LA ESPUELA: ENTREVISTA A RAFAEL LÓPEZ RICO, DIRECTOR DE LA ESCUELA DE CIRCO

«Ser ‘payaso’ no debería ser peyorativo, es muy humano reírse de uno mismo»

«Nos íbamos buscando una formación que entonces no había en España», explica este artista del nuevo circo, productor y profesor de equilibrios. Estudió en Madrid y Londres. Y ha dado saltos mortales por medio mundo. Vivía en Barcelona cuando se compró una carpa. Y montó The Freak Cabaret Circus. Hace tres años fundó la primera escuela de esta disciplina en Valladolid

Rafael López Rico, director de la escuela de circo.-Pablo Requejo

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Esther Neila
Valladolid

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Pregunta.- Montó un circo. ¿Le han crecido los enanos?

Respuesta.- Sí. Me ha pasado de todo.

P.- Cuente, cuente.

R.- Cosas buenas y malas. Pero de todo se aprende. Ahora estamos muy ilusionados con un proyecto de circo social en este barrio chiquitito de San Pedro donde estamos enclavados. El circo se puede usar como herramienta con discapacitados, para dinamizar a los jóvenes, con personas en riesgo de exclusión... Por ejemplo, en Colombia hay un proyecto súper interesante para sacar a los chavales de las favelas.

P.- ¿Qué red le protege para dar este salto empresarial?

R.- Vamos sin red. A lo loco.

P.- ¿Sin miedo a darse un tortazo?

R.- Siempre. En el circo esa es la metáfora: confías en ti mismo, en que todo va a salir bien. Exige mucha concentración y disciplina. Ysales acojonado. O lo haces bien o estás jodido porque... en un triple salto mortal, como se te vaya la olla, te la pegas sólo una vez. Es así.

P.- Cuando era pequeño, ¿qué quería ser mayor?

R.- Siempre me gustó mucho la música y de pequeñito tocaba la guitarra, pero formarse estaba muy difícil en Valladolid: sólo estaba el conservatorio, el solfeo... era horrible. Y le cogí bastante tirria.También toco el saxofón. Pero lo veo como algo inalcanzable. Por eso admiro mogollón a los músicos.

P.- ¿Cuándo sintió la llamada del circo? ¿Viendo a los payasos de la tele?

R.- No, nada que ver. Había hace años en Valladolid una asociación que se llamaba La Mano Tonta. Nos juntábamos los amiguetes, hacíamos malabares y éramos súper malos. Empezamos a aprender trucos, a ensayar, a ir a encuentros, a hacer espectáculos de calle, a viajar con la furgoneta. Hicimos gira por Europa. Y llegó un momento en que decidí tomármelo más en serio. Yformarme. Primero en Madrid y luego en Londres.

P.- El concepto de circo ha evolucionado mucho en las últimas décadas. Ya no se ven mujeres barbudas, de tres patas...

R.- Ha evolucionado mucho. A partir del año 2000 aparece el concepto del ‘nuevo circo’, una fusión con el teatro y la danza, que va relegando poco a poco ese concepto tradicional. Pero mucha gente sigue asociando el circo a una carpa con animales. En la escuela, de hecho, muchos padres no saben qué vienen a hacer sus hijos: ‘¿van a ser domadores?’, preguntan.

P.- En Valladolid, los espectáculos con fieras parece que tienen los días contados.

R.- Es algo que hay que pensar con cuidado. No podemos apuntarnos sin más a la moda de prohibir los animales. Me da una pena horrible ver un cocodrilo, un tigre o un elefante en un circo, pero tampoco podemos generalizar. Por ejemplo, hace dos años una compañía francesa hizo aquí un espectáculo increíble con un caballo: era una maravilla verlo galopar alrededor del público, con su sonoridad, y la complicidad con el artista. ¿Ese espectáculo ya no podrá venir porque vamos a prohibir los animales?

P.- De momento, en el Ayuntamiento, lo que no hay son ‘leones’.

R.- Sí. Lo que espero es que a nivel cultural no se intente arrasar con todo lo que había. Da miedo que alguien llegue con intención de cambiarlo todo, porque hay trabajo que mantener, cosas que ha costado muchos años construir.

P.- ¿Por ejemplo? ¿El TAC?

R.- Es un instrumento maravilloso para vender la ciudad, pero se está quedando un poco anticuado. Su planteamiento inicial no ha evolucionado. Y es importante abrir la mente hacia las nuevas directrices que se están siguiendo en Europa. Este festival ha conseguido que el público de Valladolid tenga la mirada más educada para disfrutar del circo. Se nota. Esta ciudad sabe apreciar mejor los espectáculos.

P.- ¿Es el circo la hermana pequeña de las artes escénicas?

R.- De hecho no está reconocida la formación en las escuelas. Y en Castilla y León es bastante difícil programar un espectáculo de circo en sala. Cada vez se ven más, pero la realidad es que la gente va al teatro cuando viene Concha Velasco o a ver a alguno de la tele o a la programación del Zorrilla.

P.- Y, sin embargo, hay otros públicos en Valladolid.

R.- Sí, pero los programadores saben qué espectáculos llenan. Y qué público tiene nivel adquisitivo.

P.- ¿Qué situaciones hacen que se suba por las paredes?

R.- Encontrarme con gente que no sabe valorar el trabajo que hacemos. Cuando te llama un programador de un pueblo y te pide un espectáculo así o asá. Y al final te dice: ‘mira, aquí sólo pagamos 50 euros a cada artista’. Vamos a ver, ¿tú qué te has creído? ¿Que la gente no se da de alta? ¿Que no come? Hay que valorarlo como cualquier trabajo. Lo que pasa es que llega alguien que no es profesional y pida la mitad que tú. Lo que ofrece no tiene comparación, pero ¿cómo vas a competir con eso?

P.- ¿Hay más circo en la política o en su trabajo?

R.- ¡En la política! Aunque prefiero no meterme mucho. La cultura tiene que estar al margen. Es un bien de la ciudadanía y hay que trabajar para que la gente quiera ir al teatro o al circo en lugar de al fútbol. Y eso se consigue a través de la educación. Favoreciendo la exhibición de las compañías y el acceso a la cultura de los ciudadanos.

P.- El abogado del diablo diría:ya están ‘los de la ceja’ pidiendo subvenciones.

R.- Ninguna compañía puede vivir de las subvenciones. Si yo hago una producción, a lo mejor me dan tres, pero yo me gasto diez. Es un pequeño incentivo, pero no te solucionada nada. La solución es crear circuitos de salas. Es verdad que las compañías también tienen que evolucionar, porque el modelo ha cambiado. Pero no hay derecho a que estén los teatros vacíos. No esperamos que nadie nos regale nada, sólo queremos poder trabajar, dignificar nuestro trabajo. Que nos den la oportunidad de hacer cosas con ilusión.

P.- ¿Por qué ‘payaso’ es peyorativo?

R.- No lo entiendo. Es un mal uso del lenguaje. Yo soy muy payaso. El señor Rajoy lo dice alguna vez, como si fuera despectivo. Cuando haces un curso de clown te das cuenta de que es muy humano jugar y reírse de uno mismo. El circo, en general, es una buena herramienta educativa.Podría ser una asignatura en los colegios. Sus objetivos superan a los del deporte. Y no promueve la competitividad, sino la colaboración, la autosuperación y la psicomotricidad.

P.- ¿Hace más números en las colchonetas o en la oficina?

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R.- Ahora mismo en la oficina. Será que voy teniendo una edad y el cuerpo dice ‘para un poco’.