Valladolid ralentiza la pérdida de migrantes a otras comunidades

La provincia pierde 482 habitantes por la emigración al resto de España, una merma menor a la de hace un año / Castilla y León registra la peor sangría poblacional del país con 18.657 personas menos

Población en Castilla y León.-EL MUNDO

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Aitor Ferrero

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Los vallisoletanos siguen buscándose la vida fuera de la provincia, pero menos que hace un año. Valladolid registró, a comienzos de 2017 un saldo migratorio –la diferencia entre los que vinieron y los que se marcharon– negativo de 482 personas, unas cifras que, pese a ser negativas, constatan que la sangría poblacional continúa conteniéndose desde que, en 2013, tocase fondo al emigrar 970 personas más que las que eligieron la provincia como sitio para vivir.

De ellos, el 68% fueron jóvenes de entre 18 y 35 años, lo que evidencia que Valladolid, como el resto de Castilla y León, falla a la hora de fijar población de esa horquilla de edad. Y es que si, la semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmaba que la Comunidad había registrado, en 2016, casi 11.700 muertes más que nacimientos –la segunda peor cifra del país, sólo superada por Galicia–, el balance publicado ayer entre los que vienen desde otras partes del país a buscarse aquí la vida y los que se marchan arroja una perspectiva todavía más desoladora, con un saldo de 7.569 migrantes que, sumado a la pérdida poblacional por causas naturales, dejó un agujero de 18.657 personas, un 0,76% menos que el año pasado.

Estos números vuelven a situar a Castilla y León como la comunidad que más rápido se despobla frente al incremento registrado por el conjunto del país, que crece por primera vez desde 2011, aunque de forma tímida, apenas un 0,19%.

Donde sí mejoró la Comunidad fue en la recepción de personas procedentes del extranjero en comparación a las que se marcharon a otro país, con un saldo final de 611 nuevos castellanos y leoneses, aunque en este aspecto –donde sólo registran resultados negativos Extremadura y Castilla-La Mancha– es necesario apuntar que, en la línea del país, muchos de ellos ya vivían en la Comunidad e integran ahora la lista al haber adquirido la nacionalidad española el pasado año, por lo que, a efectos prácticos, no supondrían un incremento real.

Del saldo de 7.569 castellanos y leoneses que abandonaron la Meseta para irse a otras partes del país, la mayoría salieron de León, de donde se marcharon 1.724 personas más de las que llegaron, datos que colocan a la provincia a la cabeza de la sangría poblacional, seguida de Ávila y Salamanca, que se anotaron también saldos negativos por encima del millar de personas. Cerca anduvieron Zamora y Burgos y, algo más alejada, Segovia.

En la otra cara de la moneda, una ya envejecida y despoblada Soria apuntó la mejor cifra del conjunto de la Comunidad con un resultado de 227 migrantes, mientras que también Palencia y Valladolid se colocaron en este aspecto por debajo del umbral de las quinientas fugas.

Si los datos brutos de población dejan un sabor amargo, al comprobar las edades de los que abandonaron Castilla y León para salir adelante en otras comunidades autónomas, el resultado pinta un un escenario peor. Los datos del INE recogen que 4.865 migrantes, un 64% del total de los que componen la diferencia entre los que vinieron y los que se marcharon, tenían entre 18 y 35 años, lo que evidencia que, pese a los programas de empleo pensados para jóvenes impulsados tanto desde el Gobierno regional como desde las instituciones locales, Castilla y León parece no ser una tierra de oportunidades para esta franja de población.

También de los que se marcharon al extranejero, más de la mitad tenían edades comprendidas en esa horquilla.

Que la población más joven se vaya de la Comunidad agrava una despoblación ya estructural sin visos a solucionarse ni a corto ni a medio plazo. El remedio que encuentran los expertos pasa por una idea básica: generar más empleo a través de más industria, ya que, de no producirse, la merma en el número de habitantes, derivará en un incremento de los costes sociales para la prestación de los servicios a una población envejecida y dependiente.

En esta línea, cabe recordar que, a 1 de enero de este año, 599.576 personas, una cuarta parte de la población castellana y leonesa, tenía más de 65 años.

De los destinos dentro de España que eligen los castellanos y leoneses para emigrar, destaca Madrid, que atrajo a 9.273 personas, cuatro veces más que la siguiente, el País Vasco, que, junto con Cataluña, sobrepasó el umbral de los 2.000 migrantes. Por el contrario, poco interés parecen tener los migrantes en Navarra y en Murcia, que, entre las dos, no llegaron ni a una décima parte de las cifras cosechadas por la capital.

De los migrantes del resto de España que se decantaron por Castilla y León, también la gran mayoría eran madrileños, seguidos, de lejos, por andaluces y vascos.

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En cuanto al resto de España, los movimientos migratorios arrojaron un saldo positivo en las comunidades autónomas con mayor potencia económica, además de los archipiélagos, mientras que los territorios con un espectro demográfico similar al de Castilla y León, como La Mancha, Extremadura y Andalucía, entre otras, perdieron también población por esta causa.