Dinamarca) para pedir con una carta el mantenimiento de Vestas

Andrés Turienzo posa con la carta con la que viajará hasta Dinamarca.-R. GRÁFICO: ICAL
Una hoja de ruta en la que se dibuja una línea de 2.500 kilómetros es desde ayer el libro de cabecera del bañezano Andrés Turienzo, que comenzó el reto de cubrir la distancia que separa Villadangos del Páramo (León) de la ciudad danesa de Aarhus, lugar en el que se levanta la central del fabricante de aerogeneradores Vestas, que la pasada semana hizo efectivo el ERE de extinción de la planta leonesa.
Turienzo pedaleará solo a lo largo de seis países, pero tras él habrá un pelotón de más de 2.000 personas, las afectadas de manera directa (360 trabajadores) o indirecta por el cese de actividad en la fábrica leonesa. Él mismo ha visto cómo después de nueve años enrolado en Vestas su tranquilidad laboral se ha despertado de manera abrupta para caer en una pesadilla que comparte por sus compañeros de trabajo.
En el mismo escenario en el que cada día comenzaba su jornada laboral (una fábrica convertida desde hace tres meses en un fantasma sin vida) y arropado por familiares, amigos y todos los compañeros que dan cuerpo a la acampada reivindicativa, este joven de 30 años tomó la línea de salida con la mochila cargada por su ilusión y la de cientos de compañeros que piden que Vestas encuentre un inversor o un salvavidas que les permita mantener sus puestos de trabajo.
Detrás de cada pedalada un pedazo de un sueño que Andrés Turienzo entiende como posible:«Si no creyera que es posible no lo haría. Luchar contra una multinacional es como intentar matar un elefante con una cerbatana. Sabemos que es muy difícil, pero la esperanza está ahí. Tengo la ilusión de que el destinatario de la carta tenga los escrúpulos de cogerla en persona y que vea en mis ojos que mi sufrimiento es el de más de 2.000 personas», explica Turienzo.
Junto a él viaja esa carta, escrita por toda de toda la plantilla de Vesta y redactada por el puño y la letra de un héroe anónimo que quiere llegar a Aarhus para entregársela al presidente de Vestas Wind System, Anders Runevad. La batalla entre David y Goliat continúa en clave epistolar, con palabras con las que el ciclista explica sus argumentos para reclamar que se revierta la decisión de clausurar las instalaciones de Villadangos del Páramo. «No queremos hacer público aún el contenido.Queremos que la primera persona que la lea sea su destinatario. Está escrita con el corazón y con la intención que llegar al corazón de ese hombre», asegura el aventurero.
Qué pasará cuando llegue a la puerta de las oficinas de Vestas es una incógnita que sobrevuela su cabeza. «No voy a llamar a la puerta. Voy a entrar con toda la educación del mundo y pedir hablar con el responsable. Llegaremos hasta donde se pueda. He pensado de todo: que iba a estar avisado y que no me van a dejar entrar, que me va a escuchar, que iba a tener que dejar la carta en un buzón....», confiesa. El objetivo es conseguir con la llave de la humanidad abrir una puerta a la esperanza: «Quiero que despierte su lado humano. Llegaré hasta allí; después pasará lo que pase, pero por lo menos habré hecho todo lo que he podido», asegura.
Andrés Turienzo sabe que la situación que atraviesa la fábrica leonesa «no tiene buena pinta». El corazón pide una cosa y la cabeza sabe que hace kilómetros hacia un futuro complicado. Sin embargo, quedarse parado esperando no es algo que entrara en sus planes. «Pasaban los días en la fábrica y nos lanzamos a la piscina de esta aventura de llegar hasta el corazón de la fábrica. Yo necesito hacer esto, porque necesito protestar», admite el ciclista.
Pocos días y un sueño fueron alimento suficiente para mover la maquinaria de un reto que recibió en la línea de salida el calor de sus compañeros e inició el camino por carretera hasta Vitoria (final de la primera etapa) arropado por varios aficionados al ciclismo, que quisieron acompañarle en los primeros pedaleos para respaldar la misión del bañezano. «Ha sido increíble. Los primeros 50 kilómetros les he hecho flotando. Los compañeros han sido todo optimismo. Saben que soy muy cabezón y están más seguros que yo de que lo vamos a conseguir», confiesa.
2.500 kilómetros se pueden hacer infinitamente más largos en soledad. La carretera, la bicicleta, él y un grito de protesta no serán los únicos que recorran media Europa hasta llegar a Dinamarca. Junto a Turienzo ha partido una caravana de apoyo en la que viajan tres compañeros de Vestas (Julio Barrientos, Diego Torices y Víctor Valles) dispuestos a asistir al ciclista en un reto personal que habla en nombre de todos los trabajadores.
La caravana llevará todo lo necesario para asistir a Turienzo en un recorrido que hará escala en España, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Dinamarca. Vitoria, Burdeos, Paris, Gante, Eindhoven o Bremen serán ciudades que escucharán el eco de Vestas gracias a Piru (como se le conoce familiarmente a Andrés Turienzo), un enamorado del ciclismo que a través de másqueunreto.com ya ha afrontado otros pulsos solidarios encima de la bicicleta en favor de Alejandra, una niña con problemas de audición.