«Nunca he estado en el lugar donde murió Sebitas», afirma el acusado del crimen
La Policía desvela que, cuando fue detenido, tenía arañazos «recientes» y que había lavado ya la ropa supuestamente para borrar la sangre
El acusado Tomás A.S.S. (dcha.) ayer en el inicio del juicio con jurado junto a su abogado.-LA 8
El mundo celebró ayer el día más triste del año y el juicio con jurado contra Tomás Á.S.S. acusado de matar a su amigo Sebastián Valle Rodríguez ‘Sebitas’ aportó su cuota de aflicción, por el desaliento de no haber avanzado gran cosa en esclarecer la verdad de lo ocurrido aquel 9 de abril de 2017, fecha en la que ‘Sebitas’ murió de 21 cuchilladas y cinco ladrillazos antes de ser arrojado al río, en el paraje de Soto de la Medinilla.
Ayer fue el día en el que el acusado expuso su versión y la Policía explicó como cerró la tesis de su supuesta culpabilidad. Las versiones de las dos partes chocaron como dos trenes. El acusado, sosteniendo que ese día estuvo hasta dos veces con Sebitas, pero que le despidió con vida en el semáforo de Carrefour de barrio España a las seis de la tarde. Y, por encima de todo, que nunca ha estado en su vida en el Soto de la Medinilla.
El jefe del Grupo de Homicidios recordó –además del testimonio incriminatorio del testigo Pedro J.D.,– que, cuando detuvieron a Tomás dos días después de los hechos, tenía erosiones y arañazos «recientes» y que ya había lavado las zapatillas de deporte y una camiseta de tirantes azul que portaba supuestamente en el momento de los hechos. Como se recordará, este testigo, que padece una importante minusvalía psíquica, declaró en fase de instrucción que presenció el día de los hechos a Tomás, de pie, y a ‘Sebitas’, en el suelo, recibiendo una lluvia de patadas y puñetazos. El lugar era un camino de tierra elevado sobre la zona del río, más agreste y llena de vegetación, donde fue encontrado el cadáver de ‘Sebitas’ horas después. Lo descubrió el propio testigo, cuando regresó, preocupado, por el desenlace de la agresión que había visto.
Tomás Á.S.S. negó este relato del testigo –al que su abogado ha calificado de «película» surgida de una persona «desorientada en el tiempo»– ya que solo admitió que ese día coincidieron dos veces. La primera, a las 11 de la mañana, paseando a sus respectivos perros por los campos de fútbol del barrio de España, momento en el que le regaló a la víctima una navaja pequeña de cachas de madera, tipo llavero, un viejo antojo de ‘Sebitas’.
El segundo encuentro se produjo sobre las 15 horas. ‘Sebitas’ fue a su casa y, desde allí, fueron juntos a los viveros para recoger arena en sacos porque ambos cultivaban pequeños huertos y plantas. Acto seguido regresaron a sus respectivos domicilios. Pero, a los cinco minutos ‘Sebitas’ volvió en busca de Tomás para que le ayudase a buscar un teléfono que había perdido cogiendo arena.
«Fuimos otra vez a los viveros a buscar el teléfono, aunque no lo encontramos. Así que nos fuimos cada uno por su lado. Me despedí en el semáforo de Carrefour. ‘Sebitas’ tiró para ir a ver a un tal M. con el que había quedado», indicó.
Fue la última vez que vio a la víctima, aunque quedaba aún un encuentro con el que a la postre ha sido el testigo principal. «A las 17 horas de la tarde paseé al perro y vi por el Cabildo a Pedro J.D. (el testigo)que iba con un señor descamisado. Le saludé de lejos y me fui a casa», indicó.
El acusado insistió a preguntas del fiscal que fueron a los viveros las dos veces por parte del cementerio y «no por la del río». Agregó que nunca le echó en cara ‘Sebitas’ que le hubiese quitado el móvil y reconoció que hace cuatro años tuvo un problema con Pedro J.D. por una camiseta del Barça, asunto que quedó zanjado poco después.
La primera duda del jurado: «¿Por qué no hay adn del acusado?»
La primera pregunta del jurado fue para que los policías explicaran por qué no hay ADNni huellas dactilares del acusado ni el ladrillo ni en el estilete –de 9 de centímetros de largo– que se recogió en el escenario del crimen. El presidente contestó que esta explicación la recibirán con detalle en la intervención de los policías de la Científica.
Los de Homicidios revelaron ayer que tampoco encontraron restos de sangre en la ropa del acusado. Pero cuando realizaron el registro comprobaron que una camiseta con tirantes azul que había visto el testigo y unas zapatillas de deporte estaban recién lavadas y húmedas, hecho que el acusado atribuyó a que se las lavó su madre tras llegar «sudado» de coger arena.
Tomás –que tenía tantos arañazos y erosiones (dedos, antebrazo, cabeza, espalda..) que fue sometido a un reportaje fotográfico– achacó estas lesiones a que se mordió por nervios el dedo en el calabozo y a que en casa posee verjas de alambrada para las plantas. Para la policía son semejantes a los arañazos por espinos que tenía el cadáver, atribuidos a la vegetación del talud que conducía al río.
Una de las incógnitas del juicio es si declarará o no el testigo Pedro J.D. No está previsto en el guión y ayer el presidente reveló que no lo hará, aunque la defensa anuncia que protestará .