Los bocados regionales abarrotan el recinto ferial

Desde el sábado y, hasta el día 11, diecisiete casetas ofrecen sus platos en la 34ª edición de la Feria de Folclore y Gastronomía

Multitud de vallisoletanos y visitantes acudieron ayer a las Casetas Regionales.-J. M. LOSTAU

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Aitor Ferrero

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«Os voy a pedir disculpas. Habíamos pedido buen tiempo y creo que nos lo han dado demasiado bueno». Óscar Puente, con atuendo dominical propio del evento relajado y gafas de sol colgadas al cuello, ironizaba así –encima del escenario que preside el poblado de tiendas y carpas de lona blanca– sobre el calor que arrastra la senectud canicular y que acompañó ayer a la inauguración de la trigésima cuarta edición de la Feria de Folclore y Gastronomía.

Diecisiete casas regionales, embajadas gastronómicas de las distintas piezas del puzle celtíbero, componen este año un evento que abrió sus puertas al público el mediodía del sábado pero que, ayer, recibió el bautizo oficial de las autoridades tras un desfile en el que la clase política, bañada en los acordes melódicos de la música popular, recibió las miradas y flashes de una muchedumbre que disfrutaba de la mañana de fiesta, del éxtasis colectivo y de la buena comida que caracterizan a cualquier celebración que presuma de ser española. Terminado el acto protocolario y, una vez izadas las banderas y pasado el trance discursivo, con la corte municipal cobijada del sol y absorta en conversaciones regadas con caldos con denominación de origen, cientos asistentes se concentraron a la sombra de las carpas a disfrutar de un almuerzo de raciones.

«La verdad es que, a pesar del calor, tanto ayer como hoy estamos recibiendo bastante gente», reconocía una de las integrantes de la casa de Zamora mientras, desde las cocinas, escapaba el aroma del chorizo en la sartén, de la casquería del cerdo en plena ebullición y del arroz de la tierra –la ración más demandada de la casa–, condimentado con laurel y con tropezones y presentado en platos de plástico coronados por dos rebanadas de pan.

En la carpa andaluza, la de mayor extensión y afluencia, el olor a frituras envolvía un ambiente poblado de colores vivos, de lunares adaptados sobre formas femeninas, de peinados recogidos en moño y de movimientos de mano al aire al ritmo del flamenco que se sobreponía al ruido de las conversaciones. «Hemos pedido boquerones en adobo», explicaba, de pie –ante la imposibilidad de encontrar un sitio en el que sentarse o apoyarse–, Ana, una joven que, junto a sus padres, acudió a comer al recinto ferial. «Para mí, la mejor caseta es la de Galicia. En todas puedes comer muy bien, pero los productos de la gallega tienen algo especial, no sé muy bien cómo definirlo», argumentaba Ana mientras bebía, en pequeños tragos, un vaso de tinto de verano.

Lara terminaba su postre en la casa de Castilla-La Mancha, unos ‘miguelitos’, pequeños pasteles elaborados mediante capas de hojaldre y crema pastelera recubiertos con azúcar glasé. «Tengo la impresión de que, este año, en la casa de la Comunidad Valenciana, han subido el precio de las raciones de paella respecto a las ediciones pasadas», reconocía entre bocado y bocado del postre. «Lo que sí que veo que ha mejorado mucho es la iniciativa del vaso reciclable», apuntaba señalando a los pequeños soportes para apoyar las raciones, en los que abundaban este tipo de recipientes, elaborados con un plástico de mayor grosor y duración que los habituales de ‘usar y tirar’. Para Lara, el motivo de este incremento en el uso de estos vasos es ofrecerlos gratuitamente con las consumiciones y no cobrar el euro que, el año pasado, se tomaba como fianza.

Entre raciones de guisos calientes y fríos, bocadillos, empanadas, fritos y postres, las diecisiete casetas regionales permanecerán hasta la medianoche del próximo día 11 cuando, con un despliegue pirotécnico, se pondrá fin, hasta el año que viene, a la Feria de Folclore y Gastronomía.

«Valladolid es una tierra de acogida»

«Esta Feria representa muy bien lo que es Valladolid: Valladolid es una tierra de acogida». De esta forma inauguró el alcalde de la ciudad, Óscar Puente, la Feria de Folclore y Gastronomía que cumple treinta y cuatro años en esta edición. «Valladolid ha tenido siempre la suerte de contar con personas provenientes de todos los puntos de la geografía nacional y, ahora, afortunadamente, de todo el globo», afirmó con entusiasmo el regidor en un breve discurso en el que subyacía la voluntad del Consistorio de comprometerse con la situación derivada de la guerra en Siria.

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«Valladolid ha sido, siempre, una tierra de acogida para los que venían de fuera y se ha enriquecido con sus aportaciones», explicó Puente, quien también hizo referencia a la inmigración de los jóvenes que se marchan al extranjero en busca de oportunidades que no les ofrece, actualmente, el país. «Nosotros también sabemos lo que es tener que irnos de nuestra tierra a otros puntos de España y del mundo y, más, ahora, en un momento tan delicado como el actual debido a la coyuntura económica», declaró el alcalde, quien también pidió «que tratemos a las personas que vengan de fuera como nos gustaría que nos trataran a nosotros cuando tenemos que abandonar nuestra tierra».