Diario de Valladolid

GONZALO SANTONJA

Diario de Valladolid | El Mundo

Con la iglesia hemos dado

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«Con la iglesia hemos dado, Sancho», dice don Quijote a su fiel escudero para aclararle que aquel «bulto que hacia la sombra» no era el alcázar de Dulcinea, sino la iglesia principal de El Toboso (Don Quijote, II.6). «Ya lo veo», respondió este, asumiendo la evidencia.

Pues eso es lo que yo me digo a mi mismo, y lo que ahora comparto con los

lectores de este gran periódico, cuando paso por Villacastín, lo que hago con mucha frecuencia (camino para mí de ida y vuelta a Béjar desde Segovia), al ofrecérseme a la vista su iglesia principal, consagrada a San Sebastián, un monumental templo gótico, herreriano y renacentista levantado sobre las ruinas de una iglesia románica de la que sobreviven el trazado del camposanto y la pila bautismal. Para el Marqués de Lozoya se trata de «la catedral de la sierra», sobrenombre que ha hecho fortuna y cuya primera parte comparto, porque verdaderamente presenta dimensiones y riqueza catedralicias, mientras se me hace hiperbólico el sentido de la segunda, ya que la sierra, sea la de Guadarrama o la de Gredos, se ven, sí, pero a lo lejos.

Declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1944, la Consejería de Cultura de la

Junta de Castilla y León nunca la dejó de su mano, y la última intervención es de hace bien poco: del 2022, cuando invirtió cerca de cincuenta mil euros en la recuperación de dos retablos, los de la Virgen del Rosario y Santa Ana (actualmente dedicado a la Virgen de la Soledad), en la belleza de las pinturas de cuyas predelas me hizo reparar mi padre hace la tira de años y retablos costeados por una de las familias nobles del lugar, los Mexia de Tovar, cual consta en la tabla central, uno de cuyos miembros, Alonso Mexia de Tovar, ostentó la titularidad de los obispados de Mondoñedo y Astorga, donde ejerció de benefactor, pagando de su bolsillo la reja del coro y los retablos de la Virgen de la Majestad, la Inmaculada Concepción y Santa Teresa. Y

además sacó adelante un convenio con el convento vallisoletano de La Laura mediante el cual recuperó la cabeza y una canilla de San Genadio, reliquias robadas de Peñalba de Santiago.

La historia cuenta que, atacado don Alonso por un mal para el que los médicos se confesaron sin remedio, la Virgen de las Ermitas/Nosa Señora das Ermidas obró en

él una curación milagrosa, intervención a la que respondió convirtiendo un pequeño

oratorio, escondido en los dominios de la aldea orensana de O Bolo, en un grandioso

santuario, tan sorprendente como colosal. Religiosos y con recursos, los Mexia/Messía se dejaron un capital en pro de la devoción mariana y para enriquecimiento de nuestro patrimonio histórico-artístico. Al parecer el dinero salía del pozo de nieve que don Alonso dispuso en la capital maragata, un nevero octogonal y con más de seis metros de profundidad que ha sido excavado en 2024.

Obra de Rodrigo Gil de Hontañón, y no de fray Antonio de Villacastín como

popularmente se sigue apuntando, la iglesia villacastinense de San Sebastián, de tres naves con bóvedas de crucería estrellada, acoge un tesoro artístico de primer orden, empezando por el retablo mayor, de veinte metros de altura y con esculturas de tamaño real, una reja a la vez recia y de filigrana en la capilla de los Mexia Tovar o la maravilla de un púlpito plateresco en yeso policromado. Así las cosas, yo creo que ha llegado su momento.

¿Y por qué ese momento ha llegado ahora?

La respuesta se encuentra en una inscripción del muro exterior de la sacristía,

en la que consta que el año de 1529 fue el del comienzo de las obras, en coincidencia, por cierto, con el de los trabajos renacentistas de Andrés de Valdelvira en la Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza, diócesis regida por el burgalés Francisco Delgado López, natural de Villa de Pun, en su honor renombrado Castildelgado, conmemoración esta que no nos corresponde, pero sí aquella.

San Sebastián cumplirá su V Centenario en 2029, o sea a la vuelta de dos años y

medio, margen de tiempo suficiente (pero nada más que eso) para organizar la

exposición que el templo merece y Villacastín necesita. ¿Por qué no unas Edades del Hombre? Doctores tiene la Iglesia, ellos dirán. A mi juicio, habría que aprovechar la

oportunidad.

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