De Guardiola a Mañueco

María Guardiola, en el pleno de la Asamblea
Las autonómicas entran en la recta final, con la segunda vuelta del debate en ciernes. Mañana mismo. De momento algunas certezas hay. Una, Carlos Martínez (PSOE), no levanta la eliminatoria del primer duelo a tres ni con una noche mágica del Bernabéu. El de mañana es un debate ya residual, arrinconado por el sopor del primero y aislado por la competencia de la Champions. Se le empieza a hacer bola la campaña al de Soria y cada día que pasa es un riesgo más de que el agujero sea más profundo para el PSOE. La otra certeza es que María Guardiola, la altiva dirigente del PP extremeño, es ya un estorbo inquietante e intolerable para Feijóo. Ha pasado de la chulería de cometer un adelanto electoral en busca de una mayoría absoluta, como la lechera en el cuento de la lechera, a mendigar su presidencia por una abstención. Verdaderamente indecorosa fue su intervención el viernes al darse de bruces contra la realidad VOX, impasible el ademán, mendigando una abstención al aire para ser presidenta por el morro. El PSOE de Extremadura, que se supone que es el mismo que el PSOE de Martínez, aunque con cerezas del Jerte, pudo haber ejercido la abstención que ofrece el de Soria al PP para esquivar a VOX. Pero claro, la oferta de Martínez sólo le vale a Martínez en su afán por salir de la irrelevancia que le oprime. Es una proposición indecente, esencialmente porque es VOX el que va a esquivar al PSOE en cualquier caso. Mientras el PP no puede permitirse el lujo de fintar a los de Abascal para alcanzar los gobiernos. Guardiola es la sabia sin otoño de un PP acuciado por la ansiedad que le ocasiona el empuje electoral de VOX. Guardiola, sin ir más lejos, ha probado en sus carnes la oferta del PSOE CyL de que gobierne la lista más votada. Guardiola sólo es la más votada, porque de lista tiene lo que Mañueco de ingenuo. A Mañueco sólo le puede erosionar la repentina borrasca Génova con un chaparrón de figurantes esta semana.