Blázquez: «La violencia siembra muerte»
El Encuentro entre ‘Jesús Resucitado’ y ‘La Virgen de laAlegría’ cierra los actos de Semana Santa

Los pasos de la ‘Virgen de laAlegría’ y ‘Jesús de laEsperanza’ en la Catedral de Valladolid durante la celebración de la Misa Pascual.-P. REQUEJO
«La historia nos demuestra que la violencia siembra muerte; el único camino es el del amor». Así bendijo el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, a los visitantes que se acercaron ayer a la Plaza Mayor para observar el Encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen de la Alegría.
«La Plaza Mayor ha cambiado su estado, de tristeza a gozo», afirmó Blázquez. De esta forma, repasó los actos que ha acogido la principal plaza de la ciudad, que el viernes era testigo de los pasos que representan la Sagrada Pasión, mientras que ayer se llenó de júbilo. «La Semana Santa vallisoletnana es una manifestación religiosa extraordinariamente atractiva a la que se acerca una incontable multitud de turistas y no turistas», presumió el arzobispo.
Así, anunció la buena nueva de la Resurrección de Jesucristo que, según dijo, «devuelve al mundo «la esperanza» e ilumina el «empinado camino de la vida».
La jornada empezó varias horas antes, cuando los cofrades de la Hermandad del Santo Sepulcro y los de Jesús Resucitado portaron desde sus sedes –San Benito y Porta Coeli– los pasos titulares hasta la Catedral de Valladolid. Se trata de la Virgen de la Alegría y el Santo Sepulcro Vacío, de la primera Cofradía, y del Jesús Resucitado, de la segunda, que iba acompañado de rosas rojas y blancas, los colores del hábito de los cofrades.
Una vez llegaron a la seo vallisoletana, permanecieron mirándose de frente ante el altar. Allí, se celebró la Misa Pascual, pronunciada también por Ricardo Blázquez. El evento alcanzó su momento de máxima importancia en la Comunión, que simboliza «el triunfo de Jesucristo sobre la muerte», según el arzobispo de Valladolid.
Una vez terminada la eucaristía, los pasos salieron, portados en ruedas por los hermanos de las cofradías correspondientes. Además, les acompañaban representaciones del resto de cofradías. Los llevaron por la calle Cascajares, Catedral, plaza deFuente Dorada y calle Ferrari, hasta llegar a la Plaza Mayor, donde cientos de fieles esperaban uno de los momentos más ansiados y alegres de la Pasión.
Cuando el arzobispo pronunció el fervorín y la bendición apostólica, se soltaron unas palomas, que fueron recibidas con un espontáneo aplauso.