Tórtoles de Esgueva llora a su cooperante muerto en Barcelona
La localidad burgalesa es el pueblo materno de Pablo Pérez, asesinado en la huida del autor de la matanza

Una de las vecinas de la localidad de Tórtoles de Esgueva muestra una foto de Pablo.-ICAL
La localidad burgalesa de Tórtoles de Esgueva llora desde el viernes por la muerte de Pablo Pérez Villán. El nieto de la señora Paula y el hijo de Conchi, dos vecinas muy queridas del municipio ribereño, como su hijo, un joven cooperante de 34 años que perdió la vida a manos del autor material de los atentados de Barcelona en su terrorífica huida después de haber causado una matanza en Las Ramblas de Barcelona.
Pablo no había nacido en Tórtoles pero quería a su pueblo al que llevaba vinculado desde su nacimiento. En las calles de la localidad ribereña, próxima a la capital arandina, había aprendido a andar en bicicleta y había comenzado a disfrutar de las fiestas patronales junto a su cuadrilla de ‘Los Águilas’. Hoy todos le recuerdan como «un chico encantador y educado» que «siempre que podía» iba a su pueblo para ver a su abuela Paula y a sus amigos de Burgos.
El infortunio arrebató a Pablo las ganas de ayudar innatas en él desde que tenía uso de razón. Uno de los terroristas, presuntamente el autor material del atentado en Las Ramblas, en su huida interceptó el coche de Pablo, un Ford Focus blanco, apuñalando mortalmente a su ocupante. Minutos después, el coche se saltó un control policial arremetiendo contra varios Mossos. La misma patrulla que poco después localizó en la parte trasera del vehículo el cuerpo sin vida de Pablo cosido a puñaladas.
En un primer momento, los agentes policiales vincularon al único ocupante del Ford Focus con el atentado y hasta ayer no se pudo confirmar que no era partícipe del macabro plan islamista. La familia de Pablo recibió la noticia en la madrugada del viernes, hacia las tres de la mañana. Una llamada que sesgó los planes del joven catalán y su sueño de seguir ayudando a los más necesitados. Llevaba años trabajando como cooperante.
Así lo confirmó en declaraciones a Ical Iñaki Núñez, primo carnal de la madre de Pablo. «La abuela de Pablo y mi padre eran hermanos y es una desgracia enorme», sentenció el familiar, visiblemente abatido por la noticia que pudieron conocer los primeros familiares en la mañana del viernes.
La noticia corrió como la pólvora por las calles de esta localidad de poco más de 300 habitantes que en esta época ve aumentada su población por la llegada de los hijos y nietos de los oriundos. En el tablón de anuncios de la localidad, junto a la casa consistorial donde las banderas ondean a media asta, la foto de un Pablo sonriente luciendo la camiseta de la Selección Argentina de Fútbol y un mensaje rotundo: «No te olvidaremos».
Un mensaje de cariño de una población que veía cada verano a Pablo como uno de los suyos. «Estaba muy integrado y de verdad que era un chico excepcional», comenta Almudena, dueña del bar que está justo al lado de la iglesia parroquial. «Su abuela Paula estaba orgullosa porque era un chico estupendo y muy generoso. Estuvo ayudando cuando lo del tsunami...», recordó.
El cuerpo de Pablo llegó el viernes a la Ciudad de la Justicia de Barcelona y hasta ayer sus padres no pudieron ver el cadáver de su hijo.