Diario de Valladolid

El terror salvaje de las bandas latinas se extiende por Castilla y León

Homenaje con velas y flores a Juan Esteban Rubio que se encontraba en la calle de la Democracia, donde tuvo lugar el crimen.

Homenaje con velas y flores a Juan Esteban Rubio que se encontraba en la calle de la Democracia, donde tuvo lugar el crimen.JUAN GARCÍA

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Las bandas latinas asentadas en Madrid extienden sus dominios más allá de la M-30. No se sabe sin son imitadores, como ayer aseguraba el delegado del Gobierno en Castilla y León, Nicanor Sen, o son sucedáneos. En cualquier caso operan con los nombres de las principales y más peligrosas bandas latinas que siembran el pánico y el terror en la capital de España y lo hacen emulando toda su violencia. Tanto da que da lo mismo. Lo importante es que estos grupos, que operan bajo los nombres de Trinitarios y Dominican Don´t Play, están empezando a extenderse por Castilla y León, con especial incidencia en Valladolid. En cualquier caso que el delegado del Gobierno y el Cuerpo Nacional de Policía se pongan de acuerdo, porque son los agentes los que se refieren a los protagonistas de esta violencia, cada vez más frecuente en la capital pucelana, como bandas latinas. Es más, que se aclaren también delegado y subdelegado del Gobierno en Valladolid, Jacinto Canales. E incluso que se aclare el propio Canales consigo mismo. El otro día, tras la reyerta a machetazos en la cabeza con tres heridos en la playa de Moreras durante un concierto fuertemente custodiado, Canales aseguró que previamente habían sido cacheados y no llevaban armas. Y se preguntaba que de dónde las habrían sacado. El subdelegado del Gobierno no está para hacer preguntas. Está para contestarlas y resolverlas.

Pero todo esto es fruto del desdén de la política hacia Castilla y León, con las jefaturas regionales de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en constante transición. No se sabe ya cuántos jefes de policía y generales llevamos en los últimos años. Por no hablar de la comandancia de Valladolid, actualmente descabezada tras el último ascenso. Y por no seguir con el jefe antidroga en prisión. La lucha contra la delincuencia requiere, como en muchos órdenes de la vida y los servicios públicos, de una solvencia y solidez en los puestos estratégicos. Requiere de agentes que presten dedicación y empeño. Mientras esto sea un lugar de paso, un salto al ascenso o un trance a la jubilación, la delincuencia se sentirá más segura y los ciudadanos más inseguros. Las bandas latinas, o lo que sean, son un grave problema en Valladolid. Tan pronto se lían a machetazos en un concierto en los morros de la policía, como usan como sicario a un niño para resolver sus diferencias y matar a puñaladas a un joven, que se quiso cambiar de banda, a las puertas del Hospital Clínico y a plena luz del día. Operan con una impunidad tan asombrosa como aterradora. Déjense de zarandajas y terminologías y pongan a los agentes a trabajar para meter a estos salvajes entre barrotes o deportarlos si fuera menester.

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