JOSÉ LUIS ALMUDÍ
«Cuando se descentraliza la gestión hay mejores resultados»
El presidente de Colegio de Médicos de Valladolid defiende una medicina afectiva y efectiva, pide más inversión en la Sanidad pública para evitar diferencias e insolidaridad

-J.M. LOSTAU
El pasado 11 de abril, José Luis Almudí (Valladolid, 1956) se hizo con las riendas del Colegio Oficial de Médicos de Valladolid tras vencer en unas elecciones en las que su candidatura obtuvo 571 votos frente a los 367 de su rival, Raúl Ortiz. Almudí es médico de Familia y coordinador del centro de salud de Peñafiel.
Pregunta.- Defiende la necesidad de ser sensible a las necesidades de todos. ¿Qué es lo que urge?
Respuesta.- Los médicos necesitan el acompañamiento de su Colegio. Cuando se están formando y entran en contacto con la realidad, empezando a asumir responsabilidades y a trabajar en equipo, necesitan protección; hemos de ser sensibles a eso, haciéndoles ver que se les puede ayudar, por ejemplo, rebajándoles las cuotas como a quienes empiezan ya a trabajar, a veces con contratos discontinuos, en situaciones precarias que hay que considerar. Y hay que atender al médico sénior, que ha crecido en formación y habilidades, reivindicando condiciones dignas para su trabajo. Y en la etapa final, cuando se acerca la jubilación, vigilando sus problemas de salud o asesorándoles para que no pierdan poder adquisitivo, por ejemplo; haciéndoles sentir que siguen formando parte del colectivo.
P.- También ha defendido la necesidad de promover una medicina afectiva y efectiva.
R.- Hemos eliminado la vocalía de las terapias no convencionales por principios, porque entendemos que la única forma ética y deontológica de ejercer la medicina es la que se basa en métodos y evidencias científicas.
En cuanto a lo afectivo, consideramos muy importante la entrevista clínica, por lo que nos aporta de información complementaria y porque nos permite establecer una relación de confianza entre ambas partes. Nosotros hemos de curar, pero cuando ya no se puede hacer más en ese campo hemos de cuidar y acompañar al paciente.
P.- ¿El Colegio ha sido activo en la defensa de la profesión?
R.- He formado parte, estos últimos ocho años, del anterior equipo de gobierno del Colegio. Quisimos darle un aire renovador. Éramos críticos con el modelo, que no respondía a las necesidades de los colegiados y tenía una estructura arcaica. Potenciamos la formación continuada, con una cantidad de actividades como nunca se había tenido y hemos tratado de ser sensibles a todas las necesidades y hacernos más visibles.
P.- ¿Y con la administración? ¿Ha participado usted, si le puedo preguntar, en las Mareas Blancas?
R.- Independientemente de quién las convoque, todos trabajamos para mejorar la salud pública de nuestra población. El Colegio siempre está abierto para todos, sea cual sea su ideología, porque es su casa. Acogimos, de forma previa a la movilización, la jornada que organizó la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública. El Colegio de Valladolid tiene entre sus objetivos el compromiso social de exigir los recursos y condiciones necesarios para defender los derechos de los ciudadanos en materia de salud.
P.- El Consejo de Colegios de Médicos rechazó que se cuestionara la calidad de la sanidad. ¿Eso no supone negar el diagnóstico de las plataformas reivindicativas?
R.- A los profesionales nos molestó que se dijera (la secretaria de Sanidad socialista Mercedes Martín) que era peligroso enfermar en Castilla y León, porque se cuestionaban la formación, dedicación y competencia de nuestros médicos. Todos hemos sufrido la crisis, también los médicos, pero desde el compromiso con la profesión hemos mantenido la misma entrega hacia los pacientes, para que no perciban los perjuicios de los recortes. Tenemos un contrato laboral con nuestro empleador y otro social con los ciudadanos.
P.- No todo está en sus manos...
