20 aniversario del IOBA
«Lo que me importa son las historias humanas, que me han hecho llorar algunas veces»
José Carlos Pastor dice aprender de los fracasos: «Si preguntan por hitos, uno se suele ir a los éxitos, pero mi cabeza no funciona así» / Cree que los políticos aún no le han sacado «jugo» al insituto oftalmológico

Imagen de archivo de José Carlos Pastor-Ical
No tratamos ojos, tratamos seres humanos. Tienen una historia, una familia, unas ilusiones...». Dice que, a veces, se le pone «un nudo en la garganta». Y no se olvida de esos relatos, muy reales, muy vividos. Sobre todo si no han terminado del todo bien. «Si te preguntan por hitos, normalmente uno se va a los éxitos. Mi cabeza no funciona así. Hay que reflexionar sobre los fracasos».
20 años dan para distintas etapas, decisivos trabajos, cientos de historias y miles de anécdotas. Al profesor se le han quedado grabadas esas situaciones particulares, de lucha personal, de empeño. «Podría contar que hemos hecho muchas operaciones...» pero Pastor es de esos que, inevitablemente, vive y se mete en el pellejo del paciente. Sobre todo, en ese paciente que lo tiene francamente complicado. Lo que él considera un «fracaso», aunque el IOBA no haya ayudado a configurarlo.
Porque ir de joven a someterse a una cirugía simple por determinado defecto de visión en una clínica cualquiera y salir sin vista, sin ojos, es un fracaso. Sea de quien sea. Aunque Pastor busque ahora una solución a una mala praxis ajena y con limitada esperanza, sigue siendo un fracaso.
Pero, tirando del hilo de la cabeza crítica del director del IOBA, también hay historias de esperanza, de metas nítidas; lejanas, pero concretas. Como sucede con Manuel, «el cabezón gallego» que tuvo un accidente de tráfico, su mirada se fundió a negro y, tras un tiempo, asegura que ve. Que algo ve. Hasta el punto de que, hace unos días, Pastor ha recibido una postal suya felicitándole la Navidad. «Es un muchacho majísimo; me llama y me dice –imita cariñosamente el acento gallego–: ‘Yo creo que veo algo, ¿eh?’. Pero, ¿cómo vas a ver? Si tienes una lesión... E insiste:‘Que sí, que yo veo’». Y ahí está, esperando las células de la esperanza. Las madre. Esas que pueden, quizás, curarle del todo.
A lo mejor el IOBA, desde el primero hasta el último de sus 90 trabajadores, esté impregnado de la fórmula necesaria para trabajar día a día con pacientes: la empatía. A lo mejor fue eso lo que llevó al centro a Angola. A un país «más rico que España». Donde formaron a muchas personas. «Allí fue bueno eso de enseñar a pescar en lugar de dar peces», dice Pastor.
15 años de su vida los ha pasado viajando a Angola. «Una vez cayó un misil a dos kilómetros. Dicen:‘Son dos kilómetros’. Y respondo:‘Coño, pero es un misil’», relata entre risas. Ahora espera que las autoridades «no abandonen» una infección que puede dejar ciegos a 12.000 niños en aquel país. Es el final de un proyecto «muy bonito». De hecho, están a punto de recibir una tesis de una angoleña «francamente buena».
Dice que «quizás pueda parecer presuntuoso». O«un fantasma». Pero su sueño ha sido siempre «poner Valladolid en el mapa». No está mal para un madrileño. Y tampoco el hecho de que lo haya logrado. La típica historia del amigo de un amigo de un amigo. Una complicada patología de una ciudadana de Cáceres. Los médicos del hospital no podían asumirlo. «¿La mandaron a Madrid, a Barcelona? No, dijeron que al IOBA. A mí con eso se me cae la baba».
Ciertamente, dice que son «más conocidos fuera de Valladolid que dentro». Ya no lo dice por los ciudadanos, sino por los políticos. «No acaban de sacarle jugo a esto. Que si Valladolid ciudad de tapas, que si fiestas... está muy bien, pero que tengan un poco de imaginación. Una ciudad debe ser conocida por algo sólido». Y el IOBA pesa mucho. «Y la Universidad, y el Hospital Clínico». Estos dos últimos y él, padres de la criatura.