Diario de Valladolid

Cultura

Tierra de Campos coge el tren de la historia

Dos historiadores recuerdan en una exposición de Rioseco la línea ferroviaria con Palanquinos abierta hace un siglo

Servelio Villar y Javier Revilla (dcha) explican al alcalde riosecano, Artemio Domínguez y al resto de ediles de la zona, la exposición-J. M. Lostau

Servelio Villar y Javier Revilla (dcha) explican al alcalde riosecano, Artemio Domínguez y al resto de ediles de la zona, la exposición-J. M. Lostau

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Ismael Pérez

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Hubo un tiempo en el que no había AVE para enlazar las capitales y los trenes, con sus vías, estaciones y particular arquitectura ferroviaria formaban parte del decorado de los pueblos de la provincia y hasta las obras se adelantaban a lo proyectado. Cuando uno se podía tomar más de cuatro para viajar entre Medina de Rioseco y Palanquinos, en León, parando por cada punto terracampino.

Todo eso ocurrió hace un siglo, el que se cumplirá el próximo día 30 de la inauguración de la línea ya desaparecida del tren burra o charango que desde ayer y hasta el 24 se conmemora con una exposición en el Ayuntamiento riosecano para viajar después a los 14 pueblos antes unidos.

La fascinación extranjera por esos itinerarios de vía estrecha unió a Sarvelio Villar, de Castroverde de Campo, y Javier Revilla, de Valencia de Don Juan, dos licenciados en Historia, a través de Internet gracias a Otto, un alemán apasionado por el mundo ferroviario y con el deseo de hacer un libro que ya se está cocinando. Mientras tanto, presumen de una muestra que les ha costado meses de trabajo para reunir piezas y bucear en archivos.

Gracias a eso ahora exhiben los carteles de la estación de Palazuelo de Vedija, las tejas de los edificios, unas recreaciones en cerámica de Pedro Villar, una traviesa de madera un metro, los contratos de expropiación o billetes de la época, a 0,12 pesetas el kilómetro en primera clase y 0,09 en segunda.

«Costó menos de 13 millones de pesetas, se hizo en dos años y dos meses, menos de los tres pensados, funcionó durante 14 años y decayó hasta desaparecer en 1965», explica Sarvelio Villar, que recuerda el esplendor ferroviario riosecano con hasta cuatro itinerarios. La competencia del camión para el transporte de mercancías agrícolas –vivió su mayor apogeo con la Crisis del 29 y del petróleo–y la emigración, unido a la dejadez gubernamental acabaron con la línea.

Ahora piden que una vía verde permita el paseo a lo largo de los 93 kilómetros y que, al contrario de lo que ocurrió en Rioseco, las estaciones, las cocheras y las garitas de ladrillo de cada pueblo no desaparezcan y puedan ser usadas por instituciones o particulares. En León hay municipios que ya que lo usan como sede de la Mancomunidad, de alguna asociación o de almacén.

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