R.- Claro. Necesitamos inversiones en innovación, en mantenimiento de los recursos existentes, en plantilla... En Primaria vivimos detrás de la puerta de nuestra consulta, y pongo la mano en el fuego porque ningún profesional sale de ella sin atender al paciente que está esperando sin haber conseguido una cita. Eso nos hace mantener unos estándares de calidad bastante aceptables.
P.- ¿Es posible un gran pacto por la Sanidad en la Comunidad?
R.- Sí, pero depende de muchos agentes. Hay que conciliar muchos intereses de forma realista y ver hasta dónde podemos llegar con esta financiación.
P.- Eurostat apunta a que en el 2060 aún se seguirá invirtiendo menos del 7% del PIB en la Sanidad pública. ¿Es viable así el modelo?
R.- Hoy vivimos más, pero tenemos más posibilidades de enfermar. Se prolonga el tiempo de vida en el que somos perceptores de unos recursos que ya no generamos. Todo dependerá del modelo de sociedad: necesitamos más empleo y de mejor calidad para mantener el Estado de Bienestar. Si la parte del PIB destinado a la Sanidad se congela o disminuye en el futuro se van a crear muchas diferencias e insolidaridad.
P.- Ya sabe que Fernández Mañueco dice que los recursos sanitarios están «desordenados».
R.- A la hora de ordenarlos entran en conflicto muchos intereses. Se necesita un plus de compromiso personal para mejorar, pero esto a veces requiere de incentivos en el sentido de recompensar a aquellos que se comprometen en hacer más y mejor su trabajo.
P.- Usted, en Peñafiel, estaba al frente de una de las controvertidas Unidades Clínicas de Gestión.
R.-En mi ADN está la defensa de la gestión propia. En torno a estas unidades, por una mala información de la Consejería, se ha generado una intoxicación creando una corriente de opinión contraria.
Yo estoy a favor de descentralizar la gestión en los puntos en los que se toman las decisiones. Cada decisión nuestra tiene trascendencia económica. Si como médico de Primaria no tengo ni herramientas, ni capacitación, ni compromiso personal, y me limito a desviar la atención al paciente a una estructura hospitalaria, ese gasto aumentará. Primaria es la puerta de entrada y debemos mejorar nuestra capacidad de resolución.
Y hay otra asignatura pendiente, como es la comunicación y coordinación entre los distintos niveles de atención: seguimos sin poder compartir las historias clínicas. Viviendo de espaldas los unos de los otros aumentamos los gastos.
Estoy convencido de que cuando se descentraliza la gestión hay mejores resultados. Y sería necesario incluir dentro de nuestras áreas de conocimiento aspectos de gestión: un médico administra dinero público cuando da un medicamento u otro, cuando pide pruebas complementarias o cuando pide realizar interconsultas. La administración nos ha de devolver todos los indicadores sobre nuestras decisiones, pero de forma diferente. Hasta ahora nos devuelve datos sobre consumo de recursos: hay tanto gasto en farmacia, en interconsultas, en pruebas complementarias… Pero el reto es medir los indicadores de salud.
Hay que mejorar la salud de los pacientes de la forma más eficiente. Yo, pongamos, derivo poco en mi consulta a un segundo nivel. Intento ser resolutivo. Sí, puedo gastar más en pruebas complementarias, pero si consigo que mis pacientes diabéticos no tengan problemas cardiovasculares y deban pasar a un segundo nivel de atención evitaré gastos mayores. Es necesaria una visión de conjunto. Pero funcionamos por compartimientos estancos.
P.- ¿Estas unidades de gestión no fomentan la privatización? En alguna Comunidad se ha recurrido a agentes externos para que realizaran labores de asistencia técnica y asesoramiento.
R.- El decreto que las regula es claro: la financiación y la provisión son públicas. No hay ninguna posibilidad de privatización.
P.- Hace cuatro años, su predecesor calificaba de «desesperanzado» el ánimo de la profesión.
R.- No ha cambiado mucho. Lo que ha ocurrido es una cierta desconexión con la administración. Nosotros mantenemos nuestro compromiso social, seguimos dando las mejores prestaciones, pero los profesionales se han desconectado, por falta de motivación, de los objetivos institucionales. La identificación con las agendas estratégicas cuesta.