La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez,.JAVIER BARBANCHO

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ha tenido que llegar Maricarmen a lomos de una camilla del Samur para ser conscientes que el Ministerio de Vivienda es una inutilidad semejante a su inquilina, a la que Pedro Sánchez debió desalojar del consejo de Ministros cuando se dio cuenta que no le servía de portavoz. Si no les servía a él de portavoz por qué narices nos tiene que servir a nosotros de casera la chica esta, Isabel Rodríguez, que no sabe si mata o espanta. Lleva tres años de mandato parasitando una cartera en Nuevos Ministerios, de vecina de Óscar Puente, sin ir más lejos. Yahora que Maricarmen una arrendataria, funcionaria jubilada antes de tiempo, que paga menos por un piso en el suntuoso barrio del Retiro madrileño que un operario de Renault en Laguna de Duero, se ha sentido indispuesta porque el casero adecentara el alquiler o recuperara el piso que sufragó con el sudor de su frente, la Rodríguez, se ha puesto a decretar como una posesa al ver cómo medraba la acampada de Sol. Lo de la vivienda era un estallido social pendiente que los políticos, de uno y otro signo, han ido arrinconando en su cajón de la desidia. Hasta que Maricarmen lo ha puesto todo patas arriba. El madrileño alcalde Almeida, de olfato fino, ha plegado velas y se ha metido en un jardín espinoso. Pero es que el alcalde Almeida recuerda que no hace tanto, en 2015, ya perdieron el consistorio a manos de unos acampados encabezados por una señora de cierta edad, como Maricarmen, de nombre Carmena, que disfrutaba su retiro haciendo croquetas y otros rebozados. Maricarmen es la ganadora de todo esto, decretos incluidos. Seguirá en su pisazo del Retiro a precio de barriada de León, mientras el encabronamiento ciudadano va en aumento. Yun gobierno inservible como su ministra de Vivienda ahonda en la zafiedad de la frustración del inquilino y el casero a ver si el próximo año vuelve a sonar al flauta y las urnas le conceden otra vida extra a Sánchez para que pueda seguir pudriendo nuestros problemas.