Diario de Valladolid

RUPERTO SÁNCHEZ | VALLISOLETANO, PRESO POLÍTICO CASI OCHO AÑOS EN VENEZUELA

"Mi celda de aislamiento pasaba de 9 a 40 grados y nos ponían discursos de Chávez durante horas"

Teniente coronel disidente, el régimen chavista lo sometió a un calvario por varias prisiones junto a presos comunes: "La doble nacionalidad me sacó de la cárcel y me vine a la ciudad donde nací"

Ruperto Sánchez en la Plaza de Zorrilla de Valladolid.

Ruperto Sánchez en la Plaza de Zorrilla de Valladolid.JUAN GARCÍA

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Casi ocho años preso político en Venezuela. De ellos, siete y medio seguidos, en un calvario que le llevó de un presidio a otro, recluido injustamente por el chavismo. Su única culpa fue denunciar el tráfico de drogas, auspiciado por mandatarios del régimen, que estaba viendo con sus propios ojos. Un tráfico del que sacaban buenos réditos los funcionarios de Maduro. El vallisoletano Ruperto Sánchez fue liberado en 2021. Pasó de ser teniente coronel, con el estatus que lleva aparejado el cargo, a ser empleado de hostelería en un pueblo de Valladolid, pero libre. Desde entonces vive en la ciudad del Pisuerga. Tras la detención de Maduro al otro lado del charco, ve con ojos nuevos a su Venezuela, con una nueva ilusión. Tiene más ganas que nunca de colaborar para lograr que vuelva la democracia.

Pregunta. ¿Vallisoletano de adopción o de nacimiento?

Respuesta. Nací aquí, mi padre es venezolano y mi madre pucelana. Él vino a estudiar Medicina a Salamanca, y terminó su carrera aquí, en el Hospital Universitario. Ahí conoció a mi mamá y, bueno, se enamoraron, se casaron y aquí estoy. Yo nací en el 66. Luego, cuando yo tenía cinco o seis años, se mudaron a Venezuela.

P. ¿Cómo se pasa de ser teniente coronel en tu país a ser un preso político?

R. Yo no ascendí a general porque a mí me botaron [me echaron]. Estuve preso tres veces: en 2006, 2008 y de 2014 a 2021, por estar en contra del Gobierno, porque es un gobierno, inclusive ahorita, de narcotraficantes, delincuentes. Y yo nunca me presté a eso. Traficaban con niños, con drogas. Hacían pactos con la FARC, el grupo guerrillero. Yo como militar nunca estuve de acuerdo.

P. El régimen sigue defendiendo que ganó las elecciones, y la oposición que hicieron trampa. ¿Qué pasó?

R. Cuando vivía en Venezuela, antes de estar preso, fui jefe del Plan República [despliegue militar en los procesos electorales de Venezuela, para garantizar la seguridad], como lo suelen ser los militares de alto rango cuando hay elecciones. Me dieron dos alcaldías con más de 50 escuelas, centros de votación que yo tenía que supervisar, y vi cómo hacían trampa.

Ruperto Sánchez en una celda de castigo de la prisión.

Ruperto Sánchez en una celda de castigo de la prisión.E. M.

Yo no estaba de acuerdo, me quejé, y ahí sufrí la primera detención, de 22 días, en 2006. Luego, en 2008, estuve seis meses, por denunciar un cargamento de drogas. Llegaron unos aviones. Yo era comandante de la policía de la base principal de Venezuela, la base Libertador. Vi cómo echaban combustible a aeronaves que no estaban registradas a las 2, las 3 de la madrugada. Los detenía.

P. ¿Estaban traficando?

R. Estaban repostando, eran aeronaves que luego me imagino que iban para México, qué sé yo. Llevaban droga, claro, eso seguro. No me dejaron comprobarlo. Vi muchas cosas que no tenía que haber visto. Mi moral no me permitía pasar eso, hacer la vista gorda.

P. ¿Cómo lo denunciaba?

R. Le agarraba al comandante de la base, un general que está imputado por narcotráfico en Venezuela. Yo se lo decía: «Qué es esto». Pero él tenía una impunidad de más de 20 años haciendo lo que daba la gana, auspiciado por Chávez y por la rata esa de Maduro.

P. Así que se convirtió usted en alguien molesto para el régimen.

R. Claro. Luego me encerraron siete años y cuatro meses, de 2014 a 2021. Cuando decían que me iban a liberar, no lo hacían. Al final mi esposa, desesperada por sacarme, invocó mi doble nacionalidad, y eso condujo a mi excarcelación.

En Venezuela, si haces determinados trabajos, te van quitando horas de presidio. Yo enseñé a mucha gente a leer y a escribir allá en las cárceles. Me iban quitando horas. Acumulé más de un año en que debía estar libre, pero nada. Entonces mi esposa apeló a la doble nacionalidad. Habló con la embajada. El cónsul general, que era de Burgos, una excelente persona.

