Religión
Primera misa como cardenal de Ricardo Blázquez
El Papa pide a los nuevos purpurados que «no se aíslen en una casta» y asuman el evangelio de los marginados /«Hay que arremangarse y no observar pasivamente el sufrimiento», dice

Ricardo Blázquez asiste ayer el El Vaticano a su primera misa tras ser creado cardenal el pasado sábado-Ical
El Papa Francisco pidió a los nuevos cardenales, entre ellos el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, que no se aíslen en una casta, sino disponibilidad para abrirse a los marginados y a quienes están en la periferia de la Iglesia. «No sientan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados, aislándose en una casta que no tiene nada de eclesial», les exigió el Sumo Pontífice, quien les instó a servir a Dios «en cada persona marginada por cualquier razón. En el evangelio de los marginados, se juega y se demuestra nuestra credibilidad», aseveró.
Durante la misa dominical concelebrada con los cardenales creados el pasado sábado, Francisco retomó la idea ya expresada anteriormente de la Iglesia como un hospital de campaña para quienes sufren y son marginados y en este sentido pidió a los nuevos cardenales una actuación proactiva.
El camino de la Iglesia es la «misericordia y la integración», sostuvo el Papa, para insistir en que hay que «arremangarse y no mantenerse al margen y observar pasivamente el sufrimiento del mundo».
«El camino de la Iglesia no es condenar a nadie eternamente, sino derramar la misericordia de Dios a todas las personas que pregunten con un corazón sincero», prosiguió para volver a reclamar a los cardenales «escapar de su propia valla para ir a buscar en los lejanos suburbios de la existencia».
En este sentido, recordando las palabras del sábado cuando animó a luchar contra las injusticias, insistió en que la caridad «no puede ser neutral, aséptica, indiferente, tibia o imparcial» y recordó que este programa «implica riesgos». Por ello, les instó a buscar el lenguaje adecuado para acercarse a quienes se considera «incurables y, por lo tanto, intocables» y a «no tener miedo de dar la bienvenida con ternura los marginados».
Así, les insistió en primera persona: «El camino de la Iglesia no es sólo acomodar e integrar, con coraje evangélico, a los que llaman a nuestra puerta sino salir, mirar, sin prejuicios y sin miedo, a los distantes. La disponibilidad total para servir a los demás es nuestra seña de identidad, es nuestro único título de honor», les recordó.
Asimismo, como hiciera en la ceremonia de creación de los cardenales, tuvo palabras para responder a quienes miran con recelo -cuando no con abierta crítica- este programa de apertura de la Iglesia y lo enmarcó en la propia actuación de Jesús, de quien dijo «revoluciona y sacude vigorosamente esa mentalidad cerrada en el miedo y autolimitada en el prejuicio» y hace frente a las urgencias «sin las referencias habituales para estudiar la situación y todas las consecuencias.
Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos», relata.
Francisco señaló que hay dos lógicas en el pensamiento y en la vida de la Iglesia: «el miedo a perder al salvado y el deseo de salvar a los perdido» y sostuvo que Dios no cree en quienes «se escandalizan frente a cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento.», remarcó.