AL SERENO
Un año sin luces
Este año, el 28 de abril cae en martes, una fecha estupenda para hacer puente y encabalgarlo con el del Día de Castilla y León, para después empalmar con el 1º de mayo. Así, saldría una pila de días laborables de vacaciones más sus correspondientes fines de semana. Me sorprende que ningún sindicato haya planteado la propuesta, puestos a salir a la calle a reivindicar cualquier pijada, incluidos los ‘no a las guerras’ cuando tocan a retreta. El 28 de abril, por si usted, amable lector, no había caído, se cumple el primer aniversario del apagón que dejó a oscuras a toda España. Toda, entera sin electricidad por vez primera desde que el invento llegó al país allá por finales del siglo XIX. ‘Ya estamos en Haro, que se ven las luces’, se suele decir por estas tierras burgalesas porque la villa riojana fue de las primeras en contar con alumbrado eléctrico. Pero para luces, pocas, las que adornan a los prebostes de la empresa que controla la red eléctrica y el ministerio correspondiente. Billetes en la cartera a final de mes les caen a espuertas, tantos que no les cabe ya en el cuerpo ni gota de vergüenza torera. Va para un año desde que se nos apagaron las luces y seguimos sin saber qué ocurrió. Ni lo sabremos. Ya se han encargado las máquinas del fango esas de las que habla el presidente en sus cartas a la ciudadanía, de remover el asunto con la probada finalidad de polarizar a los ciudadanos y que los de su cuerda le crean ciegamente cuando se sacude las culpas y los contrarios les carguen con la responsabilidad de lo que sea que toque. En el medio está la virtud, pero virtuosos que no sigan el cántico del patrón hay cada vez menos, como ocurre con el apego a la transparencia, a la verdad y a la rendición de cuentas. En Burgos se nos fue la luz eléctrica durante unas seis horas, en otros puntos de la Comunidad fue mucho más. Se causaron perjuicios personales y económicos, pero nadie será compensado ni siquiera con una aclaración de qué sucedió, qué esperar por si volviera a pasar o a quién reclamar. Sin culpables no hay delito. Las fatalidades no se pronostican. Quién podía suponer lo que iba a ocurrir. Y así con todo. Desde el fatídico 11-M de los atentados más salvajes de nuestra historia, cuando el relato entra por la puerta, la verdad salta por la ventana. Dónde queda aquel movimiento de los indignados del 15-M en este país en el que nadie se indigna más que por las causas que marca el líder. Prietas las filas, todos a Villalar. Si los comuneros levantaran la cabeza se la volvería a dejar cortar.