Diario de Valladolid

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Imposible empezar sin recordar que algo sigue pasando en Ceuta. Que no duele. Escuece. No se puede ocultar y mucho menos obviar. Es un episodio trágico que se retroalimenta en cada titular, en cada ladillo, en cada “parte”, en casi todas las aperturas de los informativos. Y así más de un mes. En cada telediario, que es como lo llamábamos antes de que le pusieran el collar a la española. Y me viene al hilo, por aquello de los perros con dueño y sin él. Y me acordé del célebre coloquio. Tan a mano. De dos “ejemplares” canes. De una pareja de chuchos tertulianos de nombre Cipión y Berganza. Todo está en los libros. Todo quedará en ellos, escrito con o sin inteligencia artificial. Volví a leer, pues ya se sabe que quien viaja mucho y lee mucho… madruga más temprano. Una delicia acudir a este tipo de literatura. Y escuchar. Porque hay textos que no se leen, se escuchan. Y uno es este episodio novelado de la “perorata” o “perrorata” de dos sabuesos lenguaraces a la puerta de un hospital. Por cierto, sin una puñetera placa digna -no la que está, si es que sigue - que recuerde el emplazamiento de hospital de La Resurrección. Localización cervantina de la novela ejemplar. Esa es otra. La ciudad de Felipe II siempre estará en deuda recreativa con el personaje central del sucedido en la noche del 27 de junio de 1605 con un caballero de Santiago, don Gaspar de Ezpeleta. Bien documentado lo tenemos. Ocurrió no muy lejos río arriba de la Casa Museo que diseñó don Benigno de la Vega-Inclán, pucelano, marqués y primer comisario regio. Mi amigo Alberto Bosque insiste en que se inventó el turismo cultural en España. Y, tras este entremés, vuelvo a Ceuta y sus ceutíes. Me imaginaba a mis dos héroes de papel con patas y sin collares en alguna playa de las que llevan más de un mes con bandera manchada de sangre. Cipión y Berganza hablando de seres humanos, animales y de lobos. Va de coloquio de los perros del novelista universal nacido en la pequeña localidad sanabresa de Cervantes. Y vivido en demasía a la orilla del o de la Esgueva que nos atraviesa bajo las calles de una ciudad cuyo equipo jugará un partido de futbol en Ceuta estos días. No quiero pensar como estará la afición. Si en algún momento alguien imaginó futuro turístico para esta ciudad española portuaria y mediterránea con sello de cuatro culturas, con su parador, sus cuarteles, su plaza y playas otrora de sombrillas y hamacas y su patrimonio de arquitectura militar defensiva… que se vaya olvidando. Ceuta ya está tocada del ala. No creo que levante el vuelo sin cerrar las heridas que lamerán los perros sin dueño.

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