UNA MUJER | UN PERSONAJE
Ana Chaguaceda: "Unamuno era un hombre de mundo, feliz en el entorno rural"

Ana Chaguaceda, en una de las estancias de la Casa Museo Unamuno, situada en la céntrica Calle Libreros de la ciudad de Salamanca.-ARGICOMUNICACIÓN
Ana Chaguaceda es la directora de la Casa Museo Unamuno de Salamanca, un lugar donde descansan objetos personales, manuscritos, correspondencia, archivos y una biblioteca con más de 6.000 volúmenes del escritor y pensador. Esta zamorana –con raíces sayaguesas y sanabresas- está al frente del museo desde hace 29 años, situado en la Calle Libreros, el mismo lugar donde él vivió cuando fue rector de la Universidad de Salamanca.
Pregunta.- Tantos años de vínculo, parece usted un miembro más de la familia…
Respuesta.- Sin duda. Me incorporé a la Casa Museo Unamuno en el 89, tras aprobar unas oposiciones de la Universidad. Hay un vínculo por las características de la Casa y la personalidad del personaje, al que he ido conociendo gracias a los investigadores y a la familia Unamuno, a los nietos. Me siento muy unida a ellos.
P.- Se sentirá como en casa…
R.- La Casa Museo tiene un componente muy fuerte de hogar. Hay unas buenas vibraciones, contagiosas, que nos afectan a mí y a mis compañeros, a los investigadores y a muchos turistas. Saber que estás compartiendo el mismo espacio que Unamuno, su familia y amigos, y grandes personalidades del momento, es una sensación maravillosa.
P.- ¿Cuál es el mayor tesoro?
R.- Quizás su archivo personal, apabullante en cantidad y en calidad.
P.- ¿Su pieza favorita?
R.- El manuscrito de Niebla, listo para imprenta. Me sigue impresionando verlo y me emociona la reacción de los investigadores cuando acceden a él.
P.- ¿Cuántas veces ha explicado la historia de la mecedora?
R.- Queremos que nuestros visitantes sepan, ante todo, el estado de ánimo en que se encontraba Unamuno cuando falleció. El acto en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, puso de manifiesto la profunda ruptura de Unamuno con el bando franquista. Por otro lado, su situación personal no puede ser más dolorosa: ha perdido a su hija Salomé, y a Concha, su mujer. Él fallece el 31 de diciembre, a las cuatro de la tarde, víctima de una hemorragia. Estaba con Bartolomé Aragón, que lo visitaba con frecuencia, y quien se dio cuenta de lo que había ocurrido. Unamuno estaba sentado en la mecedora y su zapatilla, apoyada en el brasero, comenzó a quemarse y a oler.
P.- Objetos personales, mobiliario original…
R.- Somos afortunados, porque nos permite tener una idea certera de cómo era y cómo vivía la familia, sus gustos y aficiones.
P.- ¿Ha visto ya ‘Unamuno: venceréis pero no convenceréis’ del Teatro la Abadía?
R.- No pude acudir al estreno en Madrid, así que espero su llegada a Salamanca. He estado al tanto del desarrollo del guión y de los ensayos. Las críticas son elogiosas.
P.- ¿Con qué rasgo se queda de la personalidad de Unamuno?
R.- Su pasión por las cosas, por sus ideales, por las personas, por su mujer e hijos, por los nietos que conoció, por sus amigos y enemigos…. Más allá de su edad y de las circunstancias de su vida. Me parece un hombre con coraje y lleno de valentía.
P.- ¿Los investigadores siguen descubriendo cosas de él?
R.- Algunos dicen que es un pozo sin fondo. Pero es necesario seguir trabajando en ciertos aspectos, como la recopilación de sus cartas, discursos y conferencias.
P.- ¿Con qué Unamuno se queda?
R.- Con el intelectual, el hombre comprometido, el de los artículos políticos y sociales. También con el viajero. ¡Qué inquieto era, cómo disfrutaba viajando, mezclándose con la gente, tomando notas de lo que observaba! Todo le llamaba la atención.
P.- ¡Ningún intelectual de su época viajó por tantos lugares del medio rural!
R.- Un hombre de mundo, como Unamuno, era feliz en el entorno rural, en la naturaleza, en los pueblos y con sus habitantes. Sus escritos y crónicas viajeras se siguen leyendo con agrado, porque son actuales.
P.- ¿Debería estar más presente en nuestro medio rural?
R.- Sin duda. Hay un sinfín de lugares que convendría difundir. Hace unos años, formamos un equipo de trabajo con esa idea, iniciando una muestra en Candelario, pueblo de veraneo de la familia. Luego fuimos a Medina de Rioseco. Fue enriquecedor ya que pudimos identificar espacios y personajes que aparecen en fotografías de la época y que desconocíamos. Habría que continuar con el proyecto.
P.- ¿Qué pensaría hoy Unamuno del auge de ciertos nacionalismos?
R.- Los evaluaría con preocupación. Recordemos que se enfrentó fieramente a los gobiernos de la República, a raíz de querer imponer la obligatoriedad de la lengua catalana fijada en el Estatuto Catalán, y afirmó en su novela Niebla: «Pues sí, soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo, y el españolismo es mi religión, y el cielo en que quiero creer es una España celestial y eterna, y mi Dios un Dios, el de Nuestro Señor Don Quijote, un dios que piensa en español y en español dijo: ¡sea la luz!, y su verbo fue verbo español...!».
P.- ¿Qué obra recomendaría en tiempos convulsos?
R.- «Tengo la flaqueza de creer que, o soy poeta, o no soy nada», decía. Siempre quiso ser recordado y valorado como tal. Recomendaría leer su poesía y sus crónicas viajeras, a modo de refugio.
P.- ¿Con qué cita se queda?
R.- Una estrofa de su poema ‘Me destierro a la memoria’: «Aquí os dejo mi alma-libro, / hombre-mundo verdadero. Cuando vibres todo entero, / soy yo, lector, que en ti vibro».