Diario de Valladolid

«Todo fue acordado con mi madre; yo la mataría y luego me suicidaría»

El acusado del crimen de Parquesol declara que ella le dijo que no quería sobrevivir a la muerte de su hijo, por el dolor de su pérdida y porque iría a una residencia / La fiscal mantiene que fue un asesinato «planificado» y «ejecutado»

César F. M., junto a su abogada, en la primera sesión del juicio con jurado celebrado ayer en la Audiencia de Valladolid por el  ‘crimen de Parquesol’.-P. REQUEJO

César F. M., junto a su abogada, en la primera sesión del juicio con jurado celebrado ayer en la Audiencia de Valladolid por el ‘crimen de Parquesol’.-P. REQUEJO

Publicado por
Íñigo Arrúe
Valladolid

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«Todo fue acordado con mi madre. Yo la mataría y luego me suicidaría, Es lo que deseaba ella, es lo que quería yo». César F.M. acusado de provocar la muerte de su progenitora, Sacramento Martínez, de 71 años, el 30 de enero de 2018 en el domicilio de ambos en Parquesol, insistió ayer en el juicio que puso fin la vida de su impedida madre, a la que quería «con todo el alma», para poner fin a una situación vital que había tocado fondo.

Primero por la reincidencia de él en intentos de suicidio y segundo por el pánico de la mujer a ser reingresada en una residencia. Vivía únicamente atendida por su hijo menor, el acusado, y una asistenta por horas. Y si faltaba el vástago, tendría que regresar a un centro de atención o de mayores, la mayor de sus angustias porque lo había pasado mal en dos estancias anteriores en contra de su voluntad: 6 meses en el complejo asistencial Benito Menni cuando sufrió el infarto isquémico y cuando César fue ingresado en un psiquiátrico tras su primer intento de suicidio en julio de 2017, dos meses después de la muerte de su padre, M.F.L., el 5 de mayo de aquel año.

César F. M., de 39 años, declaró en la primera sesión de juicio con jurado celebrado en la Audiencia de Valladolid, que todo fue pactado con su madre. Aunque impedida para hablar por haber sufrido un ictus el 30 de marzo de 2015 que además le paralizó el lado derecho del cuerpo, ella le había hecho llegar «bastante antes de Navidades» que la solución era que ambos se marcharan para siempre. Su lenguaje era con movimientos de cabeza para decir ‘sí’ o ‘no’ y por la comunicación no verbal avanzada de personas que están siempre juntas.

Así lo manifestó César F.M., que trabajó en la garita de seguridad de Lauki hasta que tuvo que hacerse cargo de su madre en 2015. Ytambién de su padre, al que cuidó en sus dos últimos años de vida, ya que necesitaba de oxígeno domiciliario, se desplazaba en silla de ruedas y precisaba ayuda para las actividades de la vida diaria.

En resumen, un escenario previo a los hechos resumido en un hijo menor que cuidaba en solitario de sus padres severamente impedidos. Él era el único residente en el domicilio paterno de la Federico Landrove Moiño, 15, de Parquesol. Tenía dos hermanos mayores casados y que vivían con sus respectivas familias. Pero como recordó su abogada defensora, Carmen Hedrosa, no le daban relevo en la asistencia de cuidar a su madre.

Por ello, la letrada, en su alegato inicial, se dirigió a las cinco mujeres y cuatro varones del jurado para solicitar una condena por una «cooperación al suicidio», un delito de asistencia al suicidio penado con dos años de internamiento en un centro psiquiátrico, ya que además concurren, mantuvo, el padecimiento acreditado de un trastorno obsesivo compulsivo, un trastorno depresivo recurrente y una capacidad intelectual límite, y las atenuantes de embriaguez y confesión.

«Ambos lo habían decidido», aseguró al representante de César F.M. «Ambos deseaban morir y la única voluntad de Sacramento era no sobrevivir al suicidio de su hijo. Era el único hijo que vía con ella, sabía que había tenido dos intentos de suicidio y sufría por ello. Él la cuidaba y nunca renegó de ello», remachó la letrada.

Tres métodos de muerte

Enfrente, la exposición de la fiscal Mónica Campo buscó en todo momento demostrar que César cometió un delito de asesinato, por el que pide 20 años, en un crimen que «planificó» y «ejecutó» con tres métodos de muerte: la ingesta de 60 ó 70 pastillas, la colocación de una almohada al ver que seguía con vida y finalmente la introducción de gasas y algodones en la boca y la nariz.

La agonía de Sacramento empezó a las 15 horas del 29 de enero con la ingesta brutal de medicamentos (codeína. citalopram, lorazepam, morfina y pregabalina, entre otros) y concluyó a las 14 horas del día siguiente con los citados recursos de la almohada y el algodón en las vías respiratorias. César se marchó poco después en AVEa a Alicante para, supuestamente, suicidarse en el Hotel Bali.

La acusadora pública echó en cara a César que Sacramento estuviera «totalmente desprotegida y desvalida», y también sin testigos, ya que el acusado pidió a la asistenta que no fuera a la casa la tarde del 29 ni la mañana del día 30.

Una gran depresión

Tras los alegatos de las partes, todo el protagonismo de la sesión de ayer se centró en la declaración de César, quien perdió el hilo en más de una ocasión, se excusó por sus lagunas de memoria y rompió a llorar cuando su abogada le preguntó si quería a su madre.

El acusado explicó que la hora de la verdad para llevar el plan de las dos muertes se produjo en enero de 2018, cuando fueron a visitarlos unos sobrinos de él, nietos de ella. «Antes cuando venían hablaba y jugaba con ellos, y en esa ocasión tenía una gran depresión, me quedé sufriendo y, cuando se fueron, estrellé un vaso contra la pared de la rabia. Mi madre se dio cuenta. Sabía de mis dos intentos anteriores de suicidio y fue hacia las pastillas y me las señaló. Con gestos, me dijo que las quería tomar. Lloré y me dio a entender que no quería sobrevivir a mi muerte», rememoró.

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