Diario de Valladolid

LA CIUDAD DESCONOCIDA (2)

FRAN SARDÓN

Haciendo amigos (2)

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“El Gran Gonza”. No me lo podía quitar de la cabeza. Recorté el breve del periódico y me lo guardé en la cartera y me dispuse a tirar el resto del periódico a la papelera no fuera a ser que alguien me viera volver a dejar el periódico en la mesa, pero sin lo que para mí era la noticia día. Pensé en dar la información en el grupo de WhatsApp, pero preferí no molestar a los amigos con estas cosas en sus vacaciones.

Como no encontré información en ningún otro periódico, llamé a todas las funerarias de la ciudad para enterarme dónde iba a ser el velorio, pero ninguna me afirmó que el cuerpo de Gonzalo se encontrara ya presente en sus instalaciones. ¿Pero dónde iba a estar? Me pegunté sorprendido.

Al final de la mañana, antes de los dos de la tarde, dónde posteriormente ya era imposible encontrarse con alguien en pleno me de agosto con ganas de rebanarse los sesos, pude dar con un técnico funerario que me explicó que puede que el cuerpo de mi amigo se encontrara aún en la morgue. Era algo común, si aún no se había podido esclarecer las causas de la muerte, pero no me darían ningún tipo de información si no era un familiar directo.

Aquella noche no pude dormir pensando en lo que le había podido ocurrir a Gonzalo. Si se encontraba en algunas de esas salas escalofriantes, pero muy recomendables si te tienes que proteger de una oleada de calor, era porque no estaba nada claro las causas de su partida. Tenía que averiguar lo que le había ocurrido. No era Gonzalo una de las personas con las que más coincidía en mi día a día, pero le consideraba un amigo.

Esa mañana salí a andar para aclarar mis ideas y preparar una estrategia que me permitiera clarificar lo que estaba ocurriendo y, como el día anterior, no pensé en el rumbo que iba a tomar al salir de casa y cuando me quise dar cuenta me encontré en el barrio de Las Delicias por el que no pasaba desde hacía más de veinte años.

Personas de origen diverso se cruzaban conmigo, pero nadie parecía prestarme atención. Yo caminaba ensimismado en mis pensamientos de los que se había apoderado Gonzalo, pero instintivamente iba buscando la Plaza del Carmen, también conocida como: “El Coño del Carmen”, (perdón por la expresión) por los vecinos de toda la vida. Quería tomarme un café en alguna de sus terrazas, dónde a buen seguro no me encontraría con ningún guía turístico, pero sí con algún viejo sabio dispuesto a echar una parrafada.

Y eso fue lo que ocurrió. Un señor que aparentaba tener una edad por el que el tiempo ya no quería pasar dos veces y que protegía su ralo cabello con un sombrero de mercadillo, pero lustroso, me preguntó que si era del barrio:

__ No, no lo soy. __ le respondí.

__ Eso me parecía a mí. No es que me moleste, pero ¿Qué hace por aquí? ¿Se ha perdido? __

__ Bueno, no exactamente. Soy de Valladolid, pero me he puesto a dar un paseo sin rumbo y mire donde he acabado. __

__ Bien curioso me parece, porque siendo un miércoles, debe estar usted de vacaciones y nadie en su sano juicio quiere estar en vacaciones en este barrio. __

__ Pero, usted sí que parece querer estar __ le contesté presto.

__ Si, y por ese motivo me dicen que estoy perdiendo el juicio, cuando yo me encuentro de los más cuerdo. __ me respondió guiñándome el ojo.

Los dos nos echamos a reír y seguimos con nuestros quehaceres. En esta ocasión había comprado el periódico, que luego dejaría en la terraza de una pieza por si aquel hombre quería enterarse de lo que estaba ocurriendo en el mundo, aunque parecía que hacía tiempo que ya nada le importaba en exceso.

Fui pasando páginas y me paré en una que abría con un número que hacía de titular: “405”. Me paré en esa doble página por si se trataba de alguna cifra que escondía algún misterio que había que resolver, tipo el juego del: “Número secreto” o algún criptograma. Entretenimientos que publican los periódicos para que los lectores no se aburran con las noticias, pero cual fue mi sorpresa al descubrir que se trataba del número de cusas abiertas y documentadas de casos de corrupción política en nuestro país.

No me vine abajo y aproveché toda esa basta información, que en verano a nadie interesaba y en invierno te congelaba, para indagar si el bueno de Gonzalo se había visto involucrado en alguno de esos numerados casos. Siempre le había gustado dejarse ver con personalidades influyentes, porque según él, era bueno para el negocio. “Si aparentas que te va bien, todo el mundo querrá estar contigo y, si no tejas ver, estás aparentando que te va mal y nadie querrá saber de ti”, decía Gonzalo, para luego finalizar con un: “C`est la vie” con un acento muy español.

En la causa 370 (y sí, me fui leyendo todas), se mencionaba un asunto que tenía que ver con la ilícita contratación de una campaña de desprestigio a políticos y jueces en redes sociales. Una causa nada original, pero si había alguien que había hecho fortuna con la sátira y la diatriba contra quienes buscaban la popularidad por encima de sus cabezas, ese era: “El Gran Gonza”.

¿Podía tener algo que ver su actividad profesional con lo que le había ocurrido? ¿Se había pasado de la raya y había molestado más de la cuenta a quien no debía?

Me costaba creerlo. Eran casos que perecían suceder en otras latitudes, pero quien nos iba a decir a los españoles que íbamos a tener 405 causas abiertas, cuando todos los políticos que han llegado a lo más alto en los últimos veinte años habían aterrizado para regenerar la política y abrir las ventanas para que entrara aire fresco, tan solo necesario en verano, cuando nadie se interesa por lo que sucede en la política.

Tenía que investigarlo para despejar cualquier duda, no tenía otra cosa que hacer en verano.

Me dispuse a despedirme del señor del barrio.

__ Bueno, me voy. Aquí le dejo el periódico por si quiere entretenerse. __

__ Muchas gracias, pero no hay mejor entretenimiento que estar vivo a mi edad y no quiero perder el tiempo con veleidades. Espero volver a verle. En este barrio aún se puede uno tomar un café sin necesidad de pasearlo. __

__ Yo también __ le dije.

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