Seminci
«La Seminci no ha parado de crecer gracias al público»
Entrevista a Fernando Lara, ex director de la Seminci. El que fuera responsable de la Semana Internacional de Cine entre 1984 y 2004 recibe hoy el homenaje del festival. Él, una vez más, comparte laureles con su equipo

Fernando Lara.-Miriam Chacón/Ical
Si esta Semana Internacional de Cine, que empezó siendo ‘religiosa’, tuviera su propio santoral, Fernando Lara ocuparía un papel central... seguramente en contra de su voluntad, habida cuenta de su proverbial tendencia a rehuir de cualquier protagonismo. El que fuera director de la Seminci entre 1984 y 2004 recibe hoy la Espiga de Honor de un certamen que, con su equipo, reflotó.
Su obra, como una eterna vara de medir a la que más de uno echa mano para comparar –quién no ha escuchado alguna vez el ‘con Lara esto...’ o ‘con Lara aquello...’–, perdura en la memoria de muchos fieles a una Semana a la que dio una personalidad, una identidad que aún perdura. Se le nota feliz y risueño.
Pregunta. – Crítico, ex director del festival, antiguo responsable del ICAA... Ahora la Semana le rinde homenaje. ¿Cómo lo recibe?
Respuesta.– Sobre todo con emoción y agradecimiento. Con emoción porque el festival ha sido fundamental en mi vida durante 20 años, absolutamente esencial. Y con agradecimiento hacia Javier Angulo y su equipo así como al Patronato del festival que lo ha decidido. También lo vivo con la idea de que a lo mejor no lo hice tan mal, si quedó un buen recuerdo de mí. Los seres humanos buscamos siempre dejar un buen recuerdo a lo largo de nuestras vidas.
P.– ¿Le resarce a usted de no haber podido celebrar el 50 aniversario «en la sala de máquinas», como dijo?
R.– Nadie me puso una pistola en la sien para decidir asumir la dirección del ICAA. Creo que ya era un período amplio y estaba bien no perpetuarse. Claro que me hubiera gustado celebrar aquel 50 aniversario... Ahora tendré la ocasión de festejar el 60, así que una cosa me compensa la otra.
P.– ¿Usted, que siempre alabó a su equipo, se acuerda de alguien estos días?
R.– Yo entiendo este reconocimiento como un reconocimiento colectivo. Siempre he dicho que era la cabeza visible, por aquello de que era el responsable para bien o para mal. Pero esta Espiga es para todo ese equipo. Recuerdo de una manera muy especial a Victoria Fernández, que era la secretaria general; a Juan Antonio Pérez Millán, como responsable de ediciones; a Denise O’Keeffe, a Luisa Carbajosa, a Eduardo Rodríguez, al pobre Juan Carlos Frugone, que ya falleció, y a todo ese equipo que era la fuerza del festival, su cohesión. Buena parte sigue en el festival, afortunadamente, señal de que era tanta su valía que pasara quien pasara por la dirección del certamen lo ha querido mantener.
P.– Diego Galán, que como recuerda Combarros en su libro fue candidato a dirigir el festival en 1984, dijo que usted, por «serio», «ordenado» y «riguroso» era el mejor director posible. ¿Estaba abocado a entenderse con la ciudad?
R.– Diego pasó poco después a dirigir San Sebastián, que no es precisamente un festival frívolo. Esa era mi manera de ser, pero creo que también facilitó el entendimiento el hecho de que yo conocía y había vivido el festival desde la décima edición. Lo conocía como crítico, como participante en mesas redondas y coloquios. Conocía bien su dinámica. A la hora de decidir eso pesó.
Más que Diego, éramos José Luis Garci y yo los principales candidatos, pero el Patronato, quizá por mi vinculación con el festival, se decantó por mí.
P.– Algunos decían que con Garci, que ya tenía un Oscar, llegarían las estrellas de Hollywood... El esperado glamour.
R.– Yo he sido y soy menos partidario de eso. Siempre dijimos que las estrellas de la Semana eran las películas y quienes las habían hecho. Venían actores y directores de primera fila, pero sobre todo se trataba de dar a las películas todo su protagonismo.
P.– Llegó a una Seminci en ruinas, incluso parte del Calderón se caía. Pronto enganchó al público. ¿De qué está más orgulloso?
R.– Creo que para cualquier director de un festival, o de otro tipo de organización, es imprescindible rodearse de un buen equipo. Si no no puedes hacer nada.Traté también de hacer una propuesta atractiva, en muchos niveles, para el público de Valladolid. Un festival que no tiene a su ciudad de su lado no sirve para nada. Con su apoyo podrás conseguir que los medios se interesen por el certamen, que lo haga también la industria del cine, que todo crezca. Creo que en ese sentido el festival no ha parado nunca de crecer gracias a la fidelidad del público.
P.– Paskaljevic, Egoyan, Tarkovski, Yimou, Lauzon, los Dardenne... ¿Se alegra de alguna Espiga en particular? ¿Qué película le hubiera gustado ver premiada?
R.– Si le dijera todas las películas que están en mi memoria estaríamos hablando hasta la madrugada... Hay dos Espigas que, personalmente, me satisficieron mucho, como las de Goran Paskaljevik (La otra América, 1995) y de Abbas Kiarostami (A través de los olivos, 1994). Nosotros planteamos sus ciclos antes de que el jurado, independiente de la organización, les concediera los premios. Vimos que no íbamos desencaminados en nuestras apuestas.
Me hubiera gustado que la Semana de Cine de Valladolid no fuera tan injusta con el cine español. Había películas que costaba mucho conseguir, porque San Sebastián estaba cerca y había desconfianza hacia la Seminci... Me hubiera gustado, sin citar títulos, una mayor sensibilidad. Un apoyo de la Seminci les hubiera venido bien... Pero el jurado es soberano.
P.– ¿Hoy, con todo lo que supone internet, que lo acerca todo, el papel de un festival es el mismo que el de hace 30 años?
R.– Con matices. Para mí, el acto fundacional, básico y decisivo de un festival es una serie de personas que se sientan en sus butacas a ver una determinada obra. El festival se sustenta en ese acto. La sociedad ha cambiado, no hay que ser muy listo para verlo: se ha vuelto más tecnificada, más viral... El festival ha de estar atento a eso para incorporar nuevos públicos que se resisten a ir a las salas. Tendrá que acrecentar, por lo tanto, el atractivo y la potencia de su propuesta.
P.– El festival ha crecido en lo accesorio, en múltiples actividades paralelas. ¿Reconoce su identidad?
R.– En lo fundamental mantiene sus señas reconocibles, su personalidad. Evidentemente, por aquello de estar en una sociedad cambiante, el festival ha ido cambiando según los criterios de la dirección actual. Valladolid sigue siendo Valladolid: sabe a qué va al festival.