60 SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
Naomi Kawase y Guédiguian abordan el valor de vivir
La directora japonesa y el director francés cosecharon aplausos con sus nuevas películas
Naomi Kawase, directora de ‘Una pastelería en Tokio’, ayer, en el Salón de los Espejos del teatro Calderón.-J.C. Castillo
Las dos primeras películas a concurso en la Sección Oficial venían firmadas por una directora y un director con suficientes títulos en su haber como para figurar en el apartado de ‘veteranos’ de la Seminci.
Los dos partiendo de una historia no escrita por ellos. Primera experiencia para la directora japonesa Naomi Kawase el adaptar la novela de Durian Sukegawa, An (Una pastelería de Tokio).
En el caso de Robert Guédiguian su película, Une histoire de fou, es la adaptación del libro autobiográfico, La bomba, de José Antonio Gurriarán, presente ayer en el festival junto al director y la actriz Arianne Ascaride.
Las dos cintas cosecharon aplausos de muy distinto signo, sentidos para la japonesa, respetuosos para la francesa, no exenta ésta de alguna nota de disconformidad entre el público, achacable a las formas narrativas empleadas por Guediguian, de un convencionalismo cercano a rancias teleseries.
Película histórica la del director marsellés sobre las consecuencias del genocidio armenio y la lucha de sus supervivientes fijada en dos momentos concretos del siglo XX.
Kawase hace una reivindicación social en su película, la discriminación por ser diferentes a través de uno de sus personajes protagonista, una mujer afectada de lepra. Tema aún no resuelto del todo en su país, como resaltó la directora en la rueda de prensa posterior a la proyección. «Muchas veces nosotros vemos a estas personas como gente que está por debajo de nuestro nivel, pero nosotros, el equipo de esta película, hemos recibido mucho valor y alegría de vivir de ellos», un espíritu, una actitud que la propia directora resumió en una frase: «Sólo existir es algo maravilloso».
Desde el principio la mirada de Kawase recoge lo que de vital, natural pervive en un entorno urbano, donde la gente parece no vivir según sus deseos, hasta que aparece el diferente. Y es entonces cuando los sentimientos comienzan a fluir a lo largo de la película.
Como la vida de un pastelero amargado, derrotado que al aceptar como trabajadora a una anciana en la pastelería, a la que permanece ‘encadenado’, encontrará la posibilidad de liberarse.
Kawase, que reside en una comunidad rural, se inició en el cine de forma accidental, iba para jugadora de baloncesto, pero una cámara de vídeo cayó en sus manos ofreciéndole la posibilidad, «de detener y recuperar el tiempo» y el poder «estar aquí ahora apreciando la luz de la mañana de este lugar».
La historia de su película conecta con su propio discurso ante la vida: «Es la vida, que disfruto, quien impulsa mi deseo de hacer cine, no las películas de otros directores que me conmocionaron», señaló la directora de An (Una pastelería de Tokio), estrenada en mayo en Japón. Vista por casi medio millón de personas, sigue en cartelera.
La película de Robert Guédiguian nace de una «voluntad común de luchar por la paz en el mundo, la justicia, una igualdad en la repartición de las riquezas, entre hombres de buena voluntad», contó el director ayer en rueda prensa.
Un director muy emocionado por contar en la presentación de la película con Gurriarán, víctima de uno de los atentados que los armenios perpetraron en su lucha contra el olvido de su genocidio y la recuperación de su tierra natal a y en manos de Turquía.
«Lo bueno de la película es que no es excesivamente fiel al libro. Es una película histórica, honesta, la mejor que he visto sobre terrorismo», dijo el autor, quien rechazara una anterior adaptación al cine, a realizar en España por Jaime Camino y José Sacristán como protagonista, «no me gustaba el guión».
Para Gurriarán Un histoire de fou, como su libro, es «un canto al pacifismo, y no un canto al terrorismo como me dijeron; lo importante no es lo qué ha pasado sino saber por qué se produce un atentado, siempre me he movido como un ser humano» y «siento reflejados mis pensamientos y sentimientos en esta película».