Abogaron y abogaron para que se cumpliera la ley, no es que me sacaran a mí porque yo era español. Igualito pasé un año más, siete años y casi cuatro meses. Y bueno, y tuvieron que sacarme prácticamente de la mano de la cárcel, escoltarme.

P. Y claro, le sacarían con la condición de que se viniera a España.

R. Sí, sí. Me dieron mi pasaporte, un pasaporte verde, y vine para acá. Tuve que sacar a toda mi familia, porque si no, iban contra mis hijos. Diosdado Cabello me había amenazado, y a mis hijos. Tengo dos, Roberto y Verónica, que están con nosotros aquí en Valladolid. Roberto ahorita tiene 25 años y Verónica 20.

P. ¿Cómo fue el vía crucis desde que se convirtió en alguien indeseable para el chavismo?

R. Cuando me metieron preso en el 2008 ya me quitaron toda la potestad de mando, en la base Libertador [situada entre las poblaciones de Palo Negro y Maracay en el estado Aragua, a 120 kilómetros de Caracas, la mayor base aérea de Venezuela]. Yo era comandante de la Policía Militar de esa base y comandaba a más de 1.200 hombres. Desmantelaron la unidad y a mí me metieron preso por seis meses.

Luego me dijeron que me fuera, pero yo me quedé en Venezuela. Estuve como cinco años y seis meses, algo así, de régimen de presentación. Cada 30 días tenía que acudir. En una de estas presentaciones me volvieron a meter preso porque dije unas cosas que yo no estaba de acuerdo, denunciando el narcotráfico y la trata de niños.

P. ¿Trata de niños?

R. Todo tipo de delitos. Descubrí a personas que tenían hasta 14 DNI distintos. O sea, que podían votar 14 veces. Gente que votaba por el régimen. Otros compañeros me dijeron que había ciudadanos en Venezuela que tenían hasta 70 documentos de identidad distintos. Esas personas podía votar todas esas veces a Maduro. Yo denunciaba eso, empecé a concienciar a las personas de lo que estaba pasando y claro, me apresaron.

P. Le apresaron porque comenzó a convertirse en activista político.

R. Claro, más o menos. Sobre todo yo se lo contaba a los militares, algunos se preguntaban si era cierto lo que estaba pasando. Por supuesto, me volví antipático para el régimen.

P. Algunas de las cárceles de Venezuela se han hecho famosas, como el Helicoide, el Pozo... ¿En cuáles estuvo usted?

R. El Helicoide lo llaman ‘La Tumba’, porque está bajo tierra, hay cinco pisos hacia abajo, y uno duerme en unas lápidas de cemento. Las paredes también están hechas de cemento. Pero yo estuve en ‘El Digestín’, que es lo mismo, pero no cinco pisos bajo tierra, sino tres. Estuve ocho meses en aislamiento. Era la misma cuestión que en el Helicoide: nos ponían unas temperaturas de 9 grados, y luego nos apagaban el aire y pasábamos a 40 grados centígrados. Estuve en El Digestín, en Boleita [se trata de la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela, en Caracas]. Estuve también en la Policía Militar de Fuerte Tiuna, también en Caracas. Me pasaron para allá porque supuestamente era problemático, porque me quejaba de hablar con los pericos. Yo tenía liderazgo, porque a la gente le decía la verdad.

Luego me pasaron a La Pica, en Maturín, en el estado de Monagas, una cárcel en la que también hay delincuentes comunes [hasta entonces las prisiones habían sido militares]. Estaba con maleantes, con narcotraficantes de los más duros en Venezuela. Con presos comunes, que incluso encargaron que me mataran. Pero yo, que había sido de las Fuerzas Especiales de la Guardia Nacional, tampoco era ningún mocho [es decir, que no era manco]. Ahí la tuvimos.

P. ¿Cómo se vivía en esas instalaciones?

R. Yo tenía el pelo rapado, la celda estaba llena de porquería. Tenía que hacer las necesidades en un tobo [un balde], y tirarlo por un hueco. Era dantesco lo que yo viví. En La Pizca estuve también en una celda de castigo. Porque la comida que nos daban, la llevaban en la misma carretilla donde botaban la basura. Yo me quejaba, contestaba, y me imponían un castigo. Me metieron en esa celda de castigo, que medía dos por dos metros, una vaina [cosa] pequeñita.

P. O sea, estuvo en tres cárceles.

R. Más, porque después de ElDigestín, me trasladaron al Centro de Procesados Militares en Ramo Verde [o Prisión Militar de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques, al oeste del Estado Miranda]. Esa es famosa también. Y en uno de esos traslados estuve un tiempo en la Policía Militar de Fuerte Tiuna [en Caracas]. Y luego me pasaron a Maturín, a La Pizca. De ahí me trasladaron otra vez para el Centro de Procesados Militares. Cada vez que protestaba o hacía algo me iban cambiando para todos lados.

