Cultura
INBAL y la OSCYL se adentran en la revolución
Interpretarán la monumental Sinfonía número 11 ‘El año 1905’, de Dmitri Shostakóvich

El director de orquesta Eliahu Inbal.-Photogenic
En la pasada Seminci, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León trató el tema de la Revolución rusa de 1905 interpretando la banda sonora de El acorazado Potemkin, y hoy y mañana vuelve a este tema en el Auditorio con la Sinfonía Nº11, El año 1905 de Shostakóvich, con Eliahu Inbal al frente. «A veces cuando dirijo esta sinfonía, sobre todo en relación al segundo y tercer movimiento, donde se ensalzan más los aspectos del comunismo, hay gente que me pregunta cómo puedo hacer eso, que me critica por interpretarla», afirma el director. Algo a lo que responde con los siguientes argumentos: «En primer lugar ser comunista no es un crimen y en segundo lugar la música tiene su propio lenguaje, y esta sinfonía trata ideas universales, habla del sufrimiento de las personas, de la represión de los militares, y eso es algo que hoy en día es un problema mundial, por eso puedo sentirme bien con esta música aunque yo no sea precisamente comunista, pues para entenderla basta con ser un ser humano».
La Sinfonía Nº11 se estrenó en 1957 y posee una evidente carga política y social, de un Shostakóvich al que el director considera como un comunista utópico al que la dictadura stalinista dejó sin ilusiones. Ideas de las que cuando se sube al podio prefiere abstraerse. «En mis intervenciones las teorías no juegan ningún papel, porque la música habla conmigo y lo que el autor sentía dentro está en la partitura, por lo que el espectador debe tener en cuenta que la música es un lenguaje tan poderoso que con una sola nota, un acorde, puede expresar ideas, e ir del compositor al oyente de manera directa», manifiesta.
Inbal grabó esta sinfonía con la Sinfónica de Viena en 1995 y lo que haya podido cambiar su forma de entenderla lo afronta con una anécdota. «Tras dirigir la Sinfonía Nº5 de Mahler en Tokio alguien se acercó y me dijo que mi interpretación era muy distinta a la grabación, y yo le respondí: eso espero, porque soy una persona que vivo y me desarrollo. Cada vez -prosigue- intento profundizar más en la música, esa es la ventaja de los años, pues la he dirigido en Berlín, Tokio, Londres…, y siempre resultó una gran experiencia, porque la obra expresa cosas reales, que ahora la humanidad está viviendo, como la represión de las libertades».
El principal director invitado de la OSCyL alaba el trabajo realizado en los ensayos. «Creo que entienden enseguida mis ideas y por eso se produce una simbiosis, lo que permite que pueda llevar a cabo mis objetivos y los resultados sean muy buenos», reflexiona. Este hombre sabio defiende que para él «no existe la rutina», y percibe que en países como China, Singapur, o Corea «está descubriendo nuevas orquestas y públicos», aunque le sigue gustando «volver a las orquestas que dirigió siempre» y a las obras de compositores como Mahler, Bruckner o Wagner, «porque todavía tienen historias que contar».