Las agresiones físicas a profesionales sanitarios se duplican en cinco años

Los trabajadores heridos en su entorno laboral son sobre todo enfermeras y auxiliares L «No podemos poner un policía para cada persona» / La principal causa es la «saturación» del sistema

El Hospital Clínico de Valladolid, en una imagen de archivo.-J.M. LOSTAU

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Alba Camazón

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Cada vez más profesionales sanitarios son agredidos por los pacientes o sus familiares. No solo verbalmente, sino que también físicamente. El Observatorio de la Consejería de Sanidad registra 145 agresiones físicas a los trabajadores médicos, de Enfermería, celadores, auxiliares de enfermería y de otro tipo en 2017, prácticamente el doble de las registradas en 2012, cuando la misma institución contabilizó 74 agresiones físicas.

Las enfermeras son las más agredidas (en el 38% de las ocasiones) porque son el «colectivo más grande» y están «continuamente al lado del paciente», exponen a este diario La presidenta del sindicato de enfermeras en Castilla y León Satse, Mercedes Gago y la presidenta del Colegio de Enfermía de Valladolid, Silvia Sáez. Por detrás le siguen los auxiliares de enfermería (52), los médicos (18), los celadores (13) y otro tipo de personal (6).

«No tiene que haber ninguna agresión», sentencia el presidente del Consejo de Colegios de Médicos de Castilla y León y del sindicato médico CESM, José Luis Díaz Villarig, quien añade a este periódico que este problema es una «lacra» que perjudica «al sistema, a la sociedad y a los pacientes».

Aunque la mayoría de agresiones se saldan sin un perjuicio temporal de los profesionales, en el 7% se produjo una incapacidad temporal. Las lesiones varían, desde un traumatismo en un brazo y una lesión en cervicales y el oído (1), hasta crisis de ansiedad (2), una hemorragia vitrea (1), contusiones (1), mordeduras y arañazos (2), subluxación de un dedo (1) o un golpe en la cabeza y ansiedad (1).

La mayoría de las agresiones físicas, 91, se producen en Psiquiatría, aunque ninguno de los profesionales se ha visto temporalmente incapacitado. El resto de agresiones físicas se suceden en Urgencias (14), consulta (8), domicilio del paciente (2), vía pública (2), medicina interna (1) u otras (27).

Las agresiones físicas han aumentado un 11% respecto a 2016, aunque no son las únicas. En el cómputo general, que incluye también las agresiones verbales y psicológicas, se han registrado 532 incidentes que se han saldado con 639 empleados afectados, el 21,7% más que en 2016, cuando 525 trabajadores del sector sanitario se vieron implicados en 427 incidentes agresivos.

De los 639 empleados atacados física, verbal o psicológicamente, 231 eran médicos, 203 enfermeras, 109 auxiliares de enfermería, 23 celadores, 47 administrativos y 26 correspondientes a otras categorías.

Los motivos esgrimidos son la disconformidad con la asistencia (26%), el trastorno psíquico agresivo (22%), la disconformidad con el trato (20%), los tiempos de espera «excesivos» (15%), la drogadicción o el alcoholismo (10%) o deficiencias de diseño del centro (7%), según el Observatorio.

Los profesionales sanitarios consultados por este diario contemplan estas y otras explicaciones. Gago asegura que el paciente «descarga su descontento general con el profesional» debido a la saturación del sistema, a los cambios del médico de cabecera, a las listas de espera, al tiempo que los usuarios pasan en urgencias y al «déficit» de profesionales.

Villarig añade que es una situación que no tiene «nada que ver» con los profesionales, sino con el sistema, que aunque sea «bueno» está «saturado» en las pruebas diagnósticas, las consultas y las urgencias.

Por su parte, Sáez explica que los pacientes y los familiares tienen cada vez más información y exigen de forma «tremenda» la forma de su diagnóstico y su propio tratamiento. También agrega que, ante esta situación, los profesionales se encuentran en un estado de «indefensión».

Ante esta situación, los empleados sanitarios oferecen múltiples medidas. Ambos colegios profesionales solicitan a la Administración Pública que tome medidas y realice unas campañas de difusión y educación «más fuerte».

«Agredir a un profesional sanitario tiene consecuencias que pueden ser incluso penales porque estamos considerados autoridades públicas», mantiene la representante de las enfermeras en Castilla y León.

Villarig considera que la Administración debe tener una «participación grandísima» en solucionarlo, y menciona la importancia de als campañas de información y formación. «No podemos poner a un policía para cada sanitario, todos debemos colaborar: la Administración, los profesionales, las asociaciones de pacientes y la sociedad», sentencia.

A este respecto, Sáez señala que en muchas ocasiones los profesionales no saben cómo «atajar» esa situación, por lo que necesitan una formación «específica» para aprender a «afrontar» estas actitudes de los pacientes.

Este tipo de formaciones ya existen. En 2017 participaron 1.316 profesionales en unos cincurnta cursos que han abordado materias como la prevención de agresiones o técnicas de detección de situaciones difíciles, además de jornadas infromativas sobre agresiones.

Gago es aún más concreta y considera que el gerente del centro debería ser el que denunciara a los agresores, porque muchos trabajadores sanitarios no denuncian «por miedo» a encontrarse al paciente fuera del entorno laboral y sean agredidos.

Villarig amplía las medidas a tomar: «Es vital que se elimine la masificación de servicios, pruebas y reducir el tiempo de espera para las operaciones o la atención en urgencias».

«Nos hemos ofrecido a colaborar con la Consejería, pero siempre se ha quedado ahí, en espera. Apoyaremos cualquier campaña. Hace un tiempo, la Administración tenía interés en este asunto, pero poco se ha hecho en los últimos años», concluye la presidenta del Colegio de Enfermería de Valladolid.

Las mujeres son las principales agredidas en este entorno laboral. De los 639 trabajadores agredidos, 554 eran mujeres y 85 eran hombres, lo que supone que el 1% de los hombres en plantilla resultaron agredidos y el dos de cada cien mujeres fueron atacadas durante el ejercicio de su profesión.

«Todavía tenemos esa cultura social de que la mujer es débil y es más fácil agredirla y por eso hay más posibilidades de sentirnos agredidas», sentencia Sáez, quien matiza que este es un problema del conjunto de la sociedad y que no cree que en Sanidad sea «diferente».

Por su parte, Villarig asegura que la Sanidad se está «feminizando» y que la sociedad tiene que «adaptarse». «El que agrede es un cobarde que cree que tiene más fuerza que el de enfrente, y cree que una mujer no le va a contestar tanto como un hombre o que no va a saber reaccionar», concluye el representante del colectivo médico.

«Asumes que esto es parte del trabajo y los colectivos están muy resignados. Pero esto no se puede producir, hay que denunciar», insiste la representante sindical de las enfermeras.

Los trabajadores llegaron a presentar 56 denuncias por la vía penal, cuatro de las cuales han resultado condenatorias para los usuarios de la Sanidad Pública.

La mayoría de los trabajadores resultaron agredidos en hospitales (367), seguidos de la Atención Primaria (265) o las emergencias sanitarias (7). Por otro lado, el centro este de Valladolid y Burgos registran el mayor número de incidencias, 86 y 78, respectivamente, con 102 y 89 trabajadores sanitarios implicados.

Los centros con menos incidencias de este tipo son los de Soria (13) y El Bierzo (25)

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Villarig destaca la importancia de la formación de la sociedad y concluye: «No se pueden poner puertas al campo».