REPOBLACIÓN DEL OSO PARDO - CORDILLERA CANTÁBRICA

El oso pardo sigue su escalada

Los ejemplares en Castilla y León y alrededores alcanzan los 250 individuos, pese a que en los años 80 la especie estuvo a punto de desaparecer / Ya existe conexión entre las dos subpoblaciones

Una osa se traslada con sus dos oseznos por una de las montañas del Alto Sil en la provincia de León, en plena Cordillera Cantábrica.-E.M.

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Laura Cembranos

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El número de osos pardos en la Comunidad sigue creciendo y ya alcanza los 250 ejemplares entre las dos subpoblaciones existentes en la Cordillera Cantábrica. Este mamífero fue duramente perseguido en los años 60 y 70, y que estuvo a punto de desaparecer en la década de los 80, pero que gracias a los planes de protección y la mejora de los bosques, la especie continúa su escalada constante en cuanto al aumento del número de individuos.

Los osos pardos se ubican en dos zonas de la Cordillera Cantábrica en territorio de Castilla y León y de otras comunidades limítrofes como Asturias, Cantabria o Galicia. La población de la zona occidental es muy superior, ya, que según datos facilitados por la Junta y por la Fundación Oso Pardo, hay más de 200 ejemplares que pueblan el Alto Sil, los Ancares leoneses y zonas próximas, hasta llegar a los Ancares de Lugo. El cambio ha sido drástico. Mientras que hace más de 30 años, eran entra seis y ocho osas al año las que tenían crías, ahora, las cosas han mejorado y en 2015 el último censo detectó 34 hembras con oseznos.

La subpoblación oriental, asentada en la Montaña Palentina y en la Montaña Oriental de León, también ha experimentado un crecimiento progresivo. Sin embargo, en este área hay en torno a 40 ejemplares de osos pardos, con seis u ocho osas reproductoras en 2014, frente a tan siquiera una o dos que habría con crías en los años ochenta.

Gran parte de la especie en la península transita por Castilla y León, que abarca parte de las dos zonas de osos pardos de la Cordillera Cantábrica que ahora «gracias al incremento de la población, empiezan a estar conectadas», según explica el presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero. Las otras dos zonas donde habitan los plantígrados se encuentran en los Pirineos, pero con un volumen muy inferior, al contar entre las dos áreas entre 40 o 50 ejemplares.

«Hacemos el seguimiento de las osas con crías de manera coordinada desde 1989, lo que nos da una idea de cómo va la reproducción y cómo evoluciona la población», afirma Palomero. El análisis se toma cada año para obtener un censo mediante «observaciones directas con telescopios o prismáticos, seguimiento de rastros, filmaciones y fotografías», en los que participan, de manera coordinada, los equipos de diferentes administraciones entre las que está la Junta de Castilla y León, y la Fundación del Oso Pardo. «Esta información la vamos coordinando y descartando repeticiones, para encontrar un mínimo de osos seguro», lo que «te da una visión muy fuerte de cómo evoluciona el grupo», aclara Palomero.

Han sido varias las claves que han posibilitado la repoblación del oso pardo al norte de la Comunidad, principalmente la lucha contra el furtivismo que golpeaba duramente a la especie hace décadas. «Sigue existiendo, pero ahora es residual y no impide el crecimiento», explica el presidente de la Fundación, quien recuerda que también han sido muy importantes las tareas de conciliación y fomento de la convivencia entre estos animales y los cazadores o alcaldes de municipios. Una búsqueda del equilibrio que se centra en «poner en valor al oso» como seña turística que facilite la venta de productos en estas localidades. «De ser un animal protegido ha pasado a ser querido», indica.

Cordillera Cantábrica

Finalmente la protección del hábitat, que prácticamente se encuentra de forma íntegra en la Red Natura 2000 europea, y la replantación de arbustos con frutos que permitan conformar el hogar de esta especie, así como la menor presencia de trampas, han sido claves en su repoblación. Desde la Fundación y la Junta trabajan en la retirada de lazos, veneno y trampas, que en ocasiones están destinadas a otros animales como jabalíes y corzos, pero que también dañan a los osos, sobre todo en la zona de occidente, ya que «en la oriental no hay esa tradición, comenta Palomero.

«Aunque actualmente encontramos, no bajamos la guardia, pero no tiene nada que ver con la cantidad de trampas que había antes», indica el presidente, quien considera que «fue milagroso que a finales de los 80 no desaparecieran por la gran presión que había sobre la especie».

El oso pardo cantábrico vive algo más de 20 años en estado salvaje, ya que un ejemplar de 25 años podría considerarse como «un oso viejo», mientras que en zoológicos pueden llegar a superar los 40 años.

Montes de Fornela

Alto Sil

La especie tiende a asentarse en una zona montañosa, pero los ejemplares más jóvenes, principalmente los machos, son aquellos que más se mueven en busca de nuevos espacios y territorios por ocupar. Al contrario sucede con las hembras con crías, que son las que menos se desplazan en el territorio. En el caso de las osas jóvenes, generalmente «solapan su área de campeo con el área materna, y se van expandiendo por el territorio lentamente como si de una mancha de aceite se tratara», detalla Palomero.

Desde 1989 la Fundación ha denunciado a 151 cazadores furtivos, retirado más de 1.500 lazos y replantado casi 143.000 árboles frutales. También ha realizado más de 13.000 fichas de osos en las que controla la evolución de la especie.

«En el futuro habrá una única población cantábrica de osos»

Las dos subpoblaciones oseznas de la Cordillera Cantábrica comienzan a salir de su aislamiento, lo que para la Fundación Oso Pardo es un «éxito», según afirma su presidente, Guillermo Palomero. El incremento del número de ejemplares posibilita que haya osos jóvenes dispuestos a buscar otros territorios y «ya están yendo de la zona occidental a la oriental a reproducirse». Se genera así un intercambio de genes entre ambas zonas que «acaba con el problema de la consanguinidad», explica.

«En el futuro habrá una única población de osos en la Cordillera Cantábrica», que se moverá por todas sus montañas. Y es que, más que un gran incremento poblacional de la especie, les preocupa que esta vaya ocupando todos los espacios vacíos en las montañas. «Nos preocupa que puedan ocupar las áreas del Corredor Interpoblacional», ese espacio situado entre la zona occidental y oriental por donde transita la AP-66 y el ave, o está el embalse de Riaño. «Hay muchas infraestructuras que les cuesta pasar. Y aunque al final las pasan, hay que favorecer que lo hagan con mayor rapidez e intentar acabar con esos efectos barrera».

Además, esta zona intermedia, que posibilitaría la conexión de las dos subpoblaciones, ya se está mejorando con plantaciones. También tienen posibilidades para albergar osos la zona de montes limítrofes entre las montañas de Galicia y León, donde ya se ha observado que jóvenes machos se ha asentado algún periodo de tiempo. «Los ejemplares machos se mueven mucho, exploran, y a veces se quedan un año o dos hasta que vuelven a la zona donde están las hembras», detalla el presidente de la Fundación.

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La idea es que la población de osos siga creciendo hasta completar aquellos territorios libres y que son aptos para sus necesidades. «Hay zonas que pueden admitir más osos, aunque iremos viendo el límite, será en el momento en el que generen conflictos o no sean manejables».