Diario de Valladolid

Arranca en Valladolid un congreso internacional sobre el desarrollo económico

Cerca de 240 expertos de todo el mundo se citan en el Palacio de Congresos Conde Ansúrez hasta este viernes, con el reto de estimular la creatividad y rentabilizarla

El rector de la Universidad de Valladolid, Daniel Miguel, inaugura el XIX Congreso Internacional de la Economía de la Cultura. A la izquierda de la imagen, la presidenta del comité científico del Congreso, Ilde Rizzo; y Arjo Klamer.-ICAL

El rector de la Universidad de Valladolid, Daniel Miguel, inaugura el XIX Congreso Internacional de la Economía de la Cultura. A la izquierda de la imagen, la presidenta del comité científico del Congreso, Ilde Rizzo; y Arjo Klamer.-ICAL

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ICAL

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Edimburgo (Escocia) acogió en 1979 la primera edición de la International Conference on Cultural Economics, un congreso científico bienal en el cual expertos de todo el mundo en economía de la cultura se reúnen, debaten, analizan y proponen modelos de gestión para utilizar la cultura como instrumento de desarrollo económico y también de progreso social. Desde entonces, el congreso sólo había recalado en España en una ocasión, en 1998, y ahora Valladolid toma el relevo de la organización de este evento (celebrado en el pasado en ciudades como Berlín, Boston, Minneapolis, Viena, Chicago o Copenhague), cuya 19ª edición se celebra hasta el próximo viernes en el Palacio de Congresos Conde Ansúrez.

Un total de 240 expertos de todo el mundo, con ponentes procedentes de Australia, Mongolia o diversos países de Latinoamérica, y en su mayor parte de Norteamérica y Europa, analizarán en las próximas jornadas los determinantes del consumo cultural, las razones que fomentan la creatividad, y ofrecer su experiencia comparada en un área que, como expuso en la charla inaugural Andy Pratt, de la City University of London, “está intrínsecamente relacionada con el espacio y el tiempo en que se desarrolla”.

El presidente del comité organizador y director del GIR Economía de la Cultura, Luis César Herrero, explicó a Ical que “es un gran honor que Valladolid haya sido elegida para acoger y organizar esta edición, que tradicionalmente siempre ha recaído en ciudades de gran tamaño. Cuando solicitamos la organización, competíamos con Montreal (Canadá), y ellos organizaron la edición de 2014 y nosotros ésta”.

En su opinión, “Castilla y León tiene una materia prima excelente” para aprovechar la potencialidad de la economía de la cultura, porque “cuenta con una historia muy rica y fructífera, con manifestaciones artísticas y de patrimonio cultural de primer nivel, no solamente las del pasado sino también actividades culturales contemporáneas de primer orden”.

Así, expuso que según los informes que maneja el Ministerio de Cultura, la incidencia de la cultura en el PIB nacional ronda entre el 4 y el 4,5 por ciento, una cifra que “ha descendido un poco durante la crisis, pero no tanto como otros sectores”, algo que en su opinión prueba que “la cultura es un sector emergente, que no se ha visto tan afectado por la crisis como otros por razones más coyunturales”.

“La cultura no sólo es patrimonio histórico, es un amplio sector que abarca tanto el patrimonio monumental como las artes escénicas y las industrias culturales (libro, música, danza, videoinstalaciones…). Además cuenta con una parte cada vez más orientada hacia el mercado como es la creatividad, que tiene un gran poso cultural. Nadie puede ser creativo si no tiene a la vez talento. Los creativos orientan su esfuerzo hacia objetos diferenciados, con el mercado como destino final. Hay una diferencia entre el artista puro y el creativo. Están cosidos por el mismo hilo, pero estos últimos son los que tienen efectos sobre el desarrollo, el empleo, el tejido productivo de las ciudades”, desgranó Herrero.

