MEDINA DEL CAMPO
Las Salinas de Medina: de acoger inmigrantes a renacer como balneario
El municipio recuperará buena parte de los visitantes que perdió con su cierre y tras su reapertura con una nueva finalidad

Palacio Balneario de las Salinas de Medina del Campo.
La historia del balneario de Las Salinas de Medina del Campo es, cuanto menos, agitada. El recinto nació con esa misma finalidad, pero a finales de 2022 cerró sus puertas. Desde entonces, la verja que acota el recinto permaneció cerrada hasta que menos de un año después, en octubre de 2023, estas instalaciones ubicadas a las afueras de la Villa de Ferias se utilizaron para una nueva finalidad.
En aquel entonces, el recinto se ubicó en el centro de la polémica después de que el Gobierno de España lo utilizara para el alojamiento de 250 inmigrantes de origen africano. La decisión despertó las críticas de la Junta de Castilla y León, que aseguraba no haber sido informada con anterioridad, en lo que fue uno de los desencadenantes de las tensiones que ambas administraciones mantienen en lo que se refiere a la acogida de inmigrantes.
Ahora, sin embargo, ese capítulo en la historia del balneario de Las Salinas queda atrás con su renacer como un balneario, finalidad con la que contaba antes de su cierre y que ahora recupera de la mano de la empresa vallisoletana Punta 25, que invertirá 6,5 millones para ofrecer unos servicios de máxima calidad y una experiencia completa que incluirá, entre otras cosas, gastronomía de la mano de un chef estrella Michelin.
Por el momento no se ha comunicado la fecha en la que Las Salinas recuperará ese esplendor, pero en la localidad medinense ya se ha despertado un gran interés. No en vano, cuando las nuevas instalaciones entren en funcionamiento el municipio recuperará buena parte de los visitantes que perdió con su cierre y que, más allá de su alojamiento en el balneario, también repercutirán con beneficios en otros establecimientos.
De esta forma, y tras esa etapa breve pero intensa en la que el balneario de Las Salinas se convirtió en prácticamente un símbolo del conflicto entre la Junta de Castilla y León y el Gobierno de España al respecto de la política migratoria, ahora renace convertido en una versión mejorada de lo que dejó de ser hace ya casi tres años.