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Cultura

La Casa Revilla reivindica al icónico García Benito

Inauguración de la muestra.-Ical

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Vuelve Eduardo García Benito (Valladolid, 1891-1981) a su hogar después de que la sala municipal de La Pasión le brindara, en los últimos seis años, sendas retrospectivas en la ciudad. Vuelve, de nuevo, en una muestra que recuerda su trabajo en los años veinte y treinta del pasado siglo en Nueva York como portadista de Vogue y Vanity Fair, editadas por el sello Condé Nast.

Una nueva ocasión para reencontrarse con sus gráciles trazos, con las estilizadas figuras que salían del puño del vallisoletano, estampas icónicas de una vida de lujo y ensueño, símbolo del espíritu de los felices años veinte, insertadas a la perfección en muchos de sus fondos cubistas y coloristas, que contrastaban a veces con el tono pétreo de sus figuras. Estampas en las que las líneas ascendentes de los sombreros de copa contrastaban con la perfecta circunferencia de un elegante monóculo o de una brillante sortija.

«Eduardo García Benito fue considerado el mejor de su tiempo», advirtió ayer durante la inauguración de la exposición, en la Casa Revilla, el alcalde de Valladolid, Óscar Puente. «No es un desconocido, pero su alcance y relevancia merecen tiempo para admirarlo», aseguró. La sala municipal recoge más de medio centenar de facsímiles donados en su día por la editorial neoyorquina al Ayuntamiento vallisoletano.

A su consistorio hubo de agradecerle García Benito la beca que le permitió, en 1912, completar sus estudios en París; allí se codeó con Picasso, Matisse o Modigliani –los rostros alargados, esenciales, del vallisoletano recuerdan a los creados por el italiano–, viviendo «en cuerpo y alma la renovación de las vanguardias», como recordó el alcalde. Cuarenta años después, en 1955, los responsables municipales no tuvieron los mismos reflejos cuando el artista les ofreció 400 de sus obras para crear un museo. Aunque su fama había declinado entonces fue uno de los grandes representantes del Art Decó. Uno de los grandes artistas que vio nacer la ciudad, como Capuletti, García Lesmes o Anselmo Miguel Nieto.

Su obra, según recordó Juan González-Posada, director de Museos y Exposiciones de la Fundación Municipal de Cultura, se disgregó, acabando en colecciones particulares, en buena parte.

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