En su opinión, las administraciones públicas son conscientes de las potencialidades de la cultura y están intentando aprovecharlas, y su función debería pasar por “fomentar la concentración del talento y liberalizar las restricciones para que la creatividad se manifieste de manera libre y sencilla”. Además, consideró el IVA cultural que padece el sector en España como “un elemento coyuntural” que “puede haber afectado tanto a la producción artística como a la demanda”, si bien explicó que “las razones latentes del consumo cultural son otras, y muchas veces no tienen que ver con el precio, sino con el grado de formación, las experiencias acumuladas, tu manera de vivir y sentir la cultura como una parte del ocio o de la formación”.

Inauguración oficial

El rector de la Universidad de Valladolid, Daniel Miguel, fue el encargado de inaugurar oficialmente el congreso, y tras recordar que la institución es “una de las pocas universidades europeas creadas en el siglo XIII”, señaló que sus dirigentes intentan combinar tradición con “una mirada hacia el futuro”, abriendo nuevos campos de estudio. “Es un gran honor y un privilegio darles la bienvenida a Valladolid. Yo soy químico y no soy experto en economía de la cultura, pero como ciudadano de a pie soy consciente de la importancia de la cultura y de la economía en nuestras vidas, y mezclar ambas disciplinas abre un campo de trabajo amplísimo”, explicó.

Por su parte, el presidente de la Asociación Internacional de Economía de la Cultura (AECI), Arjo Klamer, manifestó su confianza de que los asistentes al congreso encuentren en Valladolid “inspiración y estímulos para trabajar en la conexión del arte y las industrias creativas con la economía”, un terreno que calificó como “decisivo para el crecimiento de los países”.

También intervino en la apertura oficial la presidenta del comité científico del Congreso, Ilde Rizzo, que aplaudió la iniciativa de las jornadas por “combinar tradición con innovación”, promoviendo la investigación de las jóvenes generaciones con propuestas como el Taller de Jóvenes Investigadores coordinado por Víctor Fernández Blanco, de la Universidad de Oviedo. Rizzo recordó que entre otras mesas de trabjo una abordará los desafíos de futuro de los grandes museos nacionales, que contará con los responsables de pinacotecas como el Louvre, el Prado, el Museo Van Gogh de Ámsterdam o los Museos Estatales de Berlín, que reflexionarán sobre sus problemas de gestión y las nuevas funciones que se les exigen, como grandes iconos turísticos e imágenes icónicas de todo un país.

Conferencia inaugural

Andy Pratt, de la City University of London, fue el encargado de impartir la conferencia inaugural del congreso, y con el título ‘Dentro de las ciudades creativas’ invitó a los asistentes a “ver el mundo de una forma más amplia”, promoviendo el “intercambio de conocimiento” y evitando parcelar la realidad. “Trabajar en un terreno multidisciplinar no es sencillo. Es un desafío muy estimulante intentar que te tengan en cuenta expertos de dos campos cuya intersección está despertando el interés de ciudades de todo el mundo”, reconoció.

Pratt instó a “prestar mayor atención a los procesos de organización y de trabajo”, ya que “hemos heredado un legado cultural muy importante”, y aseguró que es fundamental plantear un “análisis de la situación” y “explorar las similitudes y diferencias entre las ciudades” antes de intentar extrapolar un modelo de éxito.

Planteada como una lección de anatomía, su charla profundizó en las dificultades y en las tentaciones de cuantificar el impacto económico de la cultura, poniéndole una cifra y obviando la “capacidad transformadora que tiene en el individuo”, además de reivindicar el valor intrínseco” que conlleva, y subrayar los riesgos de “instrumentalizarla” como se ha pretendido hacer en diversos momentos de las últimas décadas.

“Los ministros de Cultura tienen muy difícil justificar la inversión en su departamento frente a gasto social en otras áreas como la educación o la sanidad. Es un tema muy complejo, pero no se debería reducir el valor de la cultura a meros números”, expuso. Tras señalar que “hace treinta o cuarenta años nadie le prestaba atención a la economía de la cultura”, que tenía un interés “muy marginal”, explicó que “ha crecido muy rápidamente” hasta convertirse en un elemento clave de dinamización económica, aunque quizá no se cuente aún con las “herramientas adecuadas para medir su impacto”.

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