Creado:

Actualizado:

Si en realidad somos hijos del medio en que vivimos y, por lo tanto, somos secuencia de nuestras propias limitaciones y correrías, es porque estamos inmersos en una vorágine que se manifiesta en nuestra propia personalidad. Ya que en realidad somos lo que llanamente somos, lo que suponemos que somos y al mismo tiempo lo que ven en nosotros los demás, cuando nos contemplan desde las barreras de la vida. Cada uno de nosotros es un espécimen que vibra en el escenario de la comedia-sociedad o farsa-sociedad que otorga un no sé qué, que nos individualiza y nos posterga; y eso es, en definitiva, lo que nos convierte en seres individualizados que aspiran a participar de todo aquello que los rodea. La vida se balancea en experiencias y conflictos inusitados que en ocasiones satirizan lo que guardamos dentro o lo que ansiaríamos guardar. Las pautas de la vida postergan nuestro signo más representativo y con él se columpian para aceptar que somos hijos de este medio.

Y Pedro Sánchez, mientras tanto, sigue siendo un modelo confuso de lo que ha aspirado a ser al administrar un país que ha pretendido hacer a su imagen y semejanza. Porque es el individuo que suscita el gobierno que nunca ha gobernado para todos, pues solamente ha gobernado y sigue gobernando para los que se mecen en la desvencijada España que está a punto de expirar: es su España torticera y mentirosa, es la España vidriosa y enfermiza de Marlaska, la España corrupta de José Luis Ábalos y la España macarra de Óscar Puente. España es todo eso en una coctelera.

Y aunque el gobierno nació legítimamente de las urnas ha conseguido perturbarlo de tal modo que se ha perdido en los límites de lo que debería de ser el auténtico gobierno de un país democrático. Pedro Sánchez es también el presidente de la oportunidad, el adalid que aspira a convertirnos en lo que más de la mitad de los españoles no deseamos ser.

España está quebrada, porque quienes abanderan nuestro rumbo han apostado por defender lo indefendible. Y los ministros de Sánchez son rehenes de lo que dictamina quien los nombró, y en esa circunstancia radica la actual decadencia del Estado. Yo no auguro verdades, pues quien miente una vez siempre es sospechoso.

La España de Sánchez es la que lidera todos los acontecimientos negativos que pueden hacer mella en un Estado que se aparta de la verdad y la legitimidad que otorga el Parlamento. Porque Sánchez está gobernando de espaldas al Parlamento, auspiciado por los grupos separatistas y por las amenazas de todos esos grupos. Y en esa realidad nos batimos quienes vemos con preocupación que la deuda pública española ha alcanzado cifras astronómicas que tendrán consecuencia en el futuro. Lo demás son banales presunciones e intereses personales.