Diario de Valladolid

AJEDREZ COMO TERAPIA

«No supe qué me ocurría hasta que diagnosticaron a mi hijo. Yo era como él»

«He sobrevivido, pero no sé dónde hubiera podido llegar con un diagnóstico a tiempo», cuenta Mari Luz

El profesor Fernando les enseña algunas jugadas para que den jaque mate en una partida, mientras algunos de los chavales apuntan las técnicas en un cuaderno.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

El profesor Fernando les enseña algunas jugadas para que den jaque mate en una partida, mientras algunos de los chavales apuntan las técnicas en un cuaderno.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

Publicado por
Alicia Calvo
Valladolid

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Le llamaban «despistada, vaga y movida», y no tenía explicación para los reproches. «Quieres no distraerte, pero no puedes y no entiendes el porqué. Tienes mucha imaginación, eres muy desorganizada». Durante muchos años, Mari Luz lidió con limitaciones que no comprendía. Exactamente, pasó 37 años en la ignorancia.

Con esa edad y un hijo de tres, comenzó a advertir en su pequeño las mismas peculiaridades que experimentó ella: «Estaba en otro mundo continuamente; era diferente a los demás, muy intolerante a la frustración, muy desafiante. Era como yo de niña».

Tras varias pruebas, el misterio se resolvió: se llamaba Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Primero, se lo comunicaron a su hijo y, después, a ella. «El 75% de los casos tienen carácter genético. Veía que mi hijo era igual que yo. Y cuando él es diagnosticado, te das cuenta de que tienes un problema».

Entonces, llegó el «alivio». «He vivido 37 años sin saber que tenía TDAH. No supe qué me ocurría hasta que diagnosticaron a mi hijo», comenta esta mujer, que añade que en ese momento muchas cosas que le sucedieron en su vida cobraron un significado diferente. «Te alivia porque te das cuenta de que lo que lleva tanto tiempo sucediéndote tiene nombre y que no tienes la culpa de nada».

Una vez hallada la causa, comenzó el tratamiento. Ahora, ocho años después, se alegra del hallazgo, pero lamenta que no se produjera antes, y repara en una comparación: «Es como si a una persona que necesitara gafas no se las pusieran».

Mari Luz está convencida de que, de haberlo sabido, su vida sería distinta. «Lo he pasado mal y he tenido la autoestima muy baja. He sobrevivido, pero no sé dónde hubiera podido llegar con un diagnóstico a tiempo. Conseguí leer y, como necesitaba sobrevivir, solapé mis carencias con mis capacidades».

En la vida adulta, el trastorno «se mitiga». Pero puede afectar a muchos ámbitos, también el laboral. «Si trabajas sentado, en una oficina, te das constantemente órdenes a ti misma para contenerte», apunta Mari Luz, en la sede de la asociación vallisoletana de afectados.

José Luis la escucha y añade que él, que ya está jubilado, trabajó durante muchos años en la factoría de Renault, en Valladolid, mientras desconocía que tenía TDAH.

Se enteró a los 52, también tras un diagnóstico de su hija. «Por mi forma de ser, espontáneo e impulsivo, tuve problemas en el trabajo. También padecí depresiones porque no sabía qué pasaba. Por ejemplo, todos mis hermanos fueron a la universidad menos yo. El TDAH sin tratar te limita; tienes problemas de memoria, los estudios se complican», cuenta por su experiencia.

Orejas de burro

En el parbulario, José Luis destacaba... para su desgracia. «Me pusieron las orejas de burro. Salía con ellas muchísimos días y me echaron del colegio a los siete años. Era un problema. Me sentía mal. Te condiciona todo».

Se refiere a los amigos, a las relaciones. «No te dejaban jugar al fútbol, no tenía los amigos que quería y era el centro de atención, pero por lo malo».

Años después, vivió las mismas situaciones, esta vez con su hija mayor. Nadie la invitaba a los cumpleaños. A ninguno. «Cuando ella invitaba, venían muy pocos», relata su padre consciente de lo que eso supone para cualquier niño y los desvelos que provoca en los progenitores.

Cuenta José Luis que ella «salía de clase llorando y tenía encontronazos con otros niños». Le diagnosticaron con siete años.

José Luis y Mari Luz explican que ahora se habla cada vez más del TDAH, pero una década atrás era muy distinto. «La asociación surgió en 2003 por la preocupación de padres que hablaban en foros de internet».

En la actualidad, forman parte de la Avatdah 150 familias y en estos años han atendido a cientos de afectados. Trabaja profesionales de psicología, psicopedagogía y educación especial. «No les dan clases particulares. Les enseñan cómo atender en las materias, a hacer las tareas, a que sepan técnicas». En definitiva, a que dispongan de las herramientas que sus padres no tuvieron.

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