OBITUARIO
Adiós a una leyenda de la Medicina
Profesor Enrique Barbosa Ayúcar (1939-2019) Decano de la Facultad de Medicina y director del departamento de Anatomía en la UVa, centró su carrera en la embriología y su dedicación en la universidad fue plena e intensa

Enrique Barbosa Ayúcar-E. M.
Una vez más ha ocurrido, nos ha dejado otro Maestro de nuestra Universidad y para esto no hay tasa de reposición. El pasado día 1, mientras comenzaba el nuevo año, Don Enrique nos dejó, discreto, rodeado de su familia y en su casa como él quiso siempre. Su dedicación a la Anatomía en nuestra Universidad fue plena e intensa. En sus comienzos como estudiante fue Alumno Interno de Anatomía con el Prof. Gómez Bosque, y nada más terminar sus estudios de Medicina se incorporó como profesor de Anatomía en diferentes modalidades a lo largo del tiempo hasta alcanzar la Cátedra. Mucho antes de que existieran los «Erasmus» él ya lo llevó a cabo pasando los meses de verano formándose en París con el Prof. Delmas, para centrarse, posteriormente, en la embriología, en la que desarrolló su actividad investigadora. Dotó al Departamento de Anatomía y Embriología Humanas (hoy Anatomía y Radiología) de los últimos avances en microscopía y técnicas de cultivo de embriones. Consiguió para la Facultad de Medicina modernos microscopios electrónicos de transmisión y de barrido, pero nunca olvidó que la misión principal del anatomista es formar a los futuros médicos y facilitar el aprendizaje de los especialistas de las áreas quirúrgicas. Durante los cargos que ostentó como Decano de la Facultad y como Director del Departamento de Anatomía consiguió que el material de prácticas fuese de los más ricos y numerosos de nuestro entorno. A sus discípulos nos orientaba, pero también nos dejaba hacer, y gracias a su ayuda tenemos uno de los mejores Museos Anatómicos de España. A él le debemos la rehabilitación del Anfiteatro Anatómico «López Prieto», lugar de obligada visita de quienes quieren conocer nuestra Facultad de Medicina. Exigente con sus alumnos y con sus profesores, a veces con esa seriedad del padre que reprende al hijo porque le importa lo que hace y cómo lo hace y se siente responsable de él. La medicina ha calado en dos de sus hijas y una de sus nietas, por ahora, que continuarán ese espíritu curioso que tenía y que nos permitía tenerlo en su despacho leyendo y poniéndose al día con las últimas publicaciones que luego sutilmente nos trasmitía. Probablemente el mejor gestor de la Facultad de Medicina desde hace varias décadas. «Que la tierra te sea leve» Maestro.