El asesino de Sangrador condenado, 5 lustros después, a 4 años por abusos sobre una menor
Invitado a pasar la Nochebuena de 2016 por un amigo, acarició la ingle, la entrepierna y rozó el pubis de la nieta de éste / Un tío de la niña reaccionó: «¡¡Llévatelo porque le voy a meter tal paliza que no lo reconocerá ni su madre!!»

Valentín Tejero, abandona la cárcel el 27 de noviembre de 2013 tras cumplir 21 de los 63 años por asesinar a Olga.-ICAL
Los expertos ya avisaron que sujetos como el violador y asesino de la niña Olga Sangrador en junio de 1992 –y condenado a 63 años en septiembre de 1993– nunca se rehabilitarán. Solo tres años duró Juan Manuel Valentín Tejero, tras su polémica salida de prisión en noviembre de 2013, en volver a reincidir cometiendo un nuevo delito sexual sobre una menor. Fue un abuso cometido sobre la nieta de un amigo y la Justicia le ha condenado a cuatro años de cárcel, según la sentencia a la que ha tenido acceso EL MUNDO DE VALLADOLID.
Los hechos sucedieron en un domicilio de Madrid el 24 de diciembre de 2016. Por aquella época Valentín Tejero, ahora de 57 años, había roto cadenas con Valladolid. Vivía en el madrileño barrio de Delicias y se hacía pasar por ‘Benito’, un profesor asturiano en paro que ayudaba en una comunidad cristiana haciendo chapuzas. Su domicilio era una habitación alquilada a una familia que desconocía quién era su huésped.
Con esta nueva identidad conoció a R.Z.M., quien, solidario, le invitó a celebrar la Nochebuena en su casa. Una reunión en la estaban amigos y otros familiares de R.Z.M., entre ellos su nieta de 10 años. El ex quiosquero vallisoletano no tardó en fijarse en la pequeña y a la una de la madrugada pasó al ataque. No le importó que otro familiar de la niña S.M.E.J. pudiese observar la escena, como así fue, lo que da idea de la falta de control de asesino de Olga Sangrador.
Así lo recoge la sentencia de la Audiencia de Madrid en el apartado de hechos probados. «Sobre la una hora del día 25 de diciembre de 2016, en el curso de la celebración y mientras la niña estaba pintando en un pequeño escritorio, Juan Manuel se le acercó y realizó diversos tocamientos sobre ella, acariciándole el estómago, la ingle, a escasos centímetros del pubis, por fuera del pantalón que llevaba puesto, y la zona abdominal, por debajo de la camiseta, para de nuevo volver a acariciar la ingle, a sabiendas de la trascendencia de su conducta, pero la acción fue observada por un familiar de la niña que puso fin a la situación y conminó al acusado a abandonar la vivienda.
Expulsado de la casa
Valentín Tejero fue expulsado de la casa con cajas destempladas. Posteriormente denunciado, sometido a una larga investigación por parte del Juzgado de Instrucción 37 de Madrid y finalmente detenido meses después en Guipúzcoa. Ingresó de forma preventiva en Soto del Real en noviembre de 2017.
Yllegó el juicio en la Audiencia de Madrid tras el cual ha sido condenado a la pena de cuatro años y un día de prisión, con la accesoria de inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena.
Fueron «cosquillas»
Asimismo, le impone la prohibición por tiempo de catorce años de aproximarse a menos de 2.000 metros de la víctima, o de su domicilio o lugar de estudio o trabajo y de comunicarse con ella por cualquier medio, así como libertad vigilada por tiempo de diez años, con las obligaciones o prohibiciones que en su momento se establezcan y a cumplir con posterioridad a la pena privativa de libertad, e inhabilitación especial para el ejercicio de cualquier profesión u oficio, sea o no retribuido, que conlleva contacto regular y directo con menores de edad, por tiempo de nueve años.
Tejero se presentó al juicio con un relato de inocencia, pero no coló. Negó haber ejecutado la acción que se le atribuía, al no haber efectuado tocamiento de naturaleza sexual sobre la menor, aunque admitió en el plenario que la niña estaba sentada a su lado y que «sólo le hizo cosquillas y le tocó la pierna cuando le dijo que era tarde y que se fuera a la cama».
