Declive del patrimonio artístico
La comunidad autónoma de Castilla y León es un museo inmenso e inaudito que está repartido a lo largo y ancho de todo el territorio. Y los castellanos y los leoneses hemos de ser conscientes de que una parte importante del futuro de estas tierras siempre estará impregnado con la pátina heredada de los siglos que nos precedieron y con la devoción que sintieron nuestros antepasados cuando se empeñaron en alzar una docena de Catedrales, centenares de templos, murallas, puentes, castillos, palomares, palacios, acueductos, casas blasonadas y monasterios, incluso en los lugares más recónditos de estas nueve provincias. Y si no tenemos presente el valor que todo esto representa seremos cómplices de la preocupante ruina que ya afecta gravemente a muchos de nuestros monumentos y a las poblaciones que hoy se balancean sobre un sigiloso deterioro que en pocos años será irrecuperable.
La Comunidad de Castilla y León posee además algunas de las obras civiles más notables de la Península Ibérica, como el Canal de Castilla que durante estos mismos días ha tenido que ser recordado por la prensa para denunciar las podas y entresacas a destiempo, de los árboles de su orilla.
La Comunidad de Castilla y León también vive en los simbolismos representados en el Camino de Santiago y en la Ruta de la Plata, son heredades nobles que fermentan en todos los que hemos intentado universalizar nuestros senderos a través de las huellas de millones de seres humanos venidos desde otras latitudes. Pero hoy vuelvo a la nostalgia del profundo fracaso que ha representado la reciente destrucción de un monumento que, precipitándose al vacío, se ha quitado de en medio, aunque ya había empezado a degradarse aquel triste día en el que se vendió el solemne artesonado que hoy se muestra en un museo de América. Esto es lo que ha sucedido recientemente en Cuenca de Campos, cuando la Iglesia del Convento gótico-mudéjar de San Bernardino de Siena ha eclosionado, dejando huérfano al insólito paraje que convivía con ella desde hace más de cinco siglos. Los castellanos y los leoneses no tenemos más remedio que cuidar lo que tenemos, para entender el orbe que asiste y que subsiste en esta tierra antigua que sigue dilatándose en nosotros. Cuenca de Campos es hoy motivo de reflexión. Es el contrapeso que ha de hacernos pensar en cómo hay que cuidar lo que heredamos; ya que en esta comunidad autónoma tenemos un patrimonio noble y dilatado que representa párrafos solemnes de una tierra que avanza hacia el futuro. Y aunque sé que es sumamente difícil mantener todo nuestro patrimonio cultural, también sé que si dejáramos de hacerlo se perderían para siempre signos de la historia que pervivió en nosotros, porque vivió en nosotros y consagró la magia de todos nuestros pueblos.