Diario de Valladolid

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El alcalde de Soria, Javier Antón, ha superado ya con creces los 100 días al frente del Ayuntamiento, cargó que heredó de Carlos Martínez, el actual líder de los socialistas de Castilla y León. Como era lógico, apostó por el continuismo ante una gestión que no iba a criticarle a su mentor, que hizo renunciar a todos los concejales a ser candidatos a alcalde cuando él dejó el puesto para que cogiera el bastón de mando el que sigue siendo senador y que cuando renunció Carlos Martínez no era concejal. Lo malo del continuismo de Antón es que está asumiendo también el mantenimiento de los errores. No se le puede juzgar al político soriano por lo que dejó hecho su antecesor, pero sí se le puede criticar por empeñarse en consolidar los desaciertos, que no son pocos. Hay que reconocer que no ha tenido suerte en algunas cuestiones, como en la macrocausa contra la corrupción en el Ayuntamiento, con siete detenidos. El registro del Ayuntamiento durante 11 horas le cogió recién llegado y no hay duda de que es una pesada carga heredada de Martínez Mínguez con la que no contaba. Quizá por ello es hasta disculpable que se escondiera durante tanto tiempo y no diera ni una rueda de prensa y que luego prometiera una política de transparencia que traicionaba en el momento de anunciarla acogiéndose, en un total sinsentido, al secreto de sumario. Tampoco ha sido capaz de enderezar, hasta ahora, todo lo que estaba empantanado en el Ayuntamiento, porque la pasarela peatonal del Duero sigue sin recuperarse en lo que es todo un ejemplo de la desidia del equipo de gobierno. Su reparación está pendiente desde octubre de 2024. No es lo único parado en Soria. Hay muchos ejemplos, entre ellos el Fielato que no abre este verano porque no se inició el proceso de adjudicación a tiempo, la Casa del Guarda también cerrada… Para lo que no hay dilación que valga es para lo que no quieren los vecinos, como la Zona de Bajas Emisiones, que se va a instalar no se sabe con qué objetivo porque no se atisba ningún beneficio, salvo el que pueda surgir de la recaudación por multas. Es inaudito que se ponga la llamada ZBE cuando no hay obligación legal de hacerlo y es dudoso que el ayuntamiento tenga competencias, al ser una ciudad de menos de 50.000 habitantes. Cualquier política tiene luces y sombras, pero Antón parece empeñado en transitar por las zonas más oscuras del camino que dejó trazado Carlos Martínez. Así que es normal que se haya producido bochorno en Soria al verle en la fotografía de compadreo del socialismo castellano y leonés con Óscar Puente inaugurando un tramo de la A-11, infraestructura que acumula tres décadas de obras. Porque la capital que gobierna sigue sin conexión por autovía con Valladolid y con Zaragoza (con Burgos es de momento impensable) y la ciudad sigue sin tren con Madrid después de que la conexión se interrumpiera en abril de 2025. Podría haber disimulado un poco y decirle algo al ministro de Transportes. Pero no, continuidad total, incluso manteniendo mentiras como el polideportivo a cambio del centro de refugiados.

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