La contundente declaración del testigo de los tocamientos. S.M.E.J. fue clave para tumbar esta excusa y apuntalar la condena. Así, declaró que estaba sentado frente a la niña y el acusado, y que observó lo que estaba sucediendo, a lo que puso fin con su intervención. «Le acariciaba de más», dijo. «primero la tripa muy incómodamente, de costado, luego fue bajando a la pierna, a la entrepierna y que subía otra vez».
El familiar recordó que eso no le gustaba nada. «No era normal que un adulto acariciara a una menor de esa forma. La mano de ese señor bajó a la entrepierna de la niña y después subió y acarició el estómago, primero por encima de la ropa y sacó la mano, fue al baño nervioso». rememoró.
Foto del tocamiento
Ante el cariz de los abusos, un familiar de la niña cortó todo en seco. «Vino su otro tío y dijo ‘¡¡Llévatelo porque le voy a meter tal paliza que no lo va a reconocer ni su madre!!’», declaró S.M.E.J. El sobeteo de Valentín Tejero fue incluso filmado por su familiar en una corta grabación y con una foto en la que se ve la mano del reincidente vallisoletano en la entrepierna de la menor.
El ponente de la sentencia, el juez Pascual Fabiá Mir, agregó más argumentos contra Tejero, especialmente por la credibilidad de los testimonios y la ausencia de motivos espurios para que los declarantes cargasen contra el asesino de Olga Sangrador. Básicamente, no tenían nada contra él, hasta entonces.
Y apunta especialmente a la reacción de la niña, propia de una víctima asustada, que había visto sido atacada en su indemnidad sexual. Así el juez sostiene que los diversos tocamientos realizados tenían «un claro significado y contenido sexual aún cuando no afectaran directamente a los órganos genitales» y podían afectar y de hecho afectaron a la indemnidad sexual de la menor.
«Ésta refirió que se asustó, unido a que padre su padre manifestó que la notó rara, muy seria y muy triste. En el informe pericial se objetiva resonancia emocional al rememorar la experiencia abusiva, con activación motora y necesidad de contener el llanto en algunos momentos. Siendo percibida sin ningún género de duda la naturaleza y significado de la acción por el acusado, dados sus antecedentes de conducta», concluye.
VOLVERÁ A SALIR EN LIBERTAD DENTRO DE DOS AÑOS
La estancia en prisión de Valentín Tejero, aunque cueste creerlo, ya tiene fecha de caducidad. Ingresó en la cárcel de Soto del Real el 7 de noviembre de 2017 y, como debe de cumplir cuatro años de prisión, saldrá nuevamente en libertad en 2021, como muy tarde en otoño de ese año. De nada ha servido para su cómputo los 42 años que le quedaban por purgar por la violación y asesinato a golpes de Olga Sangrador. Como se recordará, Tejero fue excarcelado en noviembre de 2013, en la misma hornada que el violador del ascensor, Pedro Luis Gallego, y el único asesino juzgado por el caso Alcasser, Miguel Ricart. Los tres se beneficiaron de la resolución del Tribunal de Estrasburgo que derogó la doctrina Parot, que establecía que la redención de condena debía aplicarse sobre los 30 años (pena máxima) y no sobre el total de la pena impuesta (en ocasiones, más de cien años).
En el caso de Tejero, además de los 63 años impuestos por el asesinato de Olga Sangrador, aparece en su historial condenas anteriores por la comisión de delitos de abuso sexual a menores, en sentencias de 29 de junio de 1987, 25 de septiembre de 1987 y 20 de noviembre de 1987, y por otros delitos de naturaleza sexual, en sentencias de 29 de septiembre de 1983, 25 de septiembre de 1987, 20 de noviembre de 1987 y 27 de junio de 1988. La sentencia de la Audiencia de Madrid recuerda ahora que este historial sí ha pesado para aplicar la «reincidencia» ya que sus antecedentes no se extinguían hasta 2023, diez años después de la extinción de la condena por asesinar a Olga.