Diario de Valladolid

LA QUINTA ESQUINA

Luis Argüello: "La inmigración en Valladolid no es un problema de orden público ni de seguridad"

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española señala que "todo Estado tiene derecho a regular sus flujos migratorios"

Luis Argüello en la Quinta Esquina.

Luis Argüello en la Quinta Esquina.E.M.

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A escasas semanas de que los ciudadanos de Castilla y León acudan a las urnas el 15 de marzo, uno de los mayores representantes de la Iglesia vallisoletana ha ofrecido sus reflexiones sobre los asuntos que marcan la actualidad en la opinión pública. Lo hizo en el programa televisivo La Quinta Esquina de La 8 Valladolid, Diario de Castilla y León–El Mundo y EsRadioCyL. El invitado de la noche, el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha reivindicado la dignidad humana por encima de los intereses partidistas, calificando como «una buena cosa» el reciente Real Decreto para la regularización de las personas migrantes, aunque advirtió que la medida se ha visto condicionada por el contexto electoral.

«La inmigración en Valladolid no es un problema de orden público ni de seguridad», subrayó el arzobispo al ser preguntado por la percepción social del fenómeno migratorio en la provincia. Argüello señaló que estas personas sí tienen graves problemas de vivienda, denunciando situaciones en las que familias enteras se ven obligadas a alquilar una sola habitación. «Evidentemente hay una problemática cuando no se tiene una cobertura legal en dimensiones como los servicios sociales, la sanidad o la escuela», advirtió. En este sentido, recordó que «en los inmigrantes se concentran las mayores bolsas de pobreza».

Respecto al proceso legal, recuerda que «muchas instituciones de la Iglesia hemos estado acompañando el proceso recogiendo firmas para una iniciativa popular». Sobre la regularización de inmigrantes, defiende que «todo Estado tiene derecho a regular sus flujos migratorios» y que «hay que combatir las mafias que trafican con el hambre y la necesidad de tanta gente».

Por ello, indica que es bueno regularizar lo que ya hay, pero deben ponerse de acuerdo en cómo regularizar los flujos migratorios en su conjunto. «La Iglesia afirma la dignidad y el bien común, pero para el bien común de una sociedad no cabe una política de puertas abiertas», afirmó y, en este punto, lanzó un mensaje directo a las formaciones que se oponen: «¿Cuál es vuestra alternativa? ¿Expulsarles a todos, incluso a los que vosotros podéis tener trabajando en vuestras propias casas o explotaciones?». Aunque reconoció que «la alternativa es complicada».

En cuanto al clima político, Argüello advirtió que la «polarización extrema ayuda a argumentos populistas de un lado u otro», algo ante lo cual la Iglesia siempre trata de ayudar integrando «una visión católica». Asimismo, recordó que no solo hicieron una propuesta social a favor de la inmigración, sino también de la natalidad, porque «la cuestión demográfica en su conjunto no se puede separar». El arzobispo puso sobre la mesa un dato sobre lo que la Iglesia considera una problemática: «En España hay 104.000 abortos en el último dato que tenemos de 2024, prácticamente el mismo número del déficit demográfico». Ante el debate sobre la constitucionalización del aborto, el arzobispo presupuso las críticas que esto generaría: «Seguramente algunos digan que lo que yo deseo es que gobierne Vox o el Partido Popular», lamentó el arzobispo.

«La Iglesia no solamente tiene derecho, sino que tiene la obligación de expresar sus opiniones», reivindicó Argüello, aclarando que se trata de valoraciones de «carácter ético-moral» para iluminar los asuntos que ocurren en la sociedad. En este sentido, criticó que en el actual juego de la polarización extrema los grupos políticos opinen bajo una lógica excluyente que, desde la perspectiva cristiana, «solo puede decir Jesucristo, que es estás conmigo o estás contra mí».

La entrevista también dio pie a recordar la etapa de la Transición, evocando aquellos tiempos en los que Argüello impartía clases en un bar de Valladolid para evitar que los alumnos perdieran el temario. El arzobispo mencionó que en aquel momento se compartía un «ideal de construir y edificar una sociedad democrática con sus luces y sombras», subrayando que aquel proceso histórico se cimentó en la «reconciliación, amnistía y perdón mutuo». Bajo esta premisa, Argüello expresó su voluntad actual: «A mí me gustaría colaborar para conseguir que lo primero que hiciéramos en un diálogo es buscar en qué estamos de acuerdo para luego poder abordar los desacuerdos».

«El modelo de integración que ha dominado en Europa ha sido la llamada multiculturalidad, pero creo que es un modelo fracasado», sentenció Argüello, apostando por buscar modelos de interculturalidad. Defendió la necesidad de respetar las culturas y tradiciones, pero insistió en que «tenemos que encontrar elementos de reconocimiento mutuo porque si no la convivencia no es posible». Para el arzobispo, la crisis de las democracias occidentales reside en la pérdida de referentes éticos compartidos entre las personas.

En este marco, ante la cuestión del burka, señaló que es discutible que se trate de un elemento de identificación religiosa. Aún así cree que es respetable, pero que hay elementos de bien común y convivencia que pueden perfectamente decir, a la hora de relacionarse, que es bueno que «nos veamos el rostro». Además, sugirió que habría que escuchar a las propias mujeres para discernir si su uso es «voluntario o impositivo» y recordó que «también hay otros criterios de vestimenta» en espacios públicos o privados en los que se reserva el derecho de admisión según cómo se vaya vestido en algunos. Por ello, consideró fundamental «establecer un diálogo, incluso con responsables de colectivos de procedencia musulmana, para alcanzar acuerdos sobre los rasgos interculturales».

En este sentido de la interculturalidad, el arzobispo hizo hincapié en la importancia de partir de la realidad y los problemas cotidianos. Argüello planteó el desafío de articular la convivencia cuando, tras siglos de estabilidad social en cuanto a las raíces, nos encontramos con sociedades en las que la movilidad genera pertenencias muy diversas. «Encontrar estos puntos que nos ayudan a la vida en común es muy importante», remarcó, señalando este reto como uno de los ejes fundamentales para el futuro de la sociedad.

«Me gustaría que los partidos políticos nos ofrecieran sus programas y que, en la medida de lo posible, sean fieles a ellos», manifestó el arzobispo de cara a la cita electoral. Argüello subrayó que, si no se obtiene una mayoría suficiente para gobernar con el programa presentado, es necesario estar dispuesto a un diálogo con otros donde se reconozca la necesidad de ceder y pactar. En esta línea, pidió «compromiso por parte de todos para erradicar los insultos» al «buscar los puntos de encuentro de los respectivos programas y desde ahí abordar las diferencias». Además, señaló la importancia de estar dispuestos a alcanzar acuerdos a largo plazo. «Con eso me doy por satisfecho», afirmó Argüello.

Al coincidir el periodo electoral con el inicio de la Cuaresma, el arzobispo deseó que esta campaña tenga «algunos elementos penitenciales». Pidió que la gente quiera «trascender a sí mismo por la oración», que se «ayune o se abstenga de insultos». Asimismo, instó a los políticos a realizar la «limosna de ofrecer a los ciudadanos un programa claro para poder decidir», permitiendo así que el votante ejerza su derecho con conocimiento y facilitando que, tras las urnas, se alcancen los puntos en común necesarios para garantizar la gobernabilidad.

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