70 SEMINCI VALLADOLID 2025
Loznitsa llega a Seminci para revivir con 'Dos fiscales' los años de la Gran Purga de Stalin
El directo ucraniano llegó por primera vez a la Semana Internacional de Cine de Valladolid el año pasado, con su película 'The Invasion'
El director de la película 'Dos fiscales', Sergei Loznitsa
El año pasado, la fuerte perspectiva del director ucraniano (de origen bielorruso) Sergei Loznitsa llegó por primera vez a la Semana Internacional de Cine de Valladolid con su película 'The Invasion', que formó parte de Tiempo de Historia y exploró la resistencia del pueblo ucraniano desde una perspectiva real. Ahora, el cineasta utiliza la ficción para llevar a la pantalla 'Dos fiscales', una novela del prisionero político Georgy Demidov, que se sitúa en los difíciles años de la Gran Purga de Stalin dentro del Partido Comunista Soviético. Después de participar en la competición oficial de Cannes, la película se ha añadido hoy a la Sección Oficial de Seminci, y por primera vez, el director estuvo presente en Valladolid para apoyar su obra.
La película enfrenta dos maneras contrapuestas y antagónicas de entender la justicia: la del fiscal local inspector de prisiones Kornev, que interpreta Alexander Kuznetsov, y la del todopoderoso fiscal general del régimen, Vyshinsky, desde su despacho en Moscú, encarnado por Anatoliy Beliy. La honestidad contra la corrupción, la firme creencia en los principios que llevaron a la creación del Partido Comunista Soviético frente a su desintegración de la mano del totalitarismo, informa ICAL.
Loznitsa explicó en Valladolid que ‘Dos fiscales’ nació de materiales de archivo sobre la Gran Purga llevada a cabo por las tropas estalinistas por toda la Unión Soviética a finales de los años 30 del pasado siglo. “Realizaron acusaciones públicas falsas a miles de personas para dividir al pueblo. Acusaron a ingenieros, intelectuales, miembros del partido... y encarcelaron a más de 70.000 intelectuales. La gran pregunta era por qué a ellos. Ahora ya sabemos que los acusados no participaron en ningún tipo de sabotaje contra el poder soviético, y eso es lo que quería mostrar en la película”, relató.
El cineasta recordó que el autor del libro original fue “un auténtico genio de la física”, que llegó a colaborar en el proyecto de la bomba atómica. “Le arrestaron en 1938 y pasó los 14 años siguientes en un campo de concentración. Tiempo después empezó a escribir pero la KGB le detuvo y se quedó con todos sus escritos, que no vieron la luz hasta los primeros años de la Perestroika, cuando él ya había muerto”, apuntó.
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Al contemplar los documentos reales de los juicios de cuanto aconteció en esos años de la Gran Purga, Loznitsa quedó “sumamente impresionado”. “Es casi imposible creer que aquello sucediera tal cual”, señaló, y fue precisamente por ello por lo que decidió usar localizaciones reales para grabar dentro de una prisión auténtica de ese periodo, ciñéndose a una estricta paleta de colores creada para la ocasión por su director de fotografía habitual, el rumano Oleg Mutu. El gris, el negro, un marrón muy particular y un rojo borgoña que evoca constantemente el tono de la sangre presiden el relato.
Además, el inmovilismo de la cámara le ayudaba en su misión de retratar el totalitarismo que propició aquel horror, que según explicó resuena con especial intensidad en el presente actual. “Quería mostrar lo que sucedió con estas personas que fueron acusadas en juicios públicos y que acabaron en prisión. Si vemos lo que está sucediendo actualmente en Rusia, encontramos similitudes con lo que sucedió hace 80 años, y eso significa que nada ha cambiado realmente en la sociedad, no estamos tan lejos de los peligros de antaño, de esos estados totalitarios”, abundó. A su juicio, “es importante entender lo que sucede y qué tipo de errores cometió la gente para poder llegar a aquella situación”.
También aprovechó su encuentro con los medios para reflexionar entre las concomitancias y divergencias entre documental y ficción, dos géneros que considera “diferentes, sin duda”, no solo en el lenguaje sino en aspectos como la “ética”, y aludió a la hibridación entre ambos como un camino natural por intentar “aproximar la realidad al espectador”. En ese sentido, auguró que”el veloz desarrollo tecnológico nos empujará hasta un punto en el que no podremos determinar si una imagen es falsa o real”. “Al final ese es el juego en el que estamos inmersos. Y si ahora es complicado, en el futuro cada vez será más difícil creer en las imágenes, porque seremos capaces de crear cualquier cosa”, concluyó.