P. ¿Las torturas se limitaban a los cambios de temperatura, o a mantener siempre la luz dada?

R. No, no se limitaban a eso. Ahí te daban también tus golpes. Te golpeaban con cachetadas, patadas, de todo. Yo estuve ocho meses con la luz encendida en una celda, qué sé yo, de tres por dos metros, o tres por tres. Todo el día la luz encendida. A veces te ponían discursos de Chávez a todo volumen. Te alertaban con una corneta y te ponían un discurso del pendejo ese.

P. Eso sí que debía de ser toda una tortura. Intelectual, pero tortura.

R. Claro. Te tenían tres, cuatro, cinco, seis horas, todo el día escuchando al pendejo, las tonterías que decía.

P. ¿Cómo pudo ocurrir todo eso? Usted conoció lo que había antes de Chávez. ¿Cómo fue posible un cambio así en Venezuela?

R. Eso es un estudio antropológico que deberían hacer en Venezuela. Mira: en Venezuela la gente era feliz. Ganábamos dinero. A la gente yo no sé qué le pasa, eso es un efecto psicológico. Ojo, que estoy viendo que lo están aplicando aquí lentamente. Lo que pasa es que aquí en España está la Unión Europea, que medio frena eso, y tienen que guardar las formas. Pero en Venezuela, gente que ganaba 3.000 o 4.000 dólares al mes ahorita está ganando 5 o 6 dólares, y son chavistas. Yo no entiendo eso. Son desnutridos mentales. Pusieron a gobernar a lo peor de la sociedad.

Yo era el sexto de mi promoción. Y ascendí a teniente coronel el antepenúltimo. El último de la promoción era el número uno. Antes evaluábamos por mérito, por nota, por desempeño. Sin embargo ellos a los últimos en la promoción los pasaron los primeros. Personas que no sabían ni leer ni escribir eran alcaldes, gobernadores, los pusieron en centros de poder.

P. Supongo que eso garantiza una lealtad absoluta.

R. Imagínate, no hay nada más leal que una persona de esas, que nunca estudió, y de pronto ahorita es encargado, es poderoso.

P. ¿Cree que hay un paralelismo en España? ¿Cree que podría ocurrir lo mismo?

R. Rotundamente. Mira, ya para empezar, el mismo software que utilizaron allá para contabilizar los votos en las elecciones, lo utilizaron aquí. Lo digo bien alto para que se sepa. Nosotros contactamos incluso a los ingenieros que hicieron ese software, el famoso Smartmatic. Es un software que controla las elecciones. Que tú votas, pero tú no votas.

P. ¿El mismo?

R. Suena irónico, ¿no? Lo aplicaron en Estados Unidos y lo aplicaron aquí. Yo aquí se lo expliqué a un diputado, no quiero decir el nombre por no comprometerlo. Inclusive yo se lo dije a un agente del PP de los duros, que se reía de mí. Entonces, ¿qué pasa? Que ahorita Feijóo nunca va a sacar más votos que Pedro Sánchez. Sacaron partiditos de esos de mierda. Sí. Y entonces se juntan todos y te ganan.

Ahora Feijóo puede sacar cincuenta mil millones de votos, pero esos partiditos son los que le van a hacer la mayoría absoluta en el Congreso. Nunca más van a hacer gobierno el PP ni Vox. Esos partiditos te dan 10 diputados, 5 diputados, suman lo que necesita para gobernar. Y así va la cosa. Utilizan el mismo software que utilizaron en Venezuela.

P. Eso suena muy alarmista. Aquí la situación es distinta, hay libertad. Todavía se puede salvar la situación en España, ¿no cree?

R. Está gobernando el populismo. Fíjate lo que pasó en Estados Unidos, Y lo que pasó en Venezuela. Metieron una inmigración incontrolable. Gente a la que le están dando el DNI. No quiero decir nacionalidades, porque entonces dicen que yo soy homofóbico y un montón de cosas. Pero tú al dar un DNI a alguien le estás dando poder, y ese votará siempre por ti, así de simple. Tú te pones a ver las estadísticas de cuántos marroquíes, subsaharianos, etcétera, han metido para acá...

P. ¿Cree que sería mejor que fueran de otros países de origen?

R. Yo le propuse a Mañueco, a propósito de lo de la ‘España vaciada’, que yo podría traer venezolanos a Castilla y León. Poblar los pueblos de esta tierra con ingenieros, abogados... No me aceptaron eso, y esa gente son católicos, hablan español, tienen prácticamente las mismas costumbres, y todos odian el socialismo. La mayoría, el 99% de los que estamos aquí, odiamos el socialismo. Yo no entiendo a estos políticos aquí.

P. Pero el número de venezolanos sí ha subido mucho en Valladolid en los últimos tres años. ¿A qué cree que es debido?

R. Primero, es una ciudad bella, no lo digo porque yo naciera aquí: es bella, es tranquila, es limpia, y económica. Aparte de eso, mi esposa le ha hecho más propaganda, y se han venido muchos venezolanos para acá, porque aquí es más barato vivir, y aquí se trabaja. Mi cuñada y varios amigos míos, que estaban en Estados Unidos o en Chile, se han venido para acá, no voy a decir que por mi esposa y por mí, pero nosotros hemos ayudado algo.

P. ¿Viven con la esperanza de que la situación cambie en Venezuela, y volver, o lo ven muy difícil?

R. Ya no es una esperanza, la veo como una realidad a corto plazo, en este año. Tengo una líder, María Corina Machado, que es amiga de nuestra familia, y lo está haciendo espectacular. Gracias a ella, fíjate cómo logramos guardar las elecciones del 28 de julio de 2024. Los votos se conservaron. Las actas las modificaron, pero los votos nosotros los guardamos, directos, sin pasar por las manos de delincuentes del Gobierno. Por supuesto se eliminó el voto por correo, eso es un chollo, en Estados Unidos ya Donald Trump descubrió millones de votos cancelados por correo, que eran falsos. Y aquí pasa igual. Que se sepa.

P. Han apresado a Maduro pero han puesto a su mano derecha, Delcy Rodríguez, en el poder. ¿De verdad lo ve tan inminente? ¿No se quedará ella en el poder otro montón de años?

R. No, no, no. Va a haber una transición. Los venezolanos ya no están con ellos. El chavismo, y también Delci, traficaban oro para acá, para Europa, para Suiza. Maduro sacó 120 toneladas de oro del país en el tiempo que estuvo en el poder, mientras se estima que en todos los años del Imperio Español, España sacó 150 toneladas de oro. En Venezuela saben que Maduro, él solito en unos pocos años, ha expoliado 120.

Delci Rodríguez tiene oro, y Estados Unidos lo sabe, en Dubai, en Turquía... Ella está negociando su salida, su exilio dorado, algo que no quiso hacer Maduro, y así le fue. Tenemos el problema de Diosdado Cabello, y del ministro de Defensa, Padrino López, pero Estados Unidos se va a encargar de eso. Nosotros manejamos la información de que va a haber elecciones a final de este año. María Corina tiene que ir antes a hacer campaña, y entonces yo la acompañaré.

P. ¿Elecciones a final de año? ¿Eso es de buena tinta? ¿Usted se presentará a algún cargo político?

R. Claro, yo recuperaré allí el estatus que me quitaron, yo tengo dos postgrados, dos maestrías, estudié en Estados Unidos, estudié aquí, en la Complutense, estudié en Israel, en Brasil... Estudié muchas veces en Estados Unidos, iba a hacer cursos, y aquí estoy para lavar platos. Mi papá no me crió para eso. Yo busco lo mío, yo busco mi estatus.

P. Allí era usted teniente coronel. ¿Aquí en qué trabaja?

R. A mí, primero, nadie me quiso traer: ni el Gobierno, ni el de Castilla y León, ni la Alcaldía. Hablé con todo el mundo. Yo les pedía no que me regalaran dinero, no que me dieran una paguita, como hacen los marroquíes. Yo solo pedía que me dieran un trabajo.

Nadie me apoyó. Yo, al tener la nacionalidad española, no he podido acogerme al régimen de refugiado político, no tengo ningún subsidio. Así que trabajo en la hostelería, en un establecimiento excelente, que se ha portado conmigo muy bien y en el que me han dado una oportunidad. Ahí he trabajado para lavar platos. Mi hijo me consiguió el trabajo. Luego él se fue a trabajar a Palma de Mallorca, yo he ido algunos meses, ganaba mucho más, pero estaba lejos de mi familia, y lo que yo quiero es estar con mi familia. Estuve preso separado de mi familia casi ocho años y quiero estar con ellos.

Ahorita estoy por temporadas, dentro de poco me llamarán para volver otra temporada a Palma de Mallorca. Estoy yendo y viniendo, trabajando en lo que puedo, porque aquí no he recibido ningún apoyo gubernamental de ningún tipo.

P. Cuando vivía en Venezuela, ¿formaba parte de algún partido político?.

R. No, de ninguno.

P. Si ahora volviera, formaría parte, supongo, del de Corina.

R. Por supuesto, sí. Sí, en cualquier puesto político. Ya estoy en ello. Por ejemplo, dentro de un rato tengo que hacer una videoconferencia. Estoy trabajando en la liberación de Venezuela desde aquí. Yo estoy moviendo gente, estoy contribuyendo a que el cambio suceda.

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