Lección magistral de marcialidad castrense
Farnesio respondió con nota alta a la puesta en escena de un homenaje a los caídos en la Plaza Mayor tal y como le solicitó el Congreso de Protocolo

Gómez Iglesias, Puente, el general Rivas y Carnero ante el monolito a los caídos durante la salva de fusilería.-ICAL
Veinticinco minutos y orden de ‘rompan filas’. Cuando se junta el protocolo y el Ejército, todo fluye como una perfecta maquinaria suiza. Los organizadores del XVI Congreso Internacional de Protocolo, habían avanzado que la parada castrense, celebrada ayer de 14 a 14.25 horas en la Plaza Mayor, duraría 25 minutos y así fue. Como un clavo.
El acto, ceñido a un sentido homenaje a los militares que han dado la vida por España, fue breve, preciso y puntual, como mandan los cánones. Los organizadores del certamen que se celebra en esta edición en Valladolid, con 800 participantes de todo el mundo, solicitaron ver en directo la letra pequeña de la organización de una parada militar y se llevaron una demostración en toda regla.
En un acto presidido por el general José Rivas Moriana, jefe de la Cuarta Subinspección y comandante militar de Valladolid y Palencia, y con el alcalde Óscar Puente, como primera autoridad civil, entre otros responsables políticos como concejales del PSOE, PP y Ciudadanos y con la asistencia de medio millar de vallisoletanos, el Regimiento Farnesio 12, el más antiguo de Caballería de España, y reforzado con algunos soldados más del Grupo Acorazado de Caballería Villaviciosa XII, realizó un acto completo de honor a los fallecidos que fue narrado en todo momento por megafonía para que los congresistas percibieran las distintas fases de la parada.
La primera, la llegada de los 120 soldados –un escuadrón, una banda de guerra y una escuadra de gastadores– a la Plaza Mayor portando los guiones de diferentes unidades vallisoletanas para dar visibilidad a la todo el universo castrense de la provincia: Cuarta Subinspección del Ejército; Academia de Caballería, Parque de Artillería; Grupo Villaviciosa XII y Unidad de Servicios de la Base del Empecinado (Usab).
La formación esperó la llegada del general Rivas y en ese momento se dio paso al acto de homenaje a los caídos. El tradicional posado de una corona de laurel se completó con unas sentidas palabras de recuerdo del pater, el coronel vicario Ramón García Guardo, y una salva de fusilería que espantó hasta el Campo Grande a toda la avifauna del casco histórico. Y no faltó el himno ‘La muerte no es el final’, pieza fúnebre que algunos presentes, como el subdelegado Luis Gómez, cantaron a pleno pulmón. El desfile ante las autoridades puso fin a un acto que el general Rivas calificó de «ilusionante», ya que, a su juicio «no existe «más orgullo» que ver como la sociedad vallisoletana se une a un homenaje «a los fallecidos que murieron llevando en el corazón un pedacito de cada uno de los españoles», afirmó.