TIENE TELA
Política chicle

-EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN
«EL EXPOLIO que no cesa». Así titulaba el sábado este periódico, y en primera página, a la persecución política contra el Archivo de Salamanca, consentida por todos los partidos por acción o por omisión. Inició la cacería el PSOE de Zapatero, que mantuvo el PP de Rajoy con un equipo de expertos lisiados. Ahora remata la faena el doctor Sánchez con dulzura: como arras matrimoniales para que los independentistas hagan historia dejándole pastorear en la Moncloa. Después de lo que sabemos –puro amaño político, reiterado y prevaricador con ganzúa de cuatrero para perpetrar un historicidio–, la corruptela orquestada a cuenta del Archivo de Salamanca más que vergonzosa, que lo es y mucho, ahora –ya en la cima degradante del plástico– añade, además, una guarrería propia de novios como Sánchez, Iglesias, Junqueras, Torra y Puigdemont que se intercambian chicle mascado para aclarar su auténtico ADN. En esta cochinada andan.
El chicle es la materia prima que usan estos políticos caníbales para ensuciar unos papeles tan acusadores. A ratos los mastican, los comen, los estiran y encogen a su gusto, los tiran, o hacen pompas. Pompas políticas que explotan y no pasa nada porque hacen otras más tronantes, y si han soplado ni se acuerdan. A veces, los mantienen en la boca para disimular la alitosis y, en cuanto han martirizado el sabor, se lo pasan a las tertulias de TV para que expandan la sustancia con churre babeante. Más política chicle imposible. A este chicle pringoso, que se mete hasta en la hendidura de los zapatos, se refería Sánchez cuando en tiempos de Rajoy, que en paz descanse, pedía hacer política con todos y para todos. Sobre todo si eran independentistas. Al parecer, lo que hizo Rajoy en este sentido no era política, o no lo suficientemente chiclera, como para acabar con el archivo de Salamanca. Ahora sabemos que no, que se trata de algo más: destruir el pasado, la memoria histórica, y los vestigios que sustentan esa realidad identificadora.
Volvemos a Zapatero en esencia «chicleril» que firmó la Alianza de Civilizaciones con Turquía como política de futuro para la España del derecho romano y del humanismo cristiano. ¿No lo recuerdan? Hacer política para el falso leonés no era otra cosa que destruir el Archivo de Salamanca porque explicaba verdades como puños, y esa es un tipo de memoria de la que nadie debe tener noción alguna porque, sencillamente, no coincide con la suya. O sea, con la que les dé la gana.
Con este talante chiclero de kiosko prepara el señor Guirao las nuevas sacas de documentos –unos 43.000, según los expertos– con destino a la Barcelona de Torra para que, de una vez, se repare por todas el bache de ADN que tenemos en origen los españoles. Asunto gravísimo, pues en la era digital no se trata en dónde esté el archivo, sino qué parte de él hay que destruir para hacer y cambiar la historia. Y esto sólo pueden hacerlo con solvencia los independentistas y sus adláteres del ministerio de Cultura. Intolerable para Sánchez y sus socios separatistas que el Archivo siga en Salamanca porque tanto la ciudad del Tormes, como Castilla y León en pleno, se consideran territorio franquista. Con estas acciones de piqueta solidaria y percutora se simplifica el problema trasladando los papeles a territorio liberado. Cierto. Pero hacer política así es como taparse un ojo para verlo todo con la pompa de chicle del otro. O sea, con el suyo porque el nuestro, con toda seguridad, está degenerado por la mácula franquista.
Así se escribe mal la historia. Esta falacia de hechos salvajes y encadenados por Sánchez y los golpistas catalanes no aguanta esa mínima reflexión de Kant cuando escribía, siguiendo a Horacio, que hay que tener valor para ver la verdad y para que de ella pueda servirse la razón. Esto al PSOE de Sánchez le importa un bledo. Para plagiar una tesis no hace falta haber leído a Kant o a Horacio. Que se lo digan a la señora Lastra que apenas con bachiller chiclea al mismísimo Heidegger. Para ellos todo el monte es orégano. Su política consiste en ponerle unas gafas oscuras a la razón para hacerse una foto en el falcon. Así, todos los papales son iguales y todo se confunde con el carajo, que no es ninguna palabrota sino el puesto de vigía más alto que hay en un barco. El valor histórico y cultural del Archivo de Salamanca les da igual porque desprecian lo que ignoran. Su altura la proporciona ZP: El independentismo y Venezuela son ya el chicle deletéreo de la historia.
Sin papeles, sin historia, sin política, y subiendo impuestos a tutiplén para comprar más cuadrigas con destino al circo, todo se reduce a un teatro en ruina para representar una mala farsa. Algo que ya vivió Cicerón en la Conjuración de Catilina y que redujo a esta lamentable constatación: «la necedad es la madre de todos los males». Ya tenemos al preso Junqueras y al bárbaro Atila Iglesias, sujetando a España con chicle y cargándose el Archivo de Salamanca. No te abras las venas, Marco Tulio, estamos en manos de malos raperos y de peores okupas.