Diario de Valladolid

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Bienvenidos, cazadores de eclipses procedentes del mundo entero. Espero que hayan tenido buen viaje, les recomiendo los productos de esta tierra y, si me permiten pasar, yo me doy el piro. Verán, para una inmensa minoría de la humanidad que tiene más vergüenza en confesarlo que yo, desde la noche de los tiempos los eclipses anuncian desventuras. No quiero estar debajo por si hay reparto, que en esta tierra dan por todos lados. ¿Ven los campos quemados a su paso? Pues ven sólo una parte visible de nuestras desgracias: en las granjas se nos mueren las aves por la enfermedad de Newcastle, cuyo nombre sugiere algún acto antinatural entre una gallina y un hooligan. Y si les parece que hay gente joven y contenta en nuestras localidades del mundo rural, les advierto que son extras de verano alojados en la casa de la abuela para las fiestas. Este año con lo de eclipse puede que se hayan adelantado para verles a ustedes y su afición, que, no lo negarán, también es un espectáculo. 

¿Es esta Castilla y León, a la que ustedes acuden como entorno recomendado para ver un sombrío agujero en la galaxia, un ejemplo de lo que tal vez hayan oído hablar como España vaciada? Uf, depende. Puede que esta sea la España vacía y, a la vez, puede que no esté vaciada lo suficiente.

El héroe, y como todo héroe, personaje idealizado, de esta España rural abandonada por la emigración a las ciudades industriales era el señor Cayo, del reconocido Delibes. Cayo, último habitante de un pueblo, un viejo tosco y pobre a los ojos del político que iba en busca de su voto en la naciente democracia, resultaba un dechado de sabiduría si el aspirante a gobernar estaba dispuesto a escuchar. 

Bueno, les comunico -no sé si la aproximación del eclipse tiene algo que ver con esta fatalidad- que el señor Cayo ha muerto. Su cadáver no ocupa lugar, pero todos los que lo leímos o lo vimos encarnado en el soberbio Paco Rabal lo sentimos como si fuera el pariente del pueblo al que siempre teníamos que ir a ver y no fuimos. Lo peor es que al señor Cayo lo asesinó de manera asquerosa la sucia realidad: la existencia de un tipo apodado ‘el Perejil’ que, contratado por un grupo de ganaderos para un trabajo sin licencia (“la Junta no nos deja cuidar el monte” y otras cantinelas) se paseó en edad militar y con una maquinaria del tamaño de un tanque. Contraviniendo normas, avisos y el más mínimo sentido común, ‘el Perejil’ provocó un brutal incendio que desplazó a miles de personas que recibirán 500 euros por las molestias.

Mientras, la Diputación de Valladolid reparte casi medio millón ahora para que ustedes, cazadores de eclipses, no sólo miren al cielo sino también a nosotros y promocionen nuestra tierra. Ni que fuéramos a montar otro eclipse el año que viene. Y así todo el día. ¿Qué quieren? Vivimos en un perpetuo ‘Eclipse de la razón’. Se llevan ustedes dos eclipses por uno, pero yo no me quedo al resultado de la suma.

Anda, he parafraseado a Bonnie Tyler y su ‘Eclipse total de corazón’ que cantó hace tan solo dos temporadas en una abarrotada plaza Mayor de Salamanca. Todo el mundo allí se olvidó de todo lo malo y coreó: “Y resistiremos para siempre / Y solo estamos haciendo lo correcto/ Porque nunca estaremos equivocados/ Juntos podemos llegar al final del camino”. No hace un mes que murió Bonnie, Dios la tenga en su Gloria. Lo dicho: buen eclipse y buena suerte.

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