Diario de Valladolid

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UNA DE LAS OBRAS más imponentes del mundo antiguo que se conserva en España es el Acueducto de Segovia. La parte más visible es la arquería que cruza la plaza del Azoguejo. Si hoy nos impresiona cuando lo visitamos, imagínense el impacto que tuvo en los habitantes durante el imperio romano. Los últimos estudios más reputados han establecido que fue construido a inicios del siglo II. Lo más sorprendente es la durabilidad de esta infraestructura. En 1884 fue declarado monumento nacional. En 1985 fue calificado patrimonio de la humanidad. Ha llevado agua a la ciudad hasta el año 1973. Extraordinario.

En las últimas semanas se ha producido un hecho que ha conmocionado la opinión pública española. Ha sido el fallecimiento de seis jóvenes tras ceder una pasarela situada en la playa de El Bocal de Santander. Eran estudiantes de Formación Profesional que hacían una ruta tras recibir las notas. Se precipitaron a una zona de agua y rocas tras venirse abajo la pasarela de una senda que discurre entre acantilados del mar Cantábrico. La tragedia ha dejado en shock a esta región del norte de España. Las preguntas que cualquier persona se hace ante esta situación son: ¿por qué ha tenido lugar este accidente? ¿cómo es posible que se haya producido tal hecho que seguramente se habrá podido evitar con un adecuado mantenimiento? ¿De quién ha sido la responsabilidad? Se ha vuelto a escuchar la atribución de la culpa de unas Administraciones Públicas a otras. Que si se trata de una propiedad que estaba cedida al Ayuntamiento de la ciudad, que si era una obra realizada por costas y medio marino perteneciente a la Administración estatal… Impresentable. La realidad es que seis personas con toda la vida por delante ya no están entre sus familiares y seres queridos. Este aciago suceso nos tiene que hacer reflexionar sobre a qué destinamos los impuestos qué gastos priorizamos. Lamentablemente la falta de mantenimiento de esta pasarela no es un hecho aislado, sino que se está convirtiendo en algo casi ordinario en la gestión pública española con consecuencias terribles para los ciudadanos.

El mantenimiento de los bienes que sirven a la comunidad, destinado al servicio público, es necesario e imprescindible, aunque no obtenga ni atraiga votos. Debe tener prioridad frente a nuevas construcciones y servicios. Es cuestión de responsabilidad. Luego, si suceden hechos incomprensibles, no nos llevemos las manos a la cabeza.

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