La Plaza del Coso vive sus festejos más taurinos entre rejones y cortes
El ‘Concurso de cortes, quiebros y saltos’ otorga el VI Trofeo Castillo de Peñafiel

Chúndara de 2017 en Peñafiel.-PABLO REQUEJO
La Plaza del Coso de Peñafiel se prepara un año más para celebrar sus Fiestas de San Roque más taurinas entre el Concurso de Cortes y los rejones.
Este 2018 el programa de fiestas no difiere muchos de los años anteriores. «Las fiestas siguen un programa muy tradicional» así que «lo mejor es no modificar», explica Daniel Sanz Platero, concejal de Festejos. Aún así, hay novedades para el municipio vallisoletano: el festival taurino que comienza el 15 de agosto.
El día 16, Peñafiel entregará por sexto año su Trofeo Castillo de Peñafiel para el ‘Concurso de Cortes, Quiebros y Saltos’, que honra al ganador del mejor corte de las fiestas. Este año, el concurso lo patrocina ‘Tororecorte’.
El municipio multiplica por seis su población días antes de comenzar sus festejos. «De cara a las fiestas ya notamos movimiento», comenta Sanz.
Para algunos, San Roque comienza un día antes, el día 13, con el tradicional desfile de peñas. Actualmente, la localidad cuenta aproximadamente con 20 peñas con una media de 25 personas cada una. A medianoche, si pasea por el corazón de Peñafiel, podrá escuchar a los jóvenes - y no tan jóvenes - cantar y bailar al ritmo de las charangas ‘La Nota’ y ‘El Relamido’. El recorrido es de la Plaza delCoso a la Plaza España.
Como cada año, lo más tradicional en Peñafiel es el chúndara. Un pasacalles que los habitantes recorren unos 800 metros de plaza en plaza esperando que sus vecinos les tiren agua desde los balcones. Estos últimos años se ha visto una afluencia de «3.000 o 4.000 personas», afirma Sanz. Esta tradición suele durar una hora y media, de 17 a 18:30 horas, pero los más rezagados se quedan atrás para seguir mojándose, o los más fiesteros, que quieren llegar los primeros a la plaza de toros para no parar de escuchar la música. Al llegar a la Plaza del Coso, la Banda Municipal, con los peñafielenses por delante, da una vuelta al ruedo para después subir al balcón del Ayuntamiento.
Sanz relata que el chúndara tiene su origen en los años 50 cuando los peñafielenses tiraban agua a las autoridades para ralentizarles el paso cuando escoltaban a los toreros.
El primer día es el mejor y a la vez el peor, sobre todo para los músicos de la Banda Municipal. «El primer día es una locura total porque está la policía y todo el mundo quiere estar cerca» cuenta Alex Benito, saxofonista de la Banda Municipal. Esto conlleva muchas veces a avalanchas de gente, empujones y agarrotamientos. Aún así, «todos tenemos ganas», afirma Benito. «Los cinco primeros minutos estamos ‘a tope’, luego nos vamos cansando», apunta el músico.
Para ver los primeros toros hay que poner una alarma. Y no solo para poder ver el encierro sino también para coger sitio. Los más madrugadores llegan casi una hora antes de que comience, sobre las 8:30. Algunos, aprovechan que han estado toda la noche de verbena para hilar con la mañana siguiente. San Roque, para Sanz, es «más nocturno que diurno»
Peñafiel cuenta con seis encierros durante sus 5 días de fiesta. El más especial para algunos es el encierro de madrugada el cual se hace «el último día porque los toros están más cansados por lo tanto no suele haber percances», comenta Sanz. El viernes 17 -o mejor dicho, el 18 - los toros y becerros recorrerán la carretera que une los corrales del Valdobar hasta la Plaza del Coso a la 1:00 horas de la madrugada.
Según Sanz, «el programa es festivo para todas las personas» aunque es verdad que «lo taurino es lo más abundante». Peñafiel es la única comarca que puede presumir de que en sus capeas sacan un toro por dentro y por fuera del ruedo a la vez. Algo que no se hace en ningún otro sitio de España.
Además,San Roque tiene planes para los más pequeños: el Toro de Fuego, que se celebra a medianoche menos el día 17, por el encierro nocturno. El Toro de Fuego es «para chicos pequeños, para que sientan el ‘peligro’», explica Sanz. Es un espectáculo «muy visual» porque «la Plaza delCoso apaga todas las luces», manifiesta el concejal, por lo que se puede disfrutar perfectamente de los fuegos artificiales.
El Grand Prix, junto al desfile, es el momento más esperado por las peñas. Con juegos para competir entre ellas, algunas pruebas con la dificultad de añadir una vaquilla. Los más valientes tienen que construir una puerta con piezas para que la vaquilla pase por debajo. Los concursantes tienen que atraer al astado hasta ella y, si desmonta la puerta, el grupo tiene que volver a empezar.
Las pruebas sin vaquillas son las más interesantes para el público. Las peñas se lanzan a subir por hinchables embadurnados de agua y jabón para hacer más difícil el transportar un cubo de agua de un lado al otro del ruedo. Otra de las pruebas consiste en girar sobre sí mismo, con la intención de marearte, para después ir corriendo unos 100 metros intentando no caerse y estar lo más estables posible.