SEMINCI
Martín Garzo cambia el libro por la cámara
Debuta como director con ‘Un dedo en los labios’
Su pasión por el cine ha llevado a Gustavo Martín Garzo a ponerse detrás de una cámara y hacer realidad uno de los sueños que confiesa «acariciar» desde «que tengo memoria». Mañana, día 28, el escritor vallisoletano estrenará, fuera de concurso, en el marco de La Noche del Corto Español, Un dedo en los labios, un cortometraje de 25 minutos de duración codirigido por Gonzalo del Pozo Vega.
Era una idea que rondaba por la cabeza del escritor desde hacía mucho tiempo y que ahora verá la luz. Un dedo en los labios, según explica Garzo, tiene que ver con el cine de la palabra «con ese cine de Bergman, uno de mis directores favoritos». Fue Oliveira el que le ‘empujó’ a emprender esta aventura. «Oliveira siempre rodaba una película por año y en los últimos meses, cuando ya estaba muy enfermo y casi sin fuerzas, no quiso renunciar a este hábito y rodó un corto en el patio de su casa. Era una manera de mantener vivo su propósito y contar una historia sirviéndose de lo más próximo».
Un dedo en los labios, explica Garzo, se desarrolla, en cierto modo, «como si se tratara del patio de la casa de Oliveira». Una cámara fija enfoca el rostro de una mujer mientras habla con alguien. Será el espectador el que descubra a lo largo de la trama que ese diálogo no es tal, sino que es un emotivo monólogo que una madre mantiene con su hijo muerto recordando los momentos que vivieron juntos. El relato está intercalado con insertos de emplazamientos de Valladolid totalmente reconocibles para el espectador como la Plaza del Salvador, las orillas del río Pisuerga, el Campo Grande o el Museo de Escultura.
Garzo incide en que el corto se ha realizado con unas condiciones muy modestas y prácticamente sin medios gracias a la «complicidad» de amigos y familiares. La protagonista es la hija del escritor: Elisa Martín Ortega. Garzo no buscaba una actriz «ya que no quería que el texto fuera interpretado» siguiendo la estela de Bresson o Pasolini. «Buscaba un rostro que no estuviera mediatizado por nada. Una voz que dejara que el texto llegara y se escuchara solo, sin la mediación de una intérprete ya que darle más carga dramática, podría ser excesivo».