Una inauguración improcedente en la que sólo faltó Ábalos y Koldo

UN MOMENTO DE LA INAURACIÓN DEL TRAMO DE LA A-11ICAL

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La Autovía del Duero, la A-11, la vía que vertebra Castilla y León, ese anhelo que simboliza como pocas cosas la incapacidad política suma 31 kilómetros más. Resta una treintena de kilómetros de infierno, riesgo y muerte. Acerca más Castilla y León a Castilla y León, además de expandirnos hacia el este y el oeste. Y eso es lo más importante. Lo de la esperpéntica inauguración que se montó ayer el Ministerio de Transportes para el ministro Óscar Puente y sus amigotes de las cúpulas socialistas autonómica, vallisoletana y soriana es harina de otro costal. Es un mero símbolo de autoafirmación de lo que todo el mundo sabe, que quien maneja la barca y los remos del PSOE de Castilla y León es Puente y Carlos Martínez baila al son que le deja. Lo cual no es óbice, para que estuvieran invitadas otras autoridades provinciales, locales y autonómicas, como la Junta de Castilla y León, cuyo gobierno rige los destinos del territorio por el que transita la Autovía del Duero.

Si lo que pretendían era organizar una inauguración tan socialista como sectaria, que menos que haber invitado al presidiario José Luis Ábalos, que fue el que licitó y adjudicó los dos tramos inaugurados ayer parcialmente en los tiempos en los que cobraba comisiones por mascarillas y contrataba prostitutas en los catálogos que le proporcionaba su fiel escudero Koldo en el despacho ministerial. Igual que se debería haber invitado a la antecesora a Puente en la cartera de Transportes, Raquel Sánchez, ahora dedicada a la buena vida de presidir Paradores con 180.000 euros de sueldo. Seguro que a Ábalos y a Koldo se le hubieran ocurrido unas buenas ideas para continuar la celebración en algún parador cercano. Algo así como La Fiesta de la Rosa y el Barceló y completar el vodevil rancio de la política hispana.

La inauguración era improcedente por dos motivos esenciales. El primero, la obra se ha alargado en el tiempo tres años más de lo previsto, entre modificados y retrasos. Es decir, el doble de lo fijado inicialmente por el departamento entonces dirigido por Ábalos. Y el segundo es que no han sido capaces de estrenar al completo los dos tramos, pese al desesperante retraso. Falta un viaducto, la única obra compleja, el del Duero en Quintanilla, que tendrá que esperar otros diez meses, según los augurios del ministro, que ya augura sobre lo augurado. La había comprometido hace año y medio para junio pasado. Imita a Ábalos. Nada más llegar al cargo, allá por 2018, prometiendo e impartiendo decencia, tuvo la desfachatez de estrenar una veintena de kilómetros de León-Valladolid en la vertiente leonesa. También por entonces arropado por un ejército de cargos y alcaldes socialistas